Menudo escándalo se ha desatado en México al descubrirse que Luis Téllez, actual titular de la Secretaría de Comunicaciones, expresó en una tertulia o reunión casual, que el ex presidente Carlos Salinas de Gortari –de muy nefasta memoria–, se habría robado un gran cantidad de dinero de la Partida Secreta de la presidencia cuando estuvo en funciones.
Resulta que Téllez había dejado abierto su teléfono celular después de hablar con Diana Pando (la conocen en su casa). Ni tarda ni perezosa, Doña Diana grabó los comentarios que hacía Luis con sus amigos, para después tratar de extorsionar al imprudente y distraído protagonista de este sainete, según afirmación del mismo Téllez.
Obviamente, como siempre sucede en los círculos políticos de nuestro jacarandoso País, el mitote se ha hecho grande y –por supuesto–, todos los partidos de oposición ya están pidiendo la cabeza de Luis Téllez, como es usual en casos semejantes. ¿No es emocionante?
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Me parece que este chisme de lavadero llega más lejos de lo que se merece, por las siguientes razones:
a) Como cualquier ciudadano de cualquier País, incluyendo México o China, el ahora muy famoso Luis tiene derecho a expresar sus opiniones en el círculo de sus amistades.
b) Luis mismo está sujeto a la opinión pública como toda persona, más aún al ya no ser funcionario gubernamental cuando habló de más.
c) Salinas de Gortari, como cualquier persona pública, sea político, artista de cine, actor de telenovelas, o presidente de la República, es casi un obligado objeto de libres comentarios por parte de los ciudadanos, sin que por ello estos incurran en delito alguno, aunque se le califique de chismoso o mitotero. Estos rasgos personales, sin embargo, no están penados por la Ley.
d) La señora Diana de los palotes no es ninguna perita en dulce, como no lo es tampoco la dama Aristegui, que posiblemente también deben considerarse como figuras públicas y, por lo tanto, sujetas a crítica.
e) El intento de extorsión, en cambio, si es un delito y grave.
f) Respecto a que Salinas es una persona extremadamente rica –según la Vox Pópuli–, nadie en este País, ni autoridad ni organismo civil, se ha aplicado a aclararlo.
g) Por lo tanto, nadie conoce a fondo el nivel de su riqueza, ni mucho menos de dónde provino ni dónde se encuentra.
h) Si se piensa en los líos en que se metieron sus hermanos –los de Carlos Salinas, pues–, nada tendría de extraño alguna similitud entre las proclivilidades de familia. Se puede decir que cuando el río suena, es que agua lleva.
i) En México, todos los presidentes priístas son intocables, y ningún presidente ha salido pobre del gobierno, excepto, quizás, Benito Juárez, y eso habría que averiguarlo.
j) Nadie sabe, tampoco, si Luis Téllez es un caballero de fortuna, porque nadie se ha tomado el trabajo de investigarlo. Ningún periodista, político, ni ningún hijo de vecino.
k) Lo mismo se puede decir de la Aristegui y de la Diana, ¿por qué no?
l) La percepción generalizada en México sobre nuestros políticos, es que no hay ninguno que haya pasado por el gobierno –sea federal, estatal, o municipal–, que salga de ahí sin haber resuelto su futuro económico satisfactoriamente.
m) Puede decirse que la "camaradería" entre los políticos, tal vez de todos los países, se rige por una norma, más o menos universal: Hoy por ti y mañana por mí…
Así que, ¿para qué tanto brinco, estando el suelo tan parejo? El chisme, la murmuración son una especie de deporte en muchas partes del mundo, aunque, estimado lector, la mejor opinión (o chisme) es la tuya…
Por mi parte, obviamente, casi estoy seguro que yo tampoco me salvo de este pequeño defecto que llamamos "opinión". Y con esto Dios te dé salud y a mi no olvide (Don Quijote de la Mancha).

