Una de las labores que disfruto mucho con los Arizona Diamondbacks son las traducciones que me toca hacer de la columna que escribe el presidente del equipo Derrick Hall, misma que aparece en la revista que se reparte gratis en el estadio.
Imagine la cantidad de experiencias que vive en cada temporada. La que acabo de traducir y que se entregará en la estancia que inicia la próxima semana en Chase Field de Phoenix no fue precisamente una de mis favoritas por el acontecimiento que platica.
A fin de cuentas es parte del beisbol, me llevó a recordar un dato que observé recientemente de un estudio que se hizo sobre los batazos de foul que van y golpean a una persona en las gradas.
Hall dice que recientemente una niña de apenas 18 meses de edad fue golpeada en la espalda durante la práctica de bateo. La familia le envió un email para agradecerle las atenciones que dan a los aficionados en general, porque aquel día se dieron cuenta de la movilización de tanto personal, como el hecho de que al llegar al cuarto de emergencias ya estaba un médico esperando a la niña quien fue atendida de inmediato, pudieron tranquilizarla y sobre todo quitarle el dolor.
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Según un estudio cada año son llevadas al hospital 300 personas por golpes sufridos por una pelota en estadios de Grandes Ligas y Ligas Menores en Estados Unidos. Considerando que se juega beisbol de ocho a nueve meses al año, es un promedio de más de una por día.
A eso agréguele los que se aguantan el dolor y no van al hospital, los que reciben golpes menores. Uno tiene que estar atento a la pelota cuando va a un estadio de beisbol, sobre todo si va con niños.
En la pasada estancia de los Diamondbacks en el Chase Field el fotógrafo del equipo Jon Wiley fue alcanzado dos veces por una pelota, y lo increíble es que las dos veces el batazo vino del mismo pelotero, Miguel Montero.
Es un trabajo muy divertido pero al mismo tiempo puede tener riesgos, Wiley al final estuvo bromeando con Montero. Afortunadamente hay valientes en las gradas que se dejan ir por la pelota y en ocasiones evitan que la bola golpee a un adulto mayor o un niño.
En lo personal le he metido las manos a unas cuatro o cinco pelotas bateadas que llegan a la cabina de transmisión, por más que digo que jamás lo volveré a hacer ahí está uno corriendo riesgos.
"Yo no se como hay gente que trata de atrapar la pelota a mano limpia", me dijo una vez el cronista del Salón de la Fama de los Dodgers, Jaime Jarrín.
Por allá de la temporada del 2000 ó 2001, no recuerdo exactamente, Luis González sacó un foul sin tanta fuerza que fue directo a mí, estaba un tanto fácil atrapar y pude hacerlo (por lo menos ya atrapé una), al rato me di cuenta que el anillo de matrimonio estaba achatado, hasta la fecha así lo conservo como recuerdo de un foul que atrapé.
Si ese batazo sin tanta fuerza pudo hacer eso (igual y el anillo es un tanto corriente), imagine a una gran velocidad. A la afición se le recomienda antes de cada juego, "esté atento a los batazos de foul que pueden causar lesiones".
En verdad que sobre todo cuando uno va con niños y está cerca de la acción no debe perder de vista la pelota, es como si no le pusiera al niño el cinturón de seguridad cuando regresara a casa.

