La explosión de dinamita en la Iglesia Católica Santa Cruz fue tan fuerte que arrancó la puerta principal de su marco, tronó los arcos que sostienen el techo y fracturó el yeso de los techos.
Ochenta y dos años más tarde, líderes de la conocida iglesia ubicada en el lado Sur de Tucsón están planeando quitar los últimos vestigios de esta explosión motivada por razones políticas.
Este año dará inicio una campaña para recaudar $521 mil 400 dólares para el Fondo de Restauración del Techo de la Iglesia Santa Cruz.
El dinero se utilizará para cambiar todos los 40 arcos que sostienen el techo de la iglesia – el cual, junto con el techo interior, se espera que se reemplace como parte del mismo proyecto.
"La iglesia tiene mucha historia, casi todas las familias en Tucsón han pasado por aquí de una manera u otra, para bautizos, bodas, quinceañeras", comentó el Reverendo Fernando Pinto, quien es el pastor de la iglesia. "El edificio tiene mucha presencia. Es muy característico del Oeste, de las misiones – es precioso".
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Los sacerdotes de la Orden de los Carmelitas Descalzos, quienes administran la iglesia, están iniciando esta campaña pisándole los talones a otra colecta.
Por primera vez, la Iglesia Santa Cruz la cual está registrada en el Registro Nacional de Lugares Históricos, contará con aire acondicionado y calefacción central, fruto de una campaña de $70 mil dólares, la cual, hasta la fecha, ha recaudado $52 mil.
La iglesia Santa Cruz, fue dedicada por el Obispo de la Diócesis de la Iglesia Católica Romana, Henri Granjon, hace casi 88 años, en febrero de 1919. Aunque él no era arquitecto, Granjon diseñó el complejo Santa Cruz, el cual ocupa casi dos cuadras de la ciudad.
En 1916 Granjon, quien fue el segundo Obispo de Tucsón, diseñó los planos de la iglesia estilo colonial español la cual se asemeja a un convento español en Ávila, España.
El complejo de 280 mil pies cuadrados incluye un santuario, una escuela, un monasterio enclaustrado para frailes carmelitas, un patio interior, pasarelas, arcos y una fuente, y está rodeado por un muro alto.
La iglesia Santa Cruz, ubicada en el 1220 S. Sixth Ave., fue la segunda de dos nuevas parroquias "suburbanas" en esta área de Tucsón. La primera, la Iglesia de la Sagrada Familia, localizada al Norte de las vías del Tren al Norte de la Avenida Main, abrió en 1914.
Una cúpula de cuatro pisos de alto se le agregó al altar de la iglesia Santa Cruz veinte años después de que la iglesia había sido terminada y mucho más tarde se construyeron: un coro, edificios nuevos para la escuela y el vestíbulo de la parroquia en la parte posterior del edificio.
El complejo, construido por el maestro constructor Manuel G. Flores, fue edificado con tabiques de adobe hechos en la Reserva de los Tohono O'odham.
El santuario está ubicado sobre cimientos construidos para soportar los temblores como el que sacudió el Sur de Arizona en mayo de 1887. Ese temblor, que se calculó haber sido de 7.2 grados en la escala de Richter, sacudió al Valle de San Bernardino a 150 millas al Sureste de Tucsón.
También agrietó y destruyó aproximadamente 100 edificios de adobe en el área de Tucsón, dañando también la pared de la Misión San Xavier del Bac.
Una de las características de Santa Cruz es su campanario, el cual tiene una altura de 90 pies. Bob Vint, arquitecto en Tucsón opina que las proporciones angostas y verticales de la torre del campanario no son comunes y son parecidas a los minaretes que se ven en las mezquitas, algo que le atribuye a los extensos viajes de Granjon.
Granjon por lo general llevaba un cuaderno de dibujo en sus viajes y tenía un interés muy especial por la arquitectura, comentó Vint.
"Hay una influencia islámica", agregó Vint, quien escribió la nominación que dio como resultado que la iglesia ocupara un lugar en el Registro Histórico Nacional.
Vint informó que las campanas de la iglesia Santa Cruz sonaron por primera vez al finalizar la Primera Guerra Mundial, el 11 de noviembre de 1918.
Cuando Granjon escuchó que Alemania se rindió, corrió a la iglesia, subió los escalones de la torre y tocó las campanas para anunciar el Día del Armisticio (Día de los Veteranos) a toda la ciudad.
"Dentro de todo, es un edificio importante arquitectónicamente por su estilo – técnicamente por su construcción e históricamente por los acontecimientos que sucedieron ahí", opinó Vint.
Explicó que la iglesia es una entrada al área del Sur de Tucsón.
"El área al Sur de la Calle 22 históricamente se ha abandonado y descuidado económicamente", indicó Vint. "Fue construida en el lado Sur de la Ciudad para servir a la gente en aquella área de la ciudad y casi 90 años después de que fue construida sigue sirviendo a la población original".
Pero al diseñar y construir la iglesia, seguramente Granjon y Flores no anticiparon la explosión de dinamita.
La explosión ocurrió a la una de la mañana en noviembre de 1924, cuando los mineros de las minas de cobre del Sur de Arizona se unieron a los sindicatos y se levantaron en huelga exigiendo mejores sueldos y mejores horarios. Entre los huelguistas había un grupo militante a favor de la recientemente terminada Revolución Mexicana.
Como resultado de la revolución, los padres carmelitas fueron expulsados de México, muchos de ellos terminaron en el Suroeste.
En ese entonces, la Orden Carmelita era conservadora y abiertamente criticó la revolución, dijo Vint.
"Esencialmente fue una guerra de clases. Los mineros tenían acceso a la dinamita, ellos sabían cómo usarla y así lo hicieron", declaró Vint. "Yo he inspeccionado los arcos personalmente y están fracturados en su base.
Los que están más dañados son los que están cerca de la puerta. Literalmente se rompieron y agrietaron".
Nadie resultó herido.
Con el paso de los años los arcos fueron medio reparados con alambrón y pernos. Pero Pinto dice que la combinación de los daños ocasionados por los enfriadores de aire y el uso común y corriente, llegó la hora de remplazarlos por completo.
Por el daño perpetuado al techo tanto exterior como interior el coro está abierto solamente en ocasiones limitadas y la diócesis hace pruebas de ingeniería mensualmente.
Siempre y cuando no haya más explosiones con dinamita, los nuevos arcos deberán durar por lo menos 100 años, calculó Pinto.

