Soria

Jeffry Scott/La Estrella de Tucsón

Óscar Soria, comentarista en español de Los Dbacks y columnista de La Estrella de Tucsón.

La temporada del 2019 de Major League Baseball lleva un ritmo para establecer un record, el de los pelotazos, a inicios de esta semana se iba a un paso para acercarse a los 2,000 y superar los 1,922 que se propinaron el año pasado cuando se estableció la marca.

Cierto es que hoy en día se juegan más partidos que antes, con la expansión de 1998 donde llegaron los Arizona Diamondbacks y Tampa Bay Rays (en aquel entonces conocidos como Devil Rays) le sumaron 162 partidos al calendario general.

También en la expansión de 1993 hubo por consecuencia un aumento de partidos totales, y así nos podemos ir para entender una importante razón por la que ahora hay más de casi todo, jonrones, ponches, bases por bolas, etc., y por supuesto pelotazos.

Lo que hay mucho menos son los juegos completos de los lanzadores, pero eso es harina de otro costal.

De cualquier forma desde 1998 se ha mantenido el mismo número de juegos, ya son más de 20 temporadas con la misma cifra, la muestra entonces es de buen tamaño para analizar los records.

Los pelotazos se han elevado considerablemente en los últimos años, lo que debería causar preocupación, porque las velocidades que se manejan ahora definitivamente son mayores y por ende peligrosas. Ya hay lanzadores que llegan a las 90 millas por hora en el cambio de velocidad, imagine entonces lo rápido que viajan sus envíos en rectas.

La estadística del golpe creo ha subido básicamente por dos razones.

1-Definitivamente la juventud ha hecho el juego más divertido con las escandalosas celebraciones, con los “bat flips” y demás formas de manifestar su felicidad. El problema es que hay quien lo toma como burla, como una bofetada, y para nada está dispuesto a seguir la frase bíblica de “poner la otra mejilla”, mejor sigue la Ley del Talión, “ojo por ojo, diente por diente”.

2-Los lanzadores de bola rápida mayormente han sido descontrolados en los primeros años de sus carreras, ejemplos hay de sobra. Randy Johnson y Nolan Ryan son los rostros principales de este grupo. Tiraban fuerte pero batallaban para controlar los envíos, imagine entonces esa mezcla del beisbol actual, lleno de juventud y de rectas poderosas.

El pelotazo puede llegar de manera accidental, producto del descontrol normal de un joven, quizás el primero se acepte, pero los demás no, aunque también sean sin intención, lo más probable es que se regresen.

“Si no puedes controlar la recta a esas velocidades entonces no tires pegado”, es lo que suelen decir en el beisbol, pero también es común que un cátcher esté esperando un lanzamiento en una esquina, y resulta que el pitcher la pone en la otra esquina, aunque quiera lanzar afuera, se le puede escapar e irse pegado.

Es parte de lo que está trayendo el aumento en la velocidad de los lanzamientos. El cubano Aroldis Chapman ha pasado a ser un relevista más de bola rápida, ya no es el más veloz. En 2019 es Jordan Hicks quien ha puesto los envíos más ligeros, incluyendo uno de 104.2 millas por hora, lo bueno que ese envío lo puso en strike.

Hicks llevaba hasta esta semana 14 lanzamientos de 102 mph en adelante, 9 habían sido bolas.

El tiempo que tiene el bateador para reaccionar y quitarse un lanzamiento así es mínimo, de ahí la preocupación que debe haber con esta peligrosa combinación de velocidad y descontrol.

Correo electrónico: oscsoria@aol.com