SAN DIEGO – Cuando se trata de la inmigración, los demócratas son maestros del engaño.
Echan la culpa a los republicanos, mientras hacen demagogia con los obreros estadounidenses deportando veintenas de inmigrantes ilegales. Promueven la reforma sólo lo suficiente para interesar a los latinos, pero no tanto como para arriesgar que se lleve a cabo. Mantienen la charada de que la reforma aún es viable, mientras sostienen que aquellos individuos que alardearon haber deportado no fueron, en realidad, deportados.
La única persona que podría comprender todo esto es Omar Little, el pistolero ficticio de la serie de HBO “The Wire”. Sobre las manipulaciones, maquinaciones y locura del debate de la inmigración, Omar se encogería meramente de hombros y diría: “Es todo parte del juego”.
Por un lado, Obama continúa respondiendo a las acusaciones de que él es el jefe máximo de las deportaciones presentándose como el campeón en jefe de la reforma migratoria. El Presidente, que a menudo ha esquivado al Congreso con órdenes ejecutivas, afirma que no puede reducir las deportaciones a menos que el Congreso actúe.
People are also reading…
Por otro lado, se espera que el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) dé a conocer en las próximas semanas un memorando esbozando normas cuyo propósito es reducir las deportaciones. El DHS hasta podría detener las deportaciones de los que caen en ciertas categorías, como padres de niños nacidos en Estados Unidos.
Primero, el senador Charles Schumer, de Nueva York, dice a la revista Politico que, si la Cámara de Representantes controlada por los republicanos entra en receso en septiembre sin haber aprobado la reforma migratoria, “el gobierno debe dejar de deportar a individuos trabajadores, respetuosos de la ley, que estarían cubiertos en la propuesta de ley del Senado”.
Pero después, según BuzzFeed, un miembro clave del personal de Schumer tiene un encontronazo con la Casa Blanca sobre los cambios que el DHS probablemente proponga. Según el artículo —que utilizó dos fuentes presentes en una reunión entre el asistente de Schumer, Leon Fresco, y Cecilia Muñoz, directora del Consejo de Políticas Internas de la Casa Blanca—, Fresco señaló que si la política migratoria es más indulgente enojará a los republicanos y condenará las perspectivas de una reforma migratoria en el Congreso.
Examinemos todo esto.
En primer lugar, Obama ya ha hecho todo lo posible para pasar la responsabilidad a los republicanos. En marzo, en una reunión municipal organizada por Univisión, Telemundo y La Opinión-impreMedia, el Presidente expresó: “En cierto momento, el motivo por el que las deportaciones tienen lugar es que el Congreso dijo que hay que hacer cumplir estas leyes”.
¿Así es que ahora Obama está siguiendo órdenes del Congreso? En política exterior, educación y economía hace lo que le parece. ¿Pero en inmigración lo deja a cargo de la rama legislativa? ¿Por qué no admitir que no le importa lo que les ocurra a los inmigrantes ilegales y que, de hecho, a juzgar por algunos de sus cometarios, él piensa que perjudican a los trabajadores estadounidenses al causar la caída de los jornales?
Segundo, ¿a quién cree Schumer que está engañando con su nueva personalidad de moderado? Hasta hace unos años, apoyó lo que esencialmente era un enfoque exclusivo de cumplimiento de la ley. Y en 2010, hasta acompañó a Obama cuando éste firmó una ley que asignaba 600 mil millones de dólares para la utilización de aviones de vigilancia teledirigidos en la frontera y más agentes para la Patrulla Fronteriza. Schumer finalmente expresó su apoyo a conceder categoría legal a los indocumentados, y hasta se unió a la “Pandilla de los Ocho” del Senado para forjar un acuerdo.
Pero en lo que surgió hay dos partes de imposición de la ley por cada parte de legalización. La ley del Senado ofrece más cercas y la duplicación de los agentes de la Patrulla Fronteriza hasta alcanzar 40 mil individuos. Mientras tanto, según analistas que han estudiado la propuesta, sólo alrededor de la mitad de los 11 millones de inmigrantes indocumentados en los Estados Unidos cumplirían los requisitos para obtener categoría legal.
Tercero, pueden apostar que Fresco no actuó por la suya, sino que habló en nombre de su jefe, Schumer, al expresar preocupación sobre el intento de la Casa Blanca de aflojar el pedal de las deportaciones. El Senador está tratando de tenerlo todo. ¿El asistente está preocupado por perjudicar la posibilidad de una reforma migratoria este año?
Por favor. No hay posibilidades de que el Congreso actúe en el asunto de la inmigración este año, ni nunca en un futuro cercano.
¿Por qué no dice Fresco, en voz alta, lo que la mayoría de los observadores astutos de este debate ya han comprendido —que el único grupo al que los demócratas no quieren irritar es el de los obreros estadounidenses, que generalmente votan por el Partido Demócrata y que se oponen a permitir que los inmigrantes ilegales permanezcan en el país y compitan por puestos de trabajo?
Los demócratas se especializan en la prestidigitación, alimentada por la preocupación de mantener las apariencias.
Es todo parte del juego.
La dirección electrónica de Rubén Navarrette es ruben@rubennavarrette.com.
© 2014, The Washington Post Writers Group.

