Aunque para el crítico perdonavidas promedio éste es un género menor, lo cierto es que el cine de terror nunca ha dejado de ser parte medular de la inventiva Hollywoodense.
Para hablar de él suelen elaborarse listas con aquéllas que para la audiencia son las más aterradoras (Evil Dead I y II, Poltergeist, Texas Chainsaw Masacre, The Exorcist…), ejemplares cuyo mérito radica en la intensidad del miedo y el volumen de los gritos que provocan.
Otras listas incluyen clásicos incuestionables (Psycho, Rosemary’s Baby, Invasion of the Body Snatchers,The Night of the Living Dead, Frankestein’s Bride…), y otras a las que no queda de otra que darles el reconocimiento de calidad que merecen (Nosferatu, The Exorcist, The Shinning, The Silence of the Lambs, etc.).
Oleadas de terror siempre han existido, recordemos, por ejemplo, las cintas slasher de los 80 (Friday the 13th, Nightmare on Elm Street, Texas Chainsaw Masacre, Halloween...) que por toda una década plantaron a sus populares y torcidos héroes (Jason, Feddy, Leatherface, Michael Myers…), en la mente del respetable o, más recientemente, aquéllas que aprovecharon la bandada asiática (Ringú, Shutter, Gin gwai, Odishon, Ju-On...) que refrescó un poco el género, invirtiendo de manera interesante el papel de la figura femenina y la infantil, que de víctimas pasaron a ser los monstruos en los remakes The Ring, The Grudge, The Eye, etc.
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Si comencé hablando de listas, clásicos y oleadas es porque el filme de esta semana, “Insidious: Chapter 3” (Leigh Whannell, 2015), tiene su origen en algo similar: pertenece a una serie de producciones surgidas de una misma fuente, una película que consiguió colocarse en el gusto de los (a veces) exigentes fans del género: “Saw” (James Wan, 2004).
Aunque no lo crea, esta modesta obra fue el motor que facilitó la existencia de una serie de productos que se extendió más allá de la propia franquicia que originó, conformada por siete cintas, malas unas y otras no tanto.
Nombres como James Wan, Leigh Whannell y Darren Lynn Boussman, han sido los responsables (ya sea escribiendo o dirigiendo) de, además de la saga mencionada, de obras como “Dead Silence”, “Mother’s Day”, “11-11-11” pero, sobre todo, “Insidious” y “The Conjuring”, estas dos últimas ya con sendas secuelas.
“Insidious: Chapter 3” es apenas la ópera prima de Leigh Whannell, un integrante central de este equipo creativo, quien hasta ahora había limitado su participación como guionista, productor y actor, roles que, por cierto, repite aquí junto a su ya mencionada responsabilidad tras las cámaras.
La película se presenta como una precuela de lo ocurrido a la familia Lambert, quien fue asediada por una extraña presencia en su propio hogar, la cual mantuvo a su pequeño hijo en un estado semicatatónico en Insidious I y II.
En ésta, la tercera entrega, conoceremos a la joven Quinn Brenner (Stefanie Scott), una cándida adolescente que se convierte en la víctima de una entidad sobrenatural que habita en su casa. Veremos también a Lin Shaye (Elise Rainier), una especie de médium caritativa que no duda en utilizar sus poderes psíquicos para ayudar a los demás en la que, por cierto, fue su primera intervención en el caso.
Por último, conoceremos a un padre (Dermot Mulroney) incrédulo sobre estos menesteres, pero que se ve obligado a aceptar la intervención de Lin ante la impotencia de no poder hacer nada por su hija.
La cinta contiene los sustos acostumbrados del género, una explicación plausible sobre el origen de la extraña presencia, además de uno que otro susto nuevo y un par de giros de tuerca disfrutables, elementos que han hecho que esta especie de sociedad continúe siendo vigente en el género hasta hoy en día. Hasta la próxima.
Aunque para el crítico perdonavidas promedio éste es un género menor, lo cierto es que el cine de terror nunca ha dejado de ser parte medular de la inventiva Hollywoodense.
Para hablar de él suelen elaborarse listas con aquéllas que para la audiencia son las más aterradoras (Evil Dead I y II, Poltergeist, Texas Chainsaw Masacre, The Exorcist…), ejemplares cuyo mérito radica en la intensidad del miedo y el volumen de los gritos que provocan.
Otras listas incluyen clásicos incuestionables (Psycho, Rosemary’s Baby, Invasion of the Body Snatchers,The Night of the Living Dead, Frankestein’s Bride…), y otras a las que no queda de otra que darles el reconocimiento de calidad que merecen (Nosferatu, The Exorcist, The Shinning, The Silence of the Lambs, etc.).
Oleadas de terror siempre han existido, recordemos, por ejemplo, las cintas slasher de los 80 (Friday the 13th, Nightmare on Elm Street, Texas Chainsaw Masacre, Halloween...) que por toda una década plantaron a sus populares y torcidos héroes (Jason, Feddy, Leatherface, Michael Myers…), en la mente del respetable o, más recientemente, aquéllas que aprovecharon la bandada asiática (Ringú, Shutter, Gin gwai, Odishon, Ju-On...) que refrescó un poco el género, invirtiendo de manera interesante el papel de la figura femenina y la infantil, que de víctimas pasaron a ser los monstruos en los remakes The Ring, The Grudge, The Eye, etc.
Si comencé hablando de listas, clásicos y oleadas es porque el filme de esta semana, “Insidious: Chapter 3” (Leigh Whannell, 2015), tiene su origen en algo similar: pertenece a una serie de producciones surgidas de una misma fuente, una película que consiguió colocarse en el gusto de los (a veces) exigentes fans del género: “Saw” (James Wan, 2004).
Aunque no lo crea, esta modesta obra fue el motor que facilitó la existencia de una serie de productos que se extendió más allá de la propia franquicia que originó, conformada por siete cintas, malas unas y otras no tanto.
Nombres como James Wan, Leigh Whannell y Darren Lynn Boussman, han sido los responsables (ya sea escribiendo o dirigiendo) de, además de la saga mencionada, de obras como “Dead Silence”, “Mother’s Day”, “11-11-11” pero, sobre todo, “Insidious” y “The Conjuring”, estas dos últimas ya con sendas secuelas.
“Insidious: Chapter 3” es apenas la ópera prima de Leigh Whannell, un integrante central de este equipo creativo, quien hasta ahora había limitado su participación como guionista, productor y actor, roles que, por cierto, repite aquí junto a su ya mencionada responsabilidad tras las cámaras.
La película se presenta como una precuela de lo ocurrido a la familia Lambert, quien fue asediada por una extraña presencia en su propio hogar, la cual mantuvo a su pequeño hijo en un estado semicatatónico en Insidious I y II.
En ésta, la tercera entrega, conoceremos a la joven Quinn Brenner (Stefanie Scott), una cándida adolescente que se convierte en la víctima de una entidad sobrenatural que habita en su casa. Veremos también a Lin Shaye (Elise Rainier), una especie de médium caritativa que no duda en utilizar sus poderes psíquicos para ayudar a los demás en la que, por cierto, fue su primera intervención en el caso.
Por último, conoceremos a un padre (Dermot Mulroney) incrédulo sobre estos menesteres, pero que se ve obligado a aceptar la intervención de Lin ante la impotencia de no poder hacer nada por su hija.
La cinta contiene los sustos acostumbrados del género, una explicación plausible sobre el origen de la extraña presencia, además de uno que otro susto nuevo y un par de giros de tuerca disfrutables, elementos que han hecho que esta especie de sociedad continúe siendo vigente en el género hasta hoy en día. Hasta la próxima.

