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Coyotas Malú, las primeras con jamoncillo, han abierto mercado en Arizona

Coyotas Malú, las primeras con jamoncillo, han abierto mercado en Arizona

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Es cuestión de llegar a Villa de Seris para sentir el olor de las coyotas recién hechas en la mañana. Y la familia Flores Figueroa ha sido una de las encargadas de impregnar de olor a pan el ambiente del antiguo pueblo desde 1984.

Doña María de la Luz Figueroa, Malú para familiares y amigos, y don Francisco Flores, su esposo, ya eran panaderos antes de innovar el postre tradicional de Hermosillo y llevar el nombre de Coyotas Malú a cerca de 250 tiendas de Arizona y California.

Eduardo Flores era apenas un niño cuando él y sus hermanos fueron testigos del que parecía solo un pequeño cambio a la receta de la coyota, ese panecillo similar a una tortilla pequeña sobre otra, apenas dulce, con el centro relleno de piloncillo, horneada hasta el punto perfecto y que se ha elaborado desde 1954 en Villa de Seris, que ahora es una colonia histórica del centro de la capital de Sonora.

Adriana de los Reyes, una de las empleadas de Coyotas Malú en la tradicional colonia de Villa de Seris, en Hermosillo, Sonora. Desde hace tres años, las Coyotas Malú se venden en Tucsón.

La coyota se mantuvo inalterada hasta 1995, cuando doña Malú empezó a usar jamoncillo, un dulce a base de leche y azúcar, en el centro de la coyota y luego agregó nuez, dátil, coco, manzana y almendras a su lista de opciones. Ahora su variedad suma 12 versiones, y eso es lo que distinguió a Coyotas Malú del resto de los fabricantes del postre insignia de Sonora.

Eduardo recuerda a sus padres trabajando todos los días y a él y sus hermanos pelando las manzanas que terminaban dentro de las coyotas. Son esos recuerdos, mezclados con el orgullo familiar y el amor a su oficio, los que lo hacen esforzarse para que la compañía siga siendo exitosa.

“A mi mamá, que sigue trabajando, y a mi papá -él falleció hace dos años-, les estamos muy agradecidos por la oportunidad que nos dieron, y a Dios por haberlos bendecido con este negocio”, dice el también encargado de una de las dos cocinas en las que se trabaja a diario para suplir la demanda de sus coyotas.

Desde hace tres años, a esta demanda se le sumó la apertura del mercado en Estados Unidos.

Así como había sucedido con sus padres, que no fueron los primeros en hacer el postre, pero sí en revolucionarlo, Eduardo reconoce que tampoco fue el primero en comercializar la coyota a Arizona, pero sí fue el primer productor de Hermosillo y de Villa de Seris en llegar a los estantes de Tucsón, Phoenix y Nogales.

Alejandro Espinosa en la elaboración de las Coyotas Malú, en la fábrica en Villa de Seris, en Hermosillo, Sonora.

Coyotas Malú

Al principio, sus esfuerzos iban dirigidos al cliente latino. Sin embargo, la familia se sorprendió al darse cuenta de que no son tantos los connacionales que conocen la coyota, aparte de los sonorenses, menos aún su historia y tradición.

“Cuando conseguimos los permisos y pasamos todas pruebas para poder exportarlas”, contó Eduardo entre sonrisas, “nos quedamos, ¿y ahora qué hacemos?, porque la verdad es que creímos que ya conocían la coyota, pero la verdad es que no pasó así”.

Lograron incursionar en carnicerías, tiendas de autoservicio y algunos restaurantes, ahora se encuentran desde Nogales, Arizona, hasta los suburbios de Phoenix.

La familia Flores Figueroa se enorgullece de haber agregado una variedad de sabores a las tradicionales coyotas de Hermosillo, Sonora. Coyotas Malú, su marca, ya se vende en Nogales, Tucsón y Phoenix.

En Tucsón las Coyotas Malú se pueden comprar en Carnicería Los Primos (9895 S Old Nogales Hwy), Mexico Lindo Food Market (50 W Valencia Rd) y Monterrey Market (4129 E 29th St #110) “entre muchas otras”, dijo Eduardo. Del área de Phoenix nombró negocios como La Hereford Meat Market, La Vaquita Meat Market, Carnicería la Güera y El Rey de los Ostiones.

Dependiendo de la época del año, Coyotas Malú emplea entre 12 y 20 personas. Son hombres y mujeres de diferentes edades, quienes preparan la masa y el jamoncillo; rellenan, hornean, mueven y empacan el producto que llega a alguna de las nueve sucursales en Sonora, así como a las diferentes tiendas en donde se vende el dulce.

Eduardo dice que sus hermanos y él llevan con orgullo la profesión de panaderos, de productores de coyotas, título que doña Malú, su madre, aún ostenta mientras se encarga de una de las cocinas del negocio.

Y su aspiración es seguir haciendo lo que hace, mantener una tradición familiar y un pedazo de cultura hermosillense.

“Espero que la coyota, como producto regional y su historia, sigan creciendo y se siga divulgando en todo el mundo, queremos que se conozca su riqueza cultural”, dijo Eduardo. “No es la marca lo que debe llegar al mundo, sino una parte de todo lo que significa para nosotros”.

Para mayor información y detalles sobre las sucursales donde puedes encontrar las Coyotas Malú, llama al 011 52 (662) 250-4509 y 011 52 (662) 312-5967 en Hermosillo o visita su sitio web www.coyotasmalu.com.

Elsa Leticia Romero es periodista independiente de Hermosillo, Sonora. Puede ser contactada en elsa.romeror@gmail.com

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