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La pila bautismal que regresó a Caborca, columna del cónsul Rafael Barceló

La pila bautismal que regresó a Caborca, columna del cónsul Rafael Barceló

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Vista de la Misión de Caborca.

Déjenme contarles una historia de cómo los vínculos tan profundos entre Arizona y México se materializan en nuestros días en una colaboración cultural binacional. Como representante de mi país en Tucsón me llena de orgullo, porque nos habla de cuán vibrante puede ser el deseo de nuestras comunidades de proteger y compartir nuestro patrimonio común.

Hace algunas décadas llegaron a Arizona un par de objetos de gran significación cultural y religiosa que habían pertenecido a la hermosa Misión de Caborca. O, como le llaman ahora, la Misión de Pueblo Viejo, hermana de la misión de San Xavier del Bac, al sur de Tucsón, realizadas ambas en la misma época y por el mismo arquitecto. Se trata de una pila bautismal metálica de gran belleza y un aspersor de agua bendita. Estas dos piezas estuvieron bajo el resguardo de la Sociedad Histórica de Arizona en su bello museo de Tucsón.

Por varios años, miembros de la comunidad caborquense habían solicitado que pudieran regresar a la Misión de Caborca, bajo el legítimo argumento de que los bienes culturales tienen su mayor sentido en sus lugares de origen. El valor cultural es mucho más fuerte para los miembros de las comunidades en las que sirvió sus propósitos. En este caso, al estar enlazada con la espiritualidad y la religiosidad de sus habitantes.

Rafael Barceló Durazo.

Tratándose de una pieza del siglo XVIII, su valor histórico nos cuenta partes del pasado de nuestra sociedad. Una particularidad de esta pila bautismal es que, en vez de estar hecha de piedra como es común, su factura en bronce, con tapa y aldaba, parece hacerla portable. Una característica útil para misiones tan apartadas de los grandes centros de población de la Nueva España, donde la evangelización incluía grandes extensiones de territorio con poblaciones indígenas seminómadas.

El valor estético de la pila, por otra parte, es destacable. En la hermosura de las formas que le fueron esculpidas y en las tonalidades rojizas, verdes y cobrizas con que fue adornada, podemos maravillarnos con la infinita búsqueda de crear belleza que los seres humanos ponemos en mucho de lo que hacemos. El sentido de lo bello nos transforma, sensibiliza y nos hace ser más felices, acaso más que la propia utilidad de los objetos de uso.

Con la generosidad de varios miembros de la comunidad de Tucsón, la Sociedad Histórica de Arizona permitió que estos dos objetos volvieran a su comunidad de origen y ahora están en nuestro país. Fue un gesto de hermandad en el que me dio profunda alegría escuchar el convencimiento de sus líderes de que el regreso de esas piezas a México era “the right thing to do”, habiendo entendido la importancia real que tiene la recuperación del patrimonio a sus comunidades de origen y la hermandad Sonora-Arizona.

En este proceso tan largo intervinieron muchas personas e instituciones; nombrarlas alargaría demasiado este artículo. Además de las mencionadas, el impulso vino de la propia comunidad de Caborca, por medio del Patronato de la Misión y sus autoridades municipales, el apoyo de la Diócesis de Nogales y, sobre todo, el decidido trabajo de funcionarios del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), organización que es un orgullo de México por su compromiso en la preservación de nuestro patrimonio.

Imagen del cónsul de México en Tucsón, Rafael Barceló Durazo, junto a Bill Ponder, administrador general de la Sociedad Histórica de Arizona, con el cónsul de México en Phoenix (der), Jorge Mendoza Yescas, en la exposición La Grandeza de México, donde se incluye la pila bautismal que pronto estará de regreso en la Misión de Caborca.

El Consulado de México en Tucsón había participado, años antes de mi llegada, impulsando este gesto de amistad binacional que permitió el regreso a Caborca de las dos piezas a finales de agosto de este año. Además, fueron seleccionadas para formar parte de la magna exposición La Grandeza de México, con que nuestro país conmemora el bicentenario de la consumación de la Independencia Nacional. Si van a la Ciudad de México entre ahora y abril de 2022 (cuando las piezas regresan a Caborca), no pierdan la oportunidad de visitarla en la hermosa sede de la Secretaría de Educación Pública. Encontrarán también entre todas las joyas de esta exhibición obras de arte prestadas por el Museo de Arte de Tucsón para esta celebración.

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, y su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, encabezaron los festejos históricos de este bicentenario, resaltando la fraternidad de México con todas las naciones. Las recuperaciones de patrimonio y el préstamo de obras de Arizona a nuestro país son otro recordatorio – entre tantos – de que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa.

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