SAN DIEGO.- Todos meten bolos con respecto a los Soñadores. Las mentiras -sobre estos jóvenes indocumentados que fueron traídos a Estados Unidos de niños- vienen de la izquierda y la derecha. Un bando pinta a los Soñadores como aprovechadores codiciosos; el otro los ve como excesivamente desinteresados y generosos. Ninguno de los dos esbozos es el correcto.

Los conservadores dicen que brindar una “amnistía” a los Soñadores llevará al país a la quiebra, porque estos exitosos jóvenes buscarán asistencia del estado. Los liberales afirman que los Soñadores no piden dádivas y que, de hecho, no quieren ni necesitan casi nada.

Si te crees esas dos historias, también creerás la del bonachón hombre de barba blanca que entrega regalos.

La representante Grace Meng, demócrata por Nueva York, recientemente defendió en Twitter a los Soñadores--800.000 de los cuales temen que los deporten, ahora que el presidente Trump revocó el programa conocido como Acción Diferida para Los Que Llegaron de Niños (DACA, por sus siglas en inglés). Meng expresó: “Todo lo que quieren los Soñadores es la oportunidad de aprender, trabajar y vivir en el único país que han conocido”.

Lo siento, congresista. Eso no es cierto. Los Soñadores quieren mucho más que la oportunidad de aprender, trabajar y vivir en Estados Unidos.

-Quieren marchar y protestar, y presentar peticiones al gobierno estadounidense con sus reclamos, porque muchos de ellos piensan que el movimiento de derechos civiles latino se inició con su llegada.

--Quieren tener el derecho de permanecer en Estados Unidos legalmente por el resto de su vida, preferiblemente como ciudadanos estadounidenses, con todas las protecciones y privilegios que vienen con ese título.

--Quieren ir a las mejores escuelas y universidades a las que puedan ingresar y aprovechar las becas pagadas por los dólares públicos de los impuestos. Después de todo, sus padres, aunque indocumentados, pagaron algunos de esos dólares por medio de los impuestos a la venta, a la propiedad y hasta a los ingresos. Los recaudadores de impuestos no discriminan.

--Los Soñadores desean el derecho a votar para ayudar a escoger a los representantes de su país de adopción, mientras recompensan a amigos y castigan a enemigos.

--Quieren que los dos partidos rindan cuentas y acabar con la ingenua suposición de que todos los demócratas desean ayudarlos y todos los republicanos desean perjudicarlos. Estos jóvenes inmigrantes podrían enseñar un par de cosas a los nativos.

--Los Soñadores quieren una voz para poder influir la política y dar forma al diálogo público, a fin de que Estados Unidos acoja mejor a los inmigrantes, tanto legales como ilegales.

--Quieren ser individualizados para seguir sintiéndose “especiales” por sus logros o por lo que puedan lograr en el futuro.

--Pero al mismo tiempo, quieren ser individualizados por sus familias--especialmente sus padres, quienes trabajaron largas horas en tareas difíciles para brindarles estas oportunidades.

--Así es que los Soñadores quieren una bonificación, a saber categoría legal adicional para sus padres, para que ellos también puedan vivir el resto de sus días sin temor a la deportación.

Son pedidos razonables. Y es mejor que la alternativa, es decir categoría legal para los Soñadores pero nada para el resto de la familia, que supuestamente tenía sus propios sueños antes de tener que ir a trabajar para financiar las aspiraciones de otros. Además, asistir sólo a los universitarios constituye una desagradable forma de elitismo que le hace el juego a la narrativa simplista-presentada por demócratas y republicanos--de inmigrantes buenos e inmigrantes malos.

Pero en mi experiencia al tratar con los Soñadores en la década pasada, es que lo que más quieren es ser parte del programa. Quieren votar, formar parte de jurados y ser miembros del Rotary Club. Desean participar en todas las facetas de la vida pública. Quieren trabajar arduamente, pagar impuestos y dar algo de vuelta al país que brindó a sus familias otra oportunidad en la vida. Desean mostrar a todos que deben ser temidos y que son un bien, y no, una carga. Puesto simplemente, quieren ser estadounidenses plenos. Por eso, debemos estar agradecidos.

En un momento en que nuestra ética laboral colectiva ha disminuido y la nueva normalidad es un sentido de derecho a las cosas, los estadounidenses están equivocados. En lugar de preguntarse qué hacer con los Soñadores, deben encontrar la forma de que sus hijos sean más como ellos.

La dirección electrónica de Ruben Navarrette es ruben@rubennavarrette.com. © 2017, The Washington Post Writers Group