Elizabeth "Ann" Fortune-Gamble está en el escenario cantando mensajes de esperanza, alegría y milagros. La soprano canta con fuerza durante el Taller de Música Gospel (Evangelista) de América, de Tucsón.
Los jóvenes y adultos en la congregación se levantan, alzan los brazos al aire y gritan: "Alabemos al Señor" y "Amén" en una atmósfera semejante a un renacimiento.
Después, Deacon Al Berry guía a los fieles para orar por su hermana Ann en este concierto realizado en el mes de mayo en la Iglesia Bautista Mountain en Tucsón: "Bendice a nuestra hermana en diálisis. Sé que ahora está mejor. Que Dios la bendiga y la guíe en sus esfuerzos. Te damos las gracias en el nombre de Jesús".
Ann se seca las lágrimas.
A la edad de 54 años, nos comenta que es su fe la que la tranquiliza, mantiene su vida en perspectiva y le da resistencia para poder vivir con insuficiencia renal y diálisis diaria.
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La fe le da la fortaleza para seguir trabajando como coordinadora en una oficina para Carondelet Health Network; es una lucha porque su enfermedad le roba la energía y le complica su horario.
Su fe también les ayuda a ella y a su esposo David, de 47 años de edad a cuidar a la madre de Ann de 83 años, quien lucha con la enfermedad de Alzheimer.
Ann bien sabe que su madre, Elizabeth Fortune, no podrá vivir con ellos por mucho tiempo más. Ella está buscando un buen asilo para ella. "Odio hacer esto, pero sé que lo tengo que hacer", revela. "Espero que ella no olvide quién soy yo".
Altas y Bajas
El amor de Ann por la música es innato. Su madre cantaba y tocaba el órgano hace muchos años para las congregaciones que el padre de Ann – el ya fallecido Reverendo Walter Henry Frank Samuel Fortune – encabezaba como ministro para la Iglesia Episcopal Metodista Africana, incluyendo en la Capilla AME Prince en el Sur de Stone Avenue.
En el mes de agosto, Ann cantó en el coro del famoso Lyle Lovett en un concierto en el AVA del Casino del Sol. Ella le comentó a Lovett que estaba en diálisis y él le pidió que le avisara si se sometía a un transplante de riñón.
Al día siguiente tomó un avión a Nashville, Tennessee para la 41ava. Convención Nacional del Taller de Música Gospel de América realizado en el Resort Gaylord Opryland. El viaje la sacó de su horario habitual de diálisis y comenzó a retener líquidos por haber omitido un tratamiento. Sus piernas y pies se hincharon al punto de no poder caminar. Tuvo que depender de un carrito eléctrico para poder moverse en el inmenso resort y se debilitó tanto que no pudo participar en la útima presentación del coro.
Una vez que regresó a casa, tuvo que faltar un día al trabajo pues le dio peritonitis, una infección que causa la inflamación de la membrana que cubre la cavidad abdominal.
Este tipo de contratiempos son causa de la insuficiencia renal, algo que a Ann todavía le cuesta mucho trabajo aceptar. "Trato de asegurarle que todo saldrá bien y que sólo necesita seguir adelante", dice David, quien trabaja en los servicios de contestación telefónica del Carondelet Medical Group. Reza todos los días y lee la Biblia para inspiración.
Síntomas y descubrimiento
Hasta mayo del 2007, Ann pensó que tenía alergias fuera de control. Fue a consultar a un oftalmólogo pues pensó que sus síntomas eran la causa de su vista borrosa. Pero más bien se enteró que sus retinas estaban sangrando, y la causa de esto era la diabetes. La diabetes es la causa principal de la insuficiencia renal; la hipertensión es la segunda causa. Ann tiene las dos.
Se quedó atónita y sintió como si le hubieran dado un golpe en el estómago. No tenía idea de que era diabética – así como 6 millones de estadounidenses no lo saben, según un estimado nacional.
La diabetes eleva mucho el nivel de azúcar en la sangre. Si no se controla, puede conllevar a complicaciones como la ceguera, la amputación de miembros inferiores, problemas cardiacos e insuficiencia renal.
Una presión arterial alta no atendida puede ser la causa de insuficiencia renal, así como de embolias, infartos e insuficiencia cardiaca congestiva. En los Estados Unidos casi uno de cada tres adultos tiene presión arterial alta y un tercio de estos no lo saben.
Después de que Ann fue diagnosticada con diabetes, su salud se deterioró rápidamente. Para el Otoño ya tenía insuficiencia renal. Estaba anémica y recibió transfusiones de sangre; también desarrolló asma, todo como resultado de su insuficiencia renal.
Cuando los doctores mencionaron "diálisis" Ann se quedó mentalmente bloqueada. En silencio comenzó a planear el futuro de su madre en un asilo. Pensó que dejaría que la insuficiencia renal tomara su propio curso y viviría la vida lo mejor que pudiera sin la diálisis hasta que ella muriera.
Complicaciones
Después de semanas en que todo cayó en su lugar y el miedo disminuyó un poco, Ann comenzó a pensar con más claridad. Se dio cuenta que el pesimismo y la tristeza que invadían su mente eran debido a que se sentía débil y enferma.
Su deseo de vivir la volvió a poner en la realidad y para enero se sometió a una cirugía para colocar un catéter en su cavidad abdominal para hacer la diálisis peritoneal continua.
Carol Walton, enfermera en diálisis que hace visitas a domicilio con Fresenius Medical Care, le enseñó cómo hacerse el tratamiento y empezó con cuatro tratamientos al día en febrero.
Ann comienza a las 6 a.m. en casa y se hace otro tratamiento a las 11:30 a.m. durante un receso en el trabajo. El tercer tratamiento lo realiza a las 6:30 p.m. después del trabajo al llegar a casa, y el último de estos se lo administra a las 10:30 p.m. después de que acuesta a su mamá.
Los suministros para la diálisis se le entregan en su casa cada mes y cuando viaja, se los mandan a su destino.
Desde que empezó esta terrible experiencia Ann ha bajado 50 libras – la mayor parte es líquido que su organismo estaba reteniendo. "Ella se veía como el Osito Bimbo, toda hinchada. Ahora es una súper estrella", comenta su nefrólogo, Alan Cohn del Arizona Kidney Disease & Hypertension Center (Centro de Enfermedades del Riñón & Hipertensión de Arizona).
Las personas en diálisis son fuertes, opina su doctor. "La gente sobrevive porque quieren sobrevivir".
Tratamiento
El tratamiento de Ann y los cambios a su estilo de vida la están llevando a una vida más sana. Algunos días lucha contra el cansancio que la doblega. Tiene infecciones respiratorias, a menudo por consecuencia de las alergias.
Dejó de trabajar en diciembre, pero para el mes de abril regresó a Carondelet de tiempo completo. Se preocupa que por culpa de sus citas médicas cada mes no pueda continuar con su empleo. La mayoría de las personas en diálisis no trabajan ya que sus niveles de energía son muy bajos y la mayoría de las horas la pasan, tres días de la semana, en un centro de tratamiento.
Ann dice que la realidad para muchos es que necesitan una cobertura de seguro médico para ayudarles con los tratamientos hasta que entre en vigor Medicare después de 30 meses.
El enfrentarse a las cuentas por pagar crea más estrés en los pacientes, señala la trabajadora social Tambra Day, del centro Fresenius Medical Care. Ella aboga por los pacientes buscándoles ayuda financiera y ayuda para los medicamentos.
El 20 de junio, Ann tuvo su revisión médica mensual. Su presión arterial estaba en 203/108; su médico le dijo que necesitan bajar esos números.
El nivel de fósforo de Ann está alto, necesita cuidar más su dieta, la cual no le permite el consumo de productos lácteos. También debe consumir más frutas y verduras.
El deseo de un transplante
El 30 de mayo, Ann comenzó una evaluación en University Medical Center para ver si es candidata para un transplante.
Ella y David también necesitan tener un plan en caso de que él no la pueda traer al hospital tres veces a la semana para las pruebas y los análisis de laboratorio, si recibe el transplante. La pareja se entrevistó con una trabajadora social para hablar sobre sus opciones para poder cubrir los costos de los medicamentos para evitar el rechazo del órgano transplantado, los cuales el seguro de Ann no cubre. Esto pude significar un gasto de hasta 2 mil dólares al mes, lo cual les preocupa. El primer año después de un transplante los costos médicos pueden ascender desde 120 mil hasta 140 mil dólares; los pacientes de transplantes son responsables por lo que los seguros médicos no cubran.
Ann se siente muy afortunada de tener a tanta gente a su alrededor ofreciéndose para ser examinadas y ver si pueden donarle un riñón. Entre ellos está su esposo, y siete amistades a quien Ann ve como milagros de Dios, regalos que atesorar.
Una amiga es compatible como potencial donador pero la cantidadura de transplante de Ann está detenida mientras atiende otros problemas de salud.
"Un transplante de riñón le dará una vida normal y más larga. Se sentirá mejor, más fuerte, con mucha más energía y la vida será maravillosa", le asegura el doctor Alan Cohn.
En el futuro, le dice, deberá considerar un transplante de páncreas debido a su diabetes. Ann se queda sentada completamente inmóvil, y con el ojo cuadrado.
Viviendo cada momento
Ann quiere compartir muchos años más con David, el amor de su vida y su marido durante 12 años.
Ella quiere vivir cada momento mientras su madre todavía la reconoce. Quiere cantar con el coro de su iglesia y en conciertos con el Taller de Música Gospel. Lo que más quiere es tiempo, tiempo para cocinar más comidas y poner más mesas y compartir sus platillos tradicionales favoritos — pollo frito, verduras, pan de maíz y pay de camote — con aquellos que la inspiran.

