Silvia Sánchez / La Estrella de Tucsón

Leonarda Garzón disfruta las clases de catecismo que imparte a los niños de su iglesia en Nogales, Sonora.

Por Silvia Sánchez

La Estrella de Tucsón

NOGALES, Son.- Leonarda Garzón, una fiel católica desde pequeña, recuerda haber pasado la Cuaresma en sus años de juventud al lado de su madre, quien era muy estricta en las tradiciones que conlleva esta época.

“Cuando era niña, en los días santos mi mamá no nos dejaba ni escuchar radio, no nos dejaba ni que nos bañáramos el Jueves y Viernes Santo,” cuenta Garzón, quien es coordinadora de catecismo en la Capilla de Nuestra Señora de la Esperanza, ubicada en la Colonia Esperanza, perteneciente a la Catedral Santuario. “Nos bañábamos el miércoles y hasta el Sábado de Gloria nos volvíamos a bañar”.

Garzón ha vivido en Nogales, Sonora, toda su vida. Hace aproximadamente 20 años decidió ser catequista a raíz de que uno de sus hijos no quería asistir a los cursos de catecismo.

“Se me escapaba del catecismo, entonces me tenía que quedar ahí todo el tiempo para asegurarme de que no se fuera”, narra Garzón.

Así fue como empezó a escuchar la manera en la que la catequista les contaba las historias bíblicas a los niños, como si fueran cuentos, captando su atención.

Hasta que un día la catequista le ofreció dar clases junto con ella.

El día de hoy es la coordinadora de catecismo, que ahora se llama “Educación en la fe”.

Garzón siempre se ha considerado a sí misma una persona muy católica. Siempre siguiendo las tradiciones y costumbres de esta religión, como lo es la Cuaresma.

A diferencia de su esposo, quien dice que él solamente se abstenía de comer carne los viernes pero que en Semana Santa se iba a disfrutar de las vacaciones a la playa.

“Así lo celebrábamos nosotros, no éramos muy católicos. Sí íbamos a misa, pero acostumbrábamos irnos a la playa,” dice Rubén Arturo Guerrero Bustamante. “Sólo comíamos mariscos, pescado y todo eso que se acostumbra”.

Las cosas han cambiado

Garzón cuenta que siente tristeza y nostalgia al recordar los tiempos de cuaresma de cuando ella era joven, ya que ha dejado un poco de lado esa entrega y compromiso que su madre le inculcó.

“No podíamos ir al baile ni al cine ni podíamos hacer fiestas, porque era cuando se usaba hacer fiestas en la casa”, dice Garzón.

Eran tiempos de disciplina, y en ese momento le dolía que su mamá no la dejara salir o escuchar música.

La mayoría del tiempo, sus primos y demás familiares acostumbraban ir a la playa por los días santos, mientras ella permanecía en su casa, en oración, penitencia y luto.

A medida que ha pasado el tiempo, ella dice que ya no practica las tradiciones que con tanto rigor se le inculcaron. “En estos tiempos todos queremos tener algo más light”, dice Garzón. “Ya no queremos vivir ese compromiso”.

Madre de dos hijos, de 32 y 28 años, cuenta que el menor hará un viaje durante los días santos, cosa que a ella jamás se le hubiera permitido.

“Me gustaría que mis hijos siguieran con esta tradición, aunque lo veo más difícil en mi hijo mayor y su familia,” cuenta Garzón. “Pero yo estoy en oración por ellos, porque es tiempo de reflexión y recogimiento espiritual”.

Garzón cuenta que ya casada y con sus hijos pequeños todavía acostumbraba a ayunar el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.

“No comía nada hasta medio día, o aveces no comía nada en todo el día, sólo café y un pan típico de cuaresma”, dice Garzón. “Pero ahora tengo que comer porque ya estoy mayor, tengo más de 60 años y pues tengo que desayunar”.

“Mi esposo me dice que tenemos que comer, que eso de no comer carne ya no se usa”, bromea García. “Dice que mejor abstenerme de comer carne humana, es decir no hablar del prójimo y ese tipo de sacrificios”.

Garzón cuenta que para ella es importante seguir con esta tradición de Cuaresma, ya que quiere pasarle esta tradición a sus futuras generaciones.

“Mi nieto se está preparando para la confirmación y no lo traen a misa ni vienen a la escuela para padres”, lamenta Garzón. “Y hace los sacramentos porque yo estoy dale y dale”.

El primer Obispo de Nogales (el año pasado se creó una Diócesis con sede en Nogales, que antes pertenecía a la Diócesis de Hermosillo), monseñor José Leopoldo González González, explica que es importante usar este tiempo de cuaresma para la conversión de la vida de los fieles católicos.

“Se supone que si estás en un proceso de reflexión, pues entonces decir siempre debo de abstenerme de criticar a los demás, de comer carne humana, pero qué mejor que hacerlo en este tiempo más especial”, dice monseñor González. “Hay que hacer algo que de veras sea a conciencia de lo que Dios te pide, porque es muy fácil evadir”.

El Obispo explica que hay ocasiones en que mal interpretamos el sacrificio al que la época llama. “Dios no nos pide que dejemos de tomar refresco. Dios nos pide fidelidad en tu noviazgo, fidelidad en tu matrimonio, responsabilidad en tu trabajo, si eres estudiante hacer las cosas como debe ser”.

A pesar de que Garzón ha cambiado un poco su manera de celebrar la Cuaresma, comenta que todavía hace sacrificios y se pone en oración y meditación.

También realiza retiros de cuaresma con los niños del catecismo, además de otras actividades de la iglesia, como pláticas cuaresmales con los padres de familia.

Y, claro, no pueden faltar las deliciosas comidas típicas de cuaresma, como la capirotada, tortitas de atún y de huevo.

Silvia Sánchez es estudiante de periodismo de la Universidad de Arizona y aprendiz en La Estrella de Tucsón. Contáctala en starapprentice@tucson.com.