MÉXICO, DF.- De Pepín, Paquín y Chamaco a La Familia Burrón, Lágrimas y Risas, Los Supermachos y El Gallito Cómics, las historietas en México han tratado de conservar una identidad propia, la cual en ocasiones se ha visto influenciada por los cómics extranjeros, pero siempre ha vuelto a sus raíces.
Los antecedentes de la historieta se remontan a finales del siglo 19; sin embargo fue Rafael Reyes Spíndola quien en 1911 publicó cada domingo en su diario El Imparcial historietas modernas a color con globos en los que se escribían los diálogos como el estilo de The Yellow Kid del diario de Joseph Pulitzer.
La primera historieta mexicana, no obstante, es atribuida en el libro Puros Cuentos, a Rafael Lillo, quien trabajaba para Reyes Spíndola haciendo ilustraciones que competían con las extranjeras, siendo el primer cómic Las Aventuras de Adonis.
La historia del cómic mexicano es muy amplia, sin embargo, aquí los títulos más representativos, son especialmente de los años 30 y 40, cuando se dio en México el "boom" de las historietas nacionales.
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Paquín
Paquín apareció en 1934 y fue la primera publicación especializada de este género, comercialmente exitosa.
Francisco Sayrols fue el encargado de esta edición que inició siendo una revista de corte infantil con historietas extraídas de servicios extranjeros que acabó definiendo a sus lectores como "personas entre 100 meses y 100 años".
La enorme competencia que empezaron a tener títulos como Paquito, Pepín y Chamaco le hacen sacar Paquín Chico, mientras que en 1937, debido a su éxito, Paquín, el original, era ya una publicación semanal.
Pepín
Pepín, "El Chico Más Famoso del Mundo", como rezaba su subtítulo, es una de las historietas mexicanas más legendarias, ya que a lo largo de 25 años los cómics fueron conocidos en México como "pepines".
Editada por quien después se convertiría en un poderoso empresario del periodismo en México, el Coronel José María de Jesús Luciano García Valseca, Pepín retomaba los temas internacionales como Dick Tracy y Terry, y Los Piratas.
En los primeros números, la única serie nacional era El Flechador del Cielo, de Alfonso Tirado, pero a fines de los años 30 publicó exclusivamente historietas mexicanas.
Antes de Pepín, en 1935, García Valseca había lanzado Paquito, cuyo tiraje llegó a alcanzar 320 mil ejemplares diarios, incluyendo las series extranjeras Mandrake y El Ratón Miguelito. Pepín desapareció en 1954.
Chamaco
Chamaco, bautizó con el apodo de su editor, Ignacio Herrerías, se vendía en 1936 por 10 centavos. Fue la cuarta revista de historietas de carácter industrial y la primera con formato de un cuarto de tabloide.
Al editor, que lanzó después Chamaco Chico, se le ocurrió ofrecer las revistas semanales, después dos veces por semana, más tarde tres veces, hasta llegar a ser diarias, lo cual fue copiado por sus competidores.
Rolando el Rabioso
Como un cómic de gesta que parodia inicialmente la canción de Roldán (poema épico francés escrito a finales del siglo XI) y termina siendo un homenaje humorístico a los libros de caballería, nació en 1939 Rolando el Rabioso, de Gaspar Bolaños Villaseñor.
Esta historieta, en la que Rolando lleva como acompañante a su fiel corcel Velocípedo, hizo de su autor un caso único en México, ya que Bolaños se mantuvo fiel a su historieta hasta mediados de los 70.
Incluso después de su muerte, uno de sus colaboradores publicó nuevos capítulos con el título de El Príncipe Valiente, y en 1988 aparecieron seis fascículos más con el nombre original.
Los Supersabios
En 1936, como un sátira de la cotidianeidad, apareció otra de las historietas que marcó época: Los Supersabios, donde se narraban la situaciones sadomasoquistas de la familia integrada por Doña Pepita, Panza y El Abuelo, creada por German Butze Oliver.
Para 1953, Los Supersabios se publicaban en fascículos quincenales, que a fines de la década, por el éxito obtenido, se hicieron semanales.
Luego de la muerte del autor, Editorial Joma reimprimió la serie de 1969 a 1972 y en 1978 Editorial Posada lanzó en forma de revista la historieta en el periódico Novedades.
La Familia Burrón
Con el fin de ser espejo fiel del segmento de la sociedad mexicana que vive y se desarrolla en los barrios bajos de la Ciudad, Gabriel Vargas, calificado como el mayor historietista mexicano de todos los tiempos, presentó en 1948 los primeros episodios de un cómic que por su permanencia y estilo, es la historieta nacional por excelencia: La Familia Burrón.
Esta historieta crítica y mordaz, con sus famosos personajes como: Borola, su esposo Regino, sus hijos Macuca, Regino Chico y el adoptado Foforito, ha permanecido por casi cinco décadas en el gusto del público, asumiendo todos los cambios que implica el paso del tiempo.
Con el título inicial de El Señor Burrón o Vida de Perro, La Familia Burrón cuenta las aventuras de un marido mandilón, sin embargo en 1954 da un giro argumentístico cuando Borola, convertida en "exótica" se lanza a la farándula con un grupo de comadres.
En 1975, Vargas se independiza de la Editorial Panamericana, y comienza a publicar la historieta por su cuenta, prolongando el éxito de su serie hasta nuestros días, siempre con una crítica humorística e implacable contra el sistema y las desigualdades sociales.
Memín Pinguín y Lágrimas y Risas
Pese a la fiebre que provocó en los 30 y 40, el auge de la historieta mexicana comenzó a aminorar en años posteriores, aun con títulos de éxito, como El Santo y Papito Frito, de los 50, y Chanoc y Kalimán, de los 60.
Sin embargo, Yolanda Vargas Dulché, quien tuvo éxito con la historia de Alma de Niño, que se transformaría en Memín Pinguín, y contaría las alegrías y desventuras que vivía un niño moreno de clase baja, logró colocar en buen nivel las historietas melodramáticas con Lágrimas y Risas y La Doctora Corazón.
También con demanda, aunque con un tipo de propuesta muy diferente, arribó el caricaturista Rius con los Supermachos en 1965, y más tarde con Los Agachados, que crearon una escuela en cuanto a estilo de dibujo y de contenido.

