SAN DIEGO - El Mes de la Herencia Hispana brinda a todos los estadounidenses la oportunidad de aprender algo sobre este país -y los 50.5 millones de hispanos que viven en él.

En 1968, el Congreso designó una semana para la celebración. En 1988, el presidente Reagan firmó una ley extendiendo el período a 30 días -del 15 de Septiembre al 15 de Octubre. Además de reconocer las contribuciones de los estadounidenses hispanos, la ocasión nos recuerda que observemos con una nueva mirada la condición hispana en Estados Unidos.

La lección de hoy: Criar hijos nunca es fácil bajo las mejores circunstancias. Se vuelve más difícil cuando se es miembro de un grupo étnico que, debido a su tamaño, parece estar bajo ataque por todos lados.

Uno quiere que sus hijos tengan conciencia de lo que es el prejuicio y que estén preparados para el mundo en que viven. Pero, al mismo tiempo, uno no quiere que sean excesivamente sensibles y temerosos como para considerarse víctimas.

Mis padres, quienes sufrieron una discriminación horrible y declarada durante su niñez y juventud en las comunidades agrícolas del centro de California y el Sur de Texas, en los años cuarentas y cincuentas, tomaron la decisión de mantener a sus hijos en la oscuridad durante todo el tiempo posible. Sabían que conoceríamos el racismo pronto, pero no quisieron acelerar el proceso.

Otro padre que trata de decidir qué decir a sus hijos sobre la realidad de la vida es un lector llamado Felipe. Felipe, hijo de un inmigrante mexicano, escribió que no está seguro sobre qué decirle a su hija de 11 años y a su hijo de 6 sobre cómo se trata a la gente de piel marrón y apellido en español, y lo que ellos pueden esperar lograr.

Cuando era niño, dijo Felipe, su padre los llamó a él y a su hermano menor y les advirtió que, aunque habían nacido en Estados Unidos, "nunca serían aceptados como verdaderos estadounidenses por su apariencia y su acento". Debían tratar de tener éxito, dijo el padre, pero podían olvidar la idea de ser iguales.

"Mijitos," dijo. "Los mexicanos no tienen una oportunidad. Sólo trabajen con tesón y sean honestos con ustedes mismos y sus seres queridos y sobrevivirán aquí".

Observar cómo se trata a los hispanos en Estados Unidos, dijo Felipe, le causa "profunda tristeza".

No es el único. Los hispanos acaban de pasar otro verano de descontento. En los últimos meses, los estados aprobaron más leyes simplistas y severas. El cómico afroamericano Katt Williams se lanzó a una diatriba antihispana durante un espectáculo en Phoenix. Los crímenes de odio contra los inmigrantes hispanos continuaron.

Mientras tanto, el gobierno de Obama continuó jugando con las emociones de muchos hispanos al crear falsas esperanzas, enviar mensajes ambiguos y cambiar de posición en el delicado tema de las deportaciones. Alrededor del 4 de Julio, el gobierno alcanzó el dudoso hito de haber deportado a un millón de personas. Tras protestas de la izquierda, funcionarios de la Casa Blanca anunciaron una nueva política que, supuestamente, salvaría a unas 300 mil personas que están ahora en proceso de deportación y les permitiría permanecer en Estados Unidos. Pero aparentemente a la gente del Departamento de Seguridad del Territorio no le llegó el memorando. Tras protestas de la derecha, la secretaria de Seguridad Nacional, Janet Napolitano, durante un discurso en un desayuno organizado por el Christian Science Monitor, prometió mantener una política de deportaciones "muy robusta".

¿Podría ser un gobierno republicano peor que esto? A juzgar por la retórica y el tono de un reciente debate CNN/tea party, algunos de los candidatos para la nominación del Partido Republicano están dispuestos a intentarlo. Al aporrear a Rick Perry, que ocupa la delantera, por lo menos cuatro de sus contendientes -Mitt Romney, Jon Huntsmann y Rick Santorum- parecieron competir mutuamente por el puesto de quién sabe menos sobre inmigración y quién es el más estridente al hablar de ese tema.

Al ver todo ese desarrollo, Felipe declaró que estaba listo "para dejar de intentar creer que mi difunto padre estaba equivocado" sobre cómo los hispanos nunca serán aceptados en este país. Está listo para tener con sus hijos la misma conversación que su padre tuvo con él hace muchos años.

Escribió: "Me rindo".

Pero yo no. Eso es lo que quieren los intolerantes y me niego a concedérselo. Y, estoy seguro, lo mismo ocurre con millones de otros estadounidenses hispanos: aunque sienten las críticas aún aman a este país -no sólo por lo que es sino por lo que podría ser.

La dirección electrónica de Rubén Navarrette es ruben@rubennavarrette.com