Durante el período de lucha armada a principios del siglo 20, las tropas insurrectas fueron alimentadas con el ingenio, valor y ocio de las rupestres soldaderas.
El descanso después de la lucha era acompañado de una comida comunitaria realizada por las soldaderas.
La Revolución Mexicana de 1910 marcó la vida de muchas mujeres, la mayoría de ellas nacidas en el campo.
El papel de las soldaderas o 'Adelitas', como muy pronto fueron denominadas las compañeras de los combatientes, fue proveerlos de alimentos preparados, casi siempre basados en productos primarios como el maíz y el frijol.
"Durante la Revolución, en los cuarteles militares y campamentos las mujeres acostumbraban dar a las tropas por la mañana atole blanco, café aguado, tortillas, frijoles, chile y pan.
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Por la tarde se repetía la ración con un caldo, algo de carne con arroz y verduras, y más noche de nuevo frijoles y tortillas", explicó el historiador Martín González de la Vara, en la Cocina Mexicana a Través de los Siglos, de editorial Clío.
La investigadora gastronómica, Ana Benítez Muro agregó que la comida revolucionaria se caracterizó por tener raíces del Norte de la República.
"En varias novelas de la Revolución se narra que varios alimentos eran propios de arrieros. En ella tiene su origen la comida preparada por las clásicas 'Adelitas'. La mujer tenía que hacer rendir lo existente para satisfacer a toda la tropa hambrienta.
Nunca faltaban las ollas de frijoles, el comal y la olla de barro en su cargamento. Su máxima labor era hacer las tortillas. En ocasiones, cuando mataban algún animal, elaboraban platillos frescos.
Igualmente aprovechaban las vísceras, como la tripa y la pancita: no desperdiciaban nada", advirtió Benítez Muro.
En ocasiones, comentó, llegaban a preparar algunos pucheros de res con verduras que encontraban a su paso.
"Las empanadas eran algunos de los alimentos que se podían llevar, ya sea rellenas de carne o de calabaza. Fueron algunos de los platillos importantes del movimiento".
Uno de los platillos que tal vez tomó más importancia, ya que tiene maíz para hacerlo rendir, es el puchero norteño: un caldo caliente idóneo para las necesidades de la tropa, que requería velar y cuidar la retaguardia.
"En el Norte, uno de los antojitos más comunes que proliferó en aquella época fue la carne seca, asada en comal, con unas gotas de limón y una salsa de chiles secos con ajos en una tortilla.
Otro de los platillos que podía llevarse en épocas de guerra eran los burritos, con tortilla de harina. Una opción más eran los granos secos: garbanzos, habas, lentejas y frijoles", puntualizó Benítez Muro.
Garnachas para mi general
Por otro lado, Salvador Novo comentó en su libro "Historia de la Gastronomía Mexicana" que las mujeres que desempeñaban las tareas domésticas en las grandes haciendas, fueron algunas de las que se fueron a la batalla.
"Elementos como las cazuelas de barro, braseros, metates, molcajetes, cucharas de madera y molinillos fueron los fieles acompañantes de estas mujeres durante el movimiento", dijo Novo.
A los soldados se les trataba como jornaleros y se les pagaba su sueldo cada cierto periodo.
Este dinero, explicó, era destinado para la compra de comida, proporcionada después a las soldaderas.
Ellas servían los alimentos como si fuera una competencia entre ellas mismas.
Una soldadera típica llevaba una cesta con comida, mantel, vajilla decorativa y en ocasiones, para agraciar al general, un jarro con flores.
Durante la batalla, la mujer tenía la obligación de llevar agua, comida y municiones. Las 'Adelitas' eran llamadas con cariño 'madres'.
Ingredientes:
» 1 kilo de menudo de res limpio, cortado en trozos pequeños
» 3 patas de ternera de res limpias, cortada en trozos pequeños
» 3 dientes de ajo
» 1 cebolla entera
» 1 kilo de maíz cacahuazincle
» 1 cucharada de cal
» 1 cebolla finamente picada
» 1 cucharada de orégano seco
» 115 gramos de chiltepines o chile piquín molido
» 6 limones rebanados
» 2 ramas de cilantro
Preparación:
» Cocer el menudo con el ajo y la cebolla y aparte las patas. Lavar el maíz, agregar la cal disuelta en agua y dejar a fuego hasta que se pueda quitar la pielecita. Restregar, lavar muy bien y retirar la cabecita. Poner a cocer a fuego fuerte con bastante agua.
» Una vez que esté suave agregar la panza y las patas de res. Agregar la sal y el cilantro. Servir con la cebolla, espolvorear el orégano, los chiltepines y el limón en rebanadas. Acompañar con tortillas de maíz o de harina.

