SAN DIEGO.— Los diarios deben concentrarse en hacer buen periodismo y dejar la sátira a los profesionales.
Observen, si no, el alboroto que se produjo cuando el Boston Globe creó una primera página falsa, con fecha de dentro de un año, abril de 2017. Presentada el domingo pasado en la sección de “Ideas” del diario y creada por la junta editorial, la parodia imaginaba lo que sería el mundo si Donald Trump saliera electo presidente.
En lo que podría haberse llamado la edición del diario del peor resultado posible, entre los titulares de la página se encontraban: “Soldados estadounidenses rechazan órdenes de matar familias de ISIS” y “Mercados se hunden ante guerra comercial”.
En la parte inferior izquierda, había una nota que decía: “Lo que leyeron en esta página es lo que podría ocurrir si el puntero del Partido Republicano logra poner sus ideas en la práctica, sus palabras en acción. Muchos estadounidenses quizás encuentren esa visión atractiva, pero la junta editorial del Globe la encuentra profundamente perturbadora”.
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Los partidarios de Trump quedaron más perturbados por la parodia. Muchos de los que llamaron a programas de radio conservadores la condenaron como injusta, sesgada e innecesariamente provocadora. Los guardianes mediáticos conservadores consideraron toda la idea “estúpida” y “absurda”.
El candidato sin duda se indignó. Durante una concentración, el domingo, en el norte del estado de Nueva York, Trump criticó al diario.
“Y qué tal ese estúpido Boston Globe,” dijo Trump a la multitud. Señaló que el diario fue vendido, hace cuatro años, por una fracción de lo que había valido hace un par de décadas.
El multimillonario tildó al diario de “totalmente deshonesto” y esencialmente afirmó que no había ni gota de verdad en nada de lo que imprimió.
“Toda la primera página es una historia ficticia, que realmente no es diferente de todo el diario, toda la cosa,” dijo Trump. “Quiero decir todo es inventado”.
Bueno, no todo. Muchos de esos artículos farsescos provenían de cosas dichas por Trump, promesas que hizo o políticas que propuso. Tiene que reconocer eso. Ya es hora de que asuma la responsabilidad de lo que sale de su boca.
Honestamente, me alegré de que la sátira avergonzara a los partidarios de Trump y a otros conservadores.
Tienen derecho a apoyar a quien quieran para la presidencia, pero se los debe forzar a enfrentar las consecuencias probables de su decisión. Si los que apoyan a Trump se sienten incómodos al ver sus propuestas impresas en blanco y negro en un diario, eso debería decirles algo. Quizás tengan que reconsiderar a quién apoyan.
Pero eso no significa que la parodia haya sido una buena idea. No lo fue.
Lo que me molestó más fue el titular “Se inician deportaciones”.
Eso fue pereza periodística de la peor clase. La junta editorial quiso sugerir que, si Trump sale electo presidente, se harán redadas en los hogares y cantidad de inmigrantes indocumentados serán deportados.
Como si eso no estuviera pasando ya, bajo el presidente que tenemos ahora--un presidente que, a propósito, esa misma junta editorial refrendó en 2008 y 2012. Eso sí que es falta de auto-conocimiento.
¿Qué pasó con la idea de retar a los lectores profundizando más en una historia?
Cuando se hace eso en el debate de la inmigración, se encuentra algo, muy pronto, de lo que la izquierda no habla –miembros de los sindicatos obreros que se oponen a la inmigración, porque temen que les cueste puestos de trabajo y que baje los jornales; y los políticos demócratas que alimentan ese temor socavando discretamente esfuerzos de reforma cuando todos están distraídos por las increíbles cosas que dicen los republicanos.
En lugar de preocuparse por lo que sucedería bajo un presidente Trump, el Globe debería preocuparse sobre lo que ocurrió en realidad bajo el presidente Obama.
No es que sea secreto.
En una entrevista reciente en el Globe, se le preguntó a Junot Díaz, escritor galardonado con el Premio Pulitzer, qué lo decepcionó más de la presidencia de Obama. Su respuesta fue: “El hecho de que deportó a medio mundo”.
Aunque a menudo veo editoriales en el Washington Post y el New York Times que condenan al gobierno por su dura posición en el cumplimiento de la ley migratoria –lo que incluye casi 3 millones de deportaciones en los últimos siete años y medio, y cientos de miles de familias que quedaron divididas– sólo vi unos pocos editoriales en el Globe.
Ahora, de repente, ¿a la junta editorial del Globe le preocupa la suerte de los inmigrantes? ¿Por qué? Porque brinda a sus miembros la oportunidad de criticar a Trump. Gracias por nada, amigos.
La dirección electrónica de Rubén Navarrette es ruben@rubennavarrette.com. © 2016, The Washington Post Writers Group

