Ya casi es Navidad, la temporada de los tamales. Claro, también voy a comer algunos de los otros platillos asociados a estas fiestas, pero los tamales de chile colorado son los que hacen que la mesa esté completa.
Es más, mientras escribo esto puedo percibir ese olor inconfundible saliendo de la gran olla en la estufa llena de tamales cocidos al vapor mezclado con el aroma de la carne con chile preparada una noche antes. Qué increíble tradición para preservar y para celebrar con la familia.
Pero tengo algo que confesar: Yo no hago tamales en casa. No he estado en una tamalada familiar en años. Ni siquiera recuerdo la última vez que estuve en una.
Algo penoso para un tucsonense. Me encanta mi cultura chicana de la frontera, la historia y las tradiciones, y aun así nunca he metido mis manos en la masa ni embarrado las hojas de los tamales.
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Yo le compro tamales a una señora muy trabajadora del sur de Tucsón que hace tamales para vender durante todo el año. Y si no compro, gorreo de los de mi familia. Como sea, yo he fallado en mantener vivo este ritual cultural.
Pero mi amiga de Cholla High School se reúsa a dejar morir la tradición. Es más, para ella es algo más significativo ahora que antes, dijo Elvia Corral Gándara.
“Es algo importantísimo para mis hijas y para mí. Yo quiero que ellas aprendan lo que mi abuela y mi madre me enseñaron”, me dijo por teléfono.
Eso es lo bonito de hacer los tamales. Es una experiencia que nos une. No se trata sólo de embarrar la masa en las hojas, sino más bien de mantener vivos los recuerdos y crear otros nuevos.
Es algo que aprecio, dijo Gándara.
Como algunos otros, Gándara participa en más de una tamalada durante esta época. Una es con su hermana, Elsa Corral-Aguirre, y su mamá, Romelia Corral, y a veces una tía y una prima. La otra es con sus dos hijas, Kristen y Krystal Gándara.
Y ninguna de las dos tamaladas hay hombres. Aunque esa no es una regla a la hora de hacer tamales.
Yo recuerdo cuando niño que mi abuelo materno tenía su función. Él amasaba en una pequeña bandeja. Aunque no me acuerdo que haya participado en la línea de ensamble.
Eso se lo dejaban a las mujeres y a los jóvenes, quienes, por regla, eran estrictamente supervisados por las mujeres que siempre estaban prestas para dar instrucciones:
“Esa es mucha masa”. “Ni siquiera la desparramaste”. “Hazlos más grandes”. “Más chicos”. “Deja de estar jugando”.
Para Gándara y su familia, una Navidad no sería Navidad si no hicieran tamales.
“Me sentiría terrible si no los hiciera”, dijo, negándose a imaginar siquiera una Navidad sin su familia reunida y las ollas de tamales humeando.
Carmen Villa Prezelski también mantiene la tradición, tratando de “replicar lo más posible los tamales de mi mamá, que ella hacía todavía en sus noventas”, dijo.
“Era una gran producción. Ella misma molía el maíz”, dijo Prezelski, quien dijo que ella compra la masa en la tienda para que el proceso no sea tan largo.
Prezelski ha experimentado con la receta de su mamá, Matilde Villa, pero no logra que le salgan igual. Por ejemplo, su mamá tenía un método a prueba de fuego para saber si la masa estaba lista.
“Esparcía masa en la palma de su mano para probarla”, dijo Prezelski. “Tenía que sentirla en su punto”.
Su mamá, quien murió a sólo dos meses de cumplir los 100 años, en el 2005, era tan buena para los tamales que el ya desaparecido El Rancho Grande Café en East Broadway, cerca de Park Avenue, contrataba a Villa para que hiciera tamales en la época navideña, dijo Prezelski, quien durante 14 años escribió una columna sobre comida, familia y cultura local en el Tucson Citizen.
Ahora, Prezelske y su esposo Tom, conocido por algunos como “Sarge”, hacen sus tamales, entre 20 y 30 docenas. Y tiene una fórmula secreta.
“Nunca los he podido hacer sentada. Tengo que estar parada”, dijo. “No me siento bien si no estoy de pie”.
Sé que me lo he perdido. Hacer tamales fue parte de mi juventud y es una conexión que he perdido. Pero siempre está el próximo año para hacer tamales.
Por lo pronto, este año acepto invitaciones.
Ernesto Portillo Jr. es editor de La Estrella de Tucsón. Contáctalo al 573-4187 o en netopjr@tucson.com. En Twitter: @netopjr.

