Martin Mendoza (new)

Hace apenas un par de semanas comentaba sobre la nueva agresión del estado de Arizona contra el inmigrante, particularmente contra los estudiantes DACA en el tema de las colegiaturas como residentes o instate tuition. Con el pasar de los días, el temor de que venga un golpe aun mayor, devastador, pero en este caso a nivel nacional, ha venido tomando fuerza.

Me refiero a la desaparición en sí del programa DACA, lo que no solamente plantearía un enorme problema a los Dreamers para ir a la universidad, sino también para trabajar y hasta para contar con licencias de manejar entre otras muchas situaciones que les haría aun mas “la vida de cuadritos”, a ellos y a sus familias.

Donald Trump no ha cumplido su promesa de campaña de cancelar el programa “el primer día en la oficina de la Presidencia”. No creo sea muy buena idea, para quienes sabemos de la gravedad del asunto, el estárselo recordando.

Es probable que el poder hablar de su magnanimidad es lo que haya motivado a Trump a ser cauteloso con esto. Otra razón puede ser la imposibilidad de estimar con certeza el tamaño de la respuesta política a la que se enfrentaría en caso de cancelar el programa de un plumazo como bien pudiera hacerlo. Esto último es menos probable dadas las tendencias marcadas de Trump hacia el auto engrandecimiento.

El caso es que ya se empezó a hablar bastante de aproximadamente una docena de estados que han dado un ultimátum al gobierno federal para que cancele el programa o de lo contrario demandárselo en corte. En independencia de que una acción judicial contra el DACA no luce como algo de muy buenos augurios para los Dreamers, pudiera ser también que en realidad esa sea la forma del gobierno de Trump para deshacerse del programa.

Es decir, no cancelarlo por la vía ejecutiva, sino esperar a que el asunto devenga en una confrontación judicial con un grupo de estados y sencillamente no defenderlo con todo el vigor requerido, dejándolo esencialmente morir solo. Si recordamos que desde el Departamento de Justicia, el Procurador General, es el responsable por la defensa –o la falta de esta- al programa en corte, y que esta posición se encuentra ocupada por uno de los mayores fanáticos anti-inmigrantes de tiempos recientes, como lo es Jeff Sessions, todo lo anterior no sería remoto. Entonces el trabajo sucio de la administración seria hecho por otros y el gobierno de Trump podría fingir demencia y seguir hablando de su buena voluntad hacia los jóvenes Dreamers.

Es necesario –como muchos activistas lo están haciendo ya- que comience a darse una movilización en todo el país que empuje el mensaje político opositor a esta potencial enorme injusticia, recordándole a Trump algunas de las palabras que el mismo ha pronunciado cuando se ha referido a los Dreamers, y que no encarar con todos los recursos a su alcance el reto judicial al respecto, sería una nueva mezquindad de su gobierno. La realidad de las cosas es que esto se trata de comprar tiempo hasta encontrar mejores condiciones para una solución legislativa hacia el futuro, lo cual es la único que puede traer un cierre tanto al problema del DACA como al de la inmigración indocumentada en general.

Sin embargo, precisamente en este tema de una solución legislativa es en donde se está dando otro despropósito enorme, pero del lado de algunos elementos del muy amplio frente pro-inmigrante. Resulta que se está hablando de que, dado el estado de cosas, se tiene que exigir al congreso legislar al respecto ya. No sé si “son o se hacen”. ¿En qué cabeza cabe que este es el momento en que el congreso –y por ende la Casa Blanca- se ocupen de una solución legislativa al problema migratorio? Cualquier nivel de reforma migratoria es posiblemente la legislación mas huidiza en la historia reciente de este país.

La Presidencia se encuentra en una crisis política sin precedentes, que se encamina rápidamente a una crisis constitucional con el tema de la interferencia rusa en la elección Presidencial. Hablar de impeachment, o bien de la renuncia de Trump, es algo cada día mas frecuente. La contra-reforma de salud es el único tema mayor que se está manejando en el congreso y el asunto está empantanado y sin visos de satisfacer a muchas de las partes involucradas.

¿Quién con un mínimo de sentido común y medianamente informado puede hablar en serio de que en los próximos meses se empiece a discutir una reforma migratoria así no fuese muy integral que digamos? ¡Absurdo! Seamos serios y no solamente “buenos”.

Contacta Martin F. Mendoza en mfmtuc@yahoo.com