México, DF.- En estos días de festejar a los difuntos, las vitrinas y estantes de las panaderías ya lucen el tradicional pan de muerto que es muy solicitado para poner en los altares o para compartir con la familia y amigos.
Deliciosa ofrenda
En los registros de Fray Bernardino de Sahagún se menciona que los mexicas ofrendaban a los muertos una especie de pan ázimo, sin cal, al que llamaban yotlaxcalli, que podía interpretarse en diversas figuras, una de ellas el papalotlaxcalli o pan de mariposa en honor de las niñas difuntas. Se le imprimía un sello en forma de mariposa y, una vez cocido, se pintaba de colores.
"Se repartían entre el pueblo algunos pedazos de pan, a fin de compartir la esencia de la divinidad. Se supone que en esta costumbre está el origen del pan de muerto, luego de haber sufrido importantes variaciones", se explica en el libro Nuestras Tradiciones, editado por la Cámara Nacional de la Industria Panificadora (Canainpa).
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Olga Espinoza Chávez, directora de capacitación y comunicación de la Canainpa, aclara que si bien este alimento aparece en la mayoría de las ofrendas, su figura y nombre varían de una región a otra, ya que se le pueden dar apariencias diferentes: de cuerpo humano, un esqueleto o la más conocida, de montaña adornada con huesos y salpicada de azúcar, entre otras.
Un regalo especial
Samuel Salinas Álvarez, quien junto con Sonia Iglesias concibió el libro El Pan Nuestro de Cada Día, menciona que a los muertos hay que ponerles pan, pero no el de todos los días; tiene que ser uno especial, hecho para la ocasión, y para ello cada región tiene sus gustos y preferencias.
"Por ejemplo, en la Ciudad de México es un bollo redondo, blandito, adornado con cuatro o más canillas y espolvoreado con azúcar blanca o solferina. Está hecho de harina de trigo, manteca, agua de azahar, raspadura de naranja y cocimiento de anís. Puede ser adquirido desde las últimas semanas de octubre", explica el escritor.
Gari Salazar Silva, chef instructor de la Canainpa, resalta que otros panes bastante originales son los que se acostumbran en Cholula, Puebla y Tlaxcala, como las llamadas hojaldras de forma circular, a veces barnizadas o salpicadas de azúcar o de ajonjolí, que parecen representar una tumba con un cráneo y varias canillas entrecruzadas.
Concluye que aunque existe una gran variedad y maneras de elaborarlo, la receta básica es la misma, lo interesante está en la forma, en la decoración y en el afán de agasajar a los que ya se fueron, pero, sobre todo, a los que aún permanecen en este mundo.
Hay para todos los gustos
Conforme se acercan las festividades de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos, casi todos los rincones de la República comienzan a inundarse del característico olor a pan recién horneado, ese alimento destinado a las ofrendas, a consentir a las almas que están en el más allá y, por supuesto, a deleitar a los vivos.
Generalmente el más utilizado es el redondo. Su forma representa la dualidad entre la vida y la muerte, y los huesitos de adorno y la presencia de agua de azahar guardan todo un simbolismo a manera de evocación, de llamado a la muerte, de tenerla rondando, de rendirle tributo e invitarla a la fiesta.
Se dice que comer muertos es para el mexicano un verdadero placer. El fenómeno se asimila con respeto e ironía, se desafía a la muerte y se burla de ella comiéndola.
¿Y de tomar…? Atole para vivos y muertos
Quizá por su consistencia espesa y porque se bebe calientito, el atole es una de las bebidas que más se antojan en los días invernales, más si se trata de celebraciones como el Día de Muertos o Navidad, cuando las familias lo degustan para contrarrestar lo frío que pueda sentirse el ambiente.
Se trata de una bebida mexicana de origen prehispánico que, en su receta original, se elaboraba únicamente a base de harina de maíz y agua y se endulzaba al gusto, indica la página es.wikipedia.org.
Hilaria Lázaro, chef del restaurante La Mariachita, comenta que la base de cualquier atole es la masa de maíz, aunque también se puede elaborar con la masa de teja, que son semillas de girasol tostadas y molidas, sólo que esta bebida tiene que llevar leche y ser endulzada con piloncillo o miel de abeja por la consistencia de la masa que es muy parecida a la de trigo.
"Existe una gran variedad de atoles en México; entre ellos está el de fresa, vainilla, naranja y avena, pero el más común es el de champurrado, que está hecho de chocolate", indica.
Lo importante es que comparta con los vivos tan ricas tradiciones y no deje de recordar a los muertos que desde el "más allá" participarán con usted de momentos tan especiales.
Pan de muerto tradicional
Para 4 porciones
» 1 kilo de harina
» 250 gr de azúcar
» 45 gr de levadura fresca
» 10 huevos
» 100 ml de leche
» 300 gr de mantequilla
» 10 ml de esencia de vainilla
» 15 gr de sal
» 10 ml de esencia de azahar
» Mantequilla diluida
» Azúcar para espolvorear
Preparación:
» Hacer una fuente con el harina, agregar todos los ingredientes, mezclar hasta integrar y obtener una masa consistente. Tallar hasta despegar la masa de la mesa. Reposar de 30 a 40 minutos. Formar el pan, adornar con canillas (huesos elaborados de la misma) dejar que doble volumen. Hornear a 170 grados por 30 minutos. Retirar y barnizar con mantequilla derretida y espolvorear con azúcar.
Champurrado
Para 4 porciones
» Tiempo de preparación: 15 minutos
» Grado de dificultad: fácil
» 4 cucharadas de masa de maíz
» 3 tazas de leche
» 1 taza de agua
» 2 rajas de canela
» 1/2 taza de piloncillo en trozos
» 4 cucharadas de chocolate amargo picado
Preparación:
» Disolver la masa en una taza de leche y mezclar. Aparte, hervir el agua con la canela hasta que suelte color y agregar el piloncillo, las dos tazas de leche y la mezcla anterior de la masa.
» Dejar hervir a fuego bajo tres minutos sin dejar de revolver, luego añadir el chocolate, continuar revolviendo y dejar cocinar durante 10 minutos. Servir caliente en una taza.

