Open Road Films, LLC Lou Bloom, Jake Gyllenhaal, es un joven desesperado por encontrar trabajo que se topó con un grupo de camarógrafos independientes que graban a estrellas de cine, incendios, asesinatos y otros caos que se convierten en dólares. Una exploración a la oscura vida nocturna de una gran ciudad.
Hay cintas que marcan definitivamente a un actor y que, a través de los años, se convierten en las que servirán como referencia para sopesar su verdadero legado.
En el caso de Jake Gyllenhaal ni la controvertida “Brokeback Mountain” (Ang Lee, 2005), por la que fue nominado al Oscar, la costosa “The Prince of Persia: The Sands of Time” (Mike Newell, 2010) ni mucho menos la entretenida “Source Code” (Duncan Jones, 2011) lo han marcado de manera importante, pues sólo han sido vehículos de exhibición que le han servido más bien para mantenerse vigente en la industria.
People are also reading…
Nacido con el nombre de Jacob Benjamin Gyllenhaal, hermano de Maggie e hijo del director de cine Stephen Gyllenhaal, este actor de 34 años tiene en la enigmática y fantástica “Donnie Darko” (Richard Kelly, 2001) su trabajo más emblemático en lo que va de su carrera; la cinta, por cierto, fue su primer papel protagónico y lo realizó a sus apenas 21 años.
Pero hace ya tiempo que este actor ha intentado enfocar sus energías en seguir el ejemplo de los actores que admira (Brando, Pacino, De Niro…) y ha sabido elegir roles más interesantes o demandantes (y luchado encarnizadamente por ellos), los cuales poco a poco le han otorgado, ahora sí, un sitio de mayor respeto en el gremio.
Cintas como “Zodiac” (David Fincher, 2007), en donde compartió créditos con Robert Downey Jr. y Mark Ruffalo; la conmovedora “Brothers” (Jim Sheridan, 2009); el drama policiaco “End of Watch” (David Ayer, 2012); la angustiante “Prisoners” (Denis Villeneuve, 2013), pero sobre todo “Enemy” (2013) del mismo Villeneuve y basada en la intrigante novela “El hombre duplicado”, del portugués José Saramago, son prueba incuestionable de que Gyllenhaal está dando pasos mucho más seguros en el proceso.
“Nightcrawler” (Dan Gilroy, 2014) podría significar para Gyllenhaal su mejor papel hasta el momento. No sólo porque evidencia un rango de actuación más amplio, sino porque en su desempeño se puede oler ya un método de trabajo. Para confirmar esta teoría basta recordar el tic en el ojo que le dio otra dimensión a su personaje del detective Loki en la mencionada Prisoners.
Nightcrawler cuenta la historia de Lou Bloom (Gyllenhaal), un tipo excéntrico, solitario y de moral y ética dudosa que quiere abrirse paso en la oscura industria del reportero freelance. Decidido a hacerse de éxito en esa actividad, Lou comienza a vigilar de cerca a la ciudad con la esperanza de cazar algún accidente espectacular o crimen sangriento que satisfaga el morbo del consumidor.
Accidentes de autos, incendios, episodios de violencia doméstica y asesinatos son para él material de trabajo, mismo que de alguna manera pretende convertir en una empresa exitosa; los cursos en línea que ha tomado y los programas de televisión que ha visto le han enseñado lo necesario para tener una autoestima alta y una particular visión para los negocios.
Es así como, armado con una cámara de video y asistido por un colaborador inexperto, Lou comienza a buscar y proveer de material llamativo a una hambrienta veterana en la industria de la televisión (Renee Russo), quien cada vez le pide más.
Muy pronto, el ambicioso y obsesivo Lou, quien siempre ha poseído la frialdad suficiente como para observar todo de cerca sin inmutarse en absoluto, comienza a cruzar la delgada línea que divide al observador pasivo del participante activo de los eventos que graba.
Además de hacer una dura crítica a la absurda voracidad de los medios, Nightcrawler es también una exploración a la oscura vida nocturna de una gran ciudad y, sobre todo, un aceptable estudio a la compleja naturaleza humana y su búsqueda del éxito a toda costa. Hasta la próxima semana.

