Oscar Ramón Segura era de la vieja escuela, al menos cuando se trataba de preparar su salsa picosa.
Cada mes, molía más de 130 kg (300 libras) de chiles y los convertía en botellas de salsa picante, unas 69 mil 120 al año. Lo hacía todo a mano –limpiaba los chiles, los ponía en una pequeña licuadora industrial y vaciaba la salsa en botellas. Depués etiquetaba las botellas y las empacaba, con la ayuda de sus hijos y, en años recientes, de sus nietos.
Sugura lo hizo igual que su padre, y ahora sus hijos continuarán la tradición de hacer, empacar y enviar las coloridas botellas de los cuatro sabores de Poblano Hot Sauce.
“Él sólo quería mantenerlo vivo, igual que nosotros queríamos mantener esto vivo”, dijo la hija de Segura, Tammy Orantez.
Su padre murió el 17 de noviembre a los 81 años, después de toda una vida produciendo la Poblano Hot Sauce, el negocio que heredó de su padre, Niolás C. Segura, quien estableció la compañía en 1924.
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Ahora, la tercera y la cuarta generación de la familia Segura mantendrá la salsa a flote.
“Trataremos de mantener el legado”, dijo Jacqueline Rivero, de 33 años, nieta de Segura. “Es un ícono para Tucsón”.
Su abuelo se unió a su bisabuelo para manejar el negocio de tiempo completo a mediados de los sesentas, después de haber prestado sus servicios en el U.S Army. Oscar Segura, originario de Tucsón y egresado de la preparatoria Tucson en 1953, era veterano de la Guerra de Corea.
Segura no modificó mucho de lo que su padre había iniciado, con una excepción importante: la hizo un poco menos picosa. “La gente se quejaba de que estaba muy picosa”, le dijo al columnista del Arizona Daily Star Bonnie Henry en el 2001.
Pero por años, Segura no conoció la receta que su padre había creado. Fue hasta que su papá estuvo cerca de la muerte, en 1985, que Nicolás le pasó la receta a su hijo.
De la misma forma, Oscar no reveló el secreto a nadie más hasta hace muy poco, cuando se la pasó a su hijo Javier Segura.
“Ni siquiera mi esposa, Celina, la sabe”, dijo Javier un día antes del Día de Acción de Gracias en su pequeña fábrica cerca de East 44th Street y South Palo Verde Road, donde su familia, incluida su madre, Gloria Peralta Segura, se habían reunido para etiquetar y empacar la más reciente producción.
Orantes dijo que las únicas pistas que le había dado su padre sobre la salsa fueron “le puse un poco de esto y un poco de aquello”.
La receta de su salsa no fue su único secreto culinario, dijo su familia. Hacía su propio chorizo de puerco y res sin revelar qué especias le ponía.
La siguiente generación puede hacer sus propios cambios, pero por ahora, las cuatro salsas, tres rojas y una verde, se producirán de la misma forma, dijo Javier.
“Mi papá hubiera querido que siguiéramos”, dijo Javier.
La salsa se puede hallar en tiendas de la ciudad como Food City, Safeway, Fry’s, así como en algunos restaurantes, entre ellos Jerry Bobs and Frank’s ubicado en East Pima y North Alvernon. También realizan envíos de botellas y galones de salsa fuera del estado.
Y sus seguidores llevan las pequeñas botellas de etiqueta verde, roja y amarilla por todo el mundo.
Cuando Javier prestó servicio en Desert Storm, su papá le enviaba la salsa Poblano en envases de plástico, y lo mismo hizo cuando Javier estuvo en Irak con su unidad de la Guardia Nacional del Ejército en 2006 y 2010.
La salsa nació en los restaurantes del centro de Tucsón La Lonchería y El Banquete, propiedad de Nicolás Segura y si esposa Angelita, ambos inmigrantes mexicanos. La historia familiar cuenta que a principios de los cuarentas, Don Nicolás, como le decían, vendió su salsa Poblano en botellas de cerveza recicladas. Sus principales clientes eran comerciantes chinos, cuyas muchas tiendas surtían a los barrios del centro.
Ahora la empresa tiene su local y un distribuidor nacional y es vendida por Internet.
Oscar Segura trabajó menos y menos conforme su salud se deterioraba. Oler y pelar tantos chiles puede ser dañino para los pulmones y la piel. Pero Segura no podía mantenerse alejado; estuvo en la fábrica cuatro días antes de morir, dijo su hijo Oscar Segura Jr., quien trabaja de tiempo completo en Poblano.
Cuando no estaba moliendo chiles y haciendo su receta secreta, a Oscar Sr. y a su esposa les encantaba ir a los juegos de futbol de la Universidad de Arizona. Compraban abonados para la temporada. También asistían a muchos eventos en Tucson Magnet High School, a donde fueron la mayoría de sus 16 nietos.
La familia extrañará su humor. Oscar les puso apodo a todos en la familia. Y extrañarán su firma cuando les dejaba un mensaje en el teléfono: “Toot-a-loo”.
Toot-a-loo, Oscar.
Ernesto “Neto” Portillo Jr. es editor de La Estrella de Tucsón. Contáctalo al 573-4187 o en netopjr@tucson.com.

