La herencia familiar de las salsas de Mouth of the South se refleja en toda la compañía. Tony y Andrea McGowan tienen raíces sureñas y es una evolución de la receta familiar de Andrea la que ha formado la línea de la empresa.

“Comenzó con mi familia, pero con el tiempo la hemos perfeccionado”, comentó Andrea.

La familia de Tony es originaria de Virginia y sus parientes están dispersos por Carolina del Sur y Mississippi. Él creció en Sierra Vista, mientras que Andrea nació y creció en Patagonia, con abuelos originarios de Texas y de México.

Durante cinco años, la pareja -a veces asistida por sus hijos Jaden, de 15 años, y Peyton, de 9, a quienes Tony llama “los príncipes de la salsa”– ha hecho su producto natural en una cocina comercial en la Iglesia Episcopal de San Andrés en 545 S. Fifth Ave. Al principio, producían uno o dos galones a la semana; ahora tienen que elaborar entre 40 y 50 galones. Durante el invierno llegan a preparar hasta 80 galones por semana.

Todos los ingredientes de Mouth of the South se preparan a mano en esa cocina. Sin importar su sabor o nivel de picante, los ingredientes son simples: salsa fresca, limón y sal.

La empresa se ha convertido en un trabajo de tiempo completo para Tony, mientras que Andrea divide sus deberes entre la compañía y su trabajo como asesora financiera y de retiro. “Estamos decididos a no endeudarnos con la compañía de salsa”, comentó ella.

La pareja de emprendedores es optimista y entusiasta. Les encanta crear frases para la imagen de la empresa -“Want some? Get some!” o “¿Quieres un poco? ¡Toma un poco!”, es su eslogan principal – y etiquetan su envase indicando qué tan picosa es la salsa, para que los clientes puedan elegir entre ligera, mediana, intensa y de locura. “Todo se trata de la experiencia y la teatralidad”, dijo Tony, cuya personalidad extrovertida y sonrisa deslumbrante lo hacen que esos dos elementos sean naturales en él.

Mouth of the South se vende en el mercado de granjeros Rillito Park Heirloom, pero también está disponible en otros establecimientos de la ciudad, como Tucson Local, Food and Root, the Food Conspiracy Co-op en Fourth Avenue, Viva Coffee House en Valencia y Dickman’s Meat and Deli.

“En Sonoita Mini Mart, vuela de los estantes”, señaló Tony. La compañía también envía sus productos a tiendas, donde las salsas tiene un periodo de vida en los estantes de hasta tres semanas. “Mandamos a hacer pruebas en la Universidad de Arizona para medir su permanencia en los estantes”, comentó Andrea. “Debimos parar después de tres semanas por el costo que tenía extenderlas, pero la realidad es que se vende mucho antes de ese periodo”.

Seguidores de la salsa en Phoenix, quienes probaron Mouth of the South en la competencia del My Nana’s Salsas Festival en 2015 Y 2016 –en donde la empresa ganó en las categorías de ‘la mejor en el show’ y ‘negocios’– les han suplicado que envíen el producto a las tiendas de esa ciudad, aseguró Tony, pero hasta el momento no han logrado incluirlo en los compromisos semanales ya programados.

Las salsas son vertidas en un frasco de vidrio que no se sella al calor – “porque no queremos cocinar la salsa en el interior”, mencionó Andrea. De 6 a 8 dólares por frasco, los clientes que regresan con el recipiente vacío reciben un descuento, dijo Tony; le gusta el lado ecologista de esta promoción, además de que los jarrones de vidrio son costosos. “En Rillito Park, los clientes siempre pueden preguntar por promociones y descuentos”, aseguró.

Para ‘el don y la diva de las salsas’, como se llaman a sí mismos, la clave de su éxito se centra en su apego a la receta familiar. “Hay maneras de hacerla más económica, pero no estaría bien”, aseguró Andrea. “No estamos dispuestos a tomar atajos si afecta su sabor o textura. Hay muchas salsas cocidas en el mercado. Simplemente, eso no somos nosotros”.

Robin Mather es periodista culinaria de experiencia y autora de “The Feast Nearby”. Puedes seguir su blog mientras escribe su tercer libro, “The Feast of the Dove” en www.thefeastofthedove.com.

Traducido del inglés por Elsa Leticia Romero para La Estrella de Tucsón.