MÉXICO, DF.- La del poncho rojo, domadora del dolor y las tristezas, amiga de José Alfredo Jiménez y las cantinas, la de los conciertos con pistola al cinto y botella en mano, la del "mundo raro" que amó como ningún hombre a las mujeres, la de Las simples cosas, la canción que elegiría entre todas y que encabeza el soundtrack de su vida, se bebió la existencia como quiso, siempre lo grande, y "trascendió" el pasado Domingo, a los 93 años, en Cuernavaca; no había ya oxígeno que la llenara.
Y "trascender" es la palabra para Chavela Vargas, porque las "chamanas", como ella misma decía, nunca mueren.
Había viajado 9 mil kilómetros desde Madrid, donde estuvo internada 10 días por una taquicardia, para regresar lo antes posible a México, donde sería nuevamente internada. Aquí habría de despedirse del Cerro del Chalchi, con el que conversaba todas las mañanas; de "Lola" y "Joaquín", sus entrañables xoloescuincles, y de los jardines de La Monina, quinta donde vivió en Tepoztlán los últimos cinco años.
People are also reading…
"No se quejó ni un sólo segundo", aseguró María Cortina, amiga y biógrafa que la vio partir desde su cama de hospital. Eran, más o menos, la una de la tarde y no quería lágrimas.
Isabel Vargas Lizano, que es como se llamaba en realidad esta mexicana nacida en 1919 en San Joaquín de Flores, Costa Rica, fue nombrada chamana por los huicholes potosinos; tenía una especial afección a las plantas medicinales, un singular sentido para prever problemas en las personas e, incluso, descubría el "mal de ojo". Mientras estuvo internada no quiso someterse a tratamiento artificial alguno. Lo contrario hubiera puesto en riesgo su "trascendencia".
La intérprete de temas como La Llorona, Luz de luna, Toda una vida y Un mundo raro, llegó al país en los años treintas, a los 14 años de edad, vivió en la zona roja del DF y trabajó como cocinera, chofer, costurera y vendedora. Por recomendación de un coronel, amante de una prima suya, cantó en la Lotería Nacional, plataforma que la proyectaría como nunca imaginó.
Tata Nacho le diría que se buscara otro oficio porque cantaba "horrible", pero no cambió de opinión. Los tacones y el escote que utilizó al principio no le ayudaron, pero cuando se presentó de pantalón de manta y jorongo, fumando y portando un arma causó revuelo. "¡Marimacha!", le gritaban.
Conocería a Cuco Sánchez, Álvaro Carrillo y a José Alfredo Jiménez, su amigo entrañable y compañeros de parranda; el Tenampa era uno de sus sitios preferidos, pero el hígado de su también productor no le aguantó el paso.
En 1955 fue contratada por el Blue Angel de New York, donde cantó junto a Harry Belafonte. Vivó entonces una euforia que la llevó a Sudamérica y Europa. En 1961 lanzó el primero de más de 80 álbumes: Noches de Bohemia.
A Diego Rivera y a Frida Kahlo los conocería en una posada organizada por ellos. Dijo alguna vez Chavela que la pintora fue el gran amor de su vida: "Lo que sentí por ella nunca se repitió, que lo que puse de mí en ella fue todo cuanto tenía".
Dos mujeres más dominaron su vida: María Calvo, "Macorina", una modelo que conoció en La Habana por medio de Nicolás Guillén, y María Tepozteca; "Tepozteca linda, de pezón erecto, de zapote prieto..."
El alcohol la llevó al límite. Siempre estaba ebria y no la contrataban para cantar. Fue en los setentas cuando desapareció. Se le dio por muerta hasta que pasaron 15 años, cuando conoció a Jesusa Rodríguez y Liliana Felipe, quienes la presentaron en el teatro-bar El Hábito, donde cantó como no lo había hecho antes: sobria.
De allí vendría la fama que la había abandonado; su salto hacia España.
Pedro Almodóvar, quien llevó su música a películas como "La flor de mi secreto" y "Carne Trémula", la presentó durante sus conciertos en ese país. "Vargas hizo del abandono y la desolación una catedral en la que cabíamos todos y de la que se salía reconciliado con los propios errores, y dispuesta a seguir cometiéndolos", expresó al enterarse de su partida.
Recordó además su presentación en el Olympia de París, una gesta que sólo otra mexicana había conseguido: Lola Beltrán.
En España también conocería a Sabina, quien la eternizaría en tres versos que la definirían entre los más jóvenes: Las amarguras no son amargas / cuando las canta Chavela Vargas / y las escribe un tal José Alfredo. Además entablaría amistad con Miguel Bosé, Ana Belén, Víctor Manuel o Martirio, quien la calificó como un "símbolo viviente de México": "Hablar de Chavela es hablar de una leyenda, un ejemplo de mujer libre e independiente".
Celebró en grande sus 90 y en coautoría con Cortina escribió Las Verdades de Chavela.
Posteriormente grabaría ¡Por mi culpa!, un disco que hizo "como se le pegó la gana" y en el que participaron intérpretes como Lila Downs, Eugenia León y Pink Martini. Tenía 91 años y por primera vez en su vida todas las ganancias de la grabación fueron para ella.
En las noches de luna se reunía con sus muertos, era una manera de exorcizar el poco temor que sentía frente al "más allá". Muchas de sus citas fueron con Federico García Lorca, fantasma, guía y confidente a quien dedicó su último trabajo, La luna grande, que es precisamente el que la llevó esta última vez a Madrid, de dónde regresaría para "trascender".
"Trascendió" en su poncho rojo y, al cuello, el amuleto de chaquira que un día le dieron, como chamana, los huicholes.
Con información de Carlos Rubio y Héctor Raúl González, corresponsales en Madrid y Cuernavaca.
Puslo Twitter
@ChavelaVarga s: "Silencio, silencio: a partir de hoy las amarguras volverán a ser amargas... se ha ido la gran dama Chavela Vargas".
@EugeniaLeon: "Hasta luego entonces, hasta pronto entonces, hasta el entonces te quiero. Nos vemos en las puertas del ocaso. Gracias, y buen viaje".
@FelipeCalderon: "Lamento mucho el fallecimiento de Chavela Vargas. Como ella dijo: no muere, trasciende. Se queda con nosotros en sus canciones".
@liladowns: "Viva siempre Chavela, viva!"
@AlejandroSanz: "Noo, no me lo digan.. Ah ya se me torció el alma.. Adiós Chavela.. bonito viaje nos dejaste maestra.. Vuela Señorona".

