Cuando uno alcanza los 40 (como es mi caso), cada vez que se hace un remake de las cintas que más disfrutamos en la adolescencia nos parece una acción innecesaria, convencidos de que la original todavía se siente bastante actual.
Esa seguridad, sin embargo, desaparece en cuanto la compartimos con las nuevas generaciones, individuos que no paran de quejarse de los efectos especiales poco creíbles o pasados de moda y, sobre todo, del (supuestamente) ritmo semilento de las tramas; ellos, amantes de la edición vertiginosa al más puro estilo MTV no gustan de las tomas largas.
Por lo pronto, y sin el temor de estar emitiendo juicios subjetivos, nadie me va a quitar de la cabeza que ninguno de sus remakes le ha llegado a los talones a “The Thing” (John Carpenter, 1982, inspirada a su vez en una cinta de los 50’s); “Clash of the Titans” (Desmond Davis, 1981), “The Evil Dead” (Sam Raimi, 1981), “Planet of the Apes” (Franklin J. Shaffner, 1968), “Psycho” (Alfred Hitchcock, 1961), “Pink Panther” (Blake Edwards, 1963), además de “RoboCop” y “Total Recall” (Paul Verhoeven, 1987 y 1990 respectivamente), por mencionar algunas.
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Pero como comentaba con mi editor una semana atrás a propósito del estreno de “The Lego Movie” (Phil Lord y Christopher Miller, 2014): a Hollywood le falta imaginación. Lo peor es que al parecer también le tiene sin cuidado intentar producir un legado digno de la original.
“RoboCop” (José Padilha, 2014) es la actualización de una cinta enlistada en el párrafo anterior. La original, por cierto, es producto de la creatividad del visionario cineasta holandés Paul Verhoeven, quien vivió sus mejores glorias a finales de los ochentas y durante los noventas.
Afortunadamente está el hecho de que quien dirige es el brasileño Padillha, un director que sorprendiera al mundo con “Tropa de Elite” 1 y 2 (2007 y 2010). Lo anterior resultaba alentador, es cierto, así como la promesa de que esta versión tendría variaciones notables con respecto a la versión de 1987, respetando, eso sí, su esencia.
La verdad es que sí me duele un poco decirlo, sobre todo porque siento empatía por el trabajo del brasileño, pero lo cierto es que, aunque en su versión el lado humano del policía/máquina es mucho más notorio, y tanto su esposa Clara (Abbie Cornish) como su hijo David (John Paul Ruttan) tienen mucha presencia en escena, de alguna manera esto no funciona como se pretendía.
La trama va así: Alex Murphy (Joel Kinnaman) no sólo es un esposo ideal y un padre de familia ejemplar, sino un policía honesto y celoso de su deber. Corre el año 2020, época en que el ejército norteamericano ya utiliza robots en sus guerras en el extranjero, sin embargo, una compañía llamada OmniCorp está intentando aplicar esta tecnología en el país.
Consciente de que la opinión pública aceptará más fácilmente su producto si éste no es sólo una estructura de metal con una computadora como cerebro, optan por un prototipo que derrumbará cualquier oposición: un robot policía con sentimientos.
Es aquí cuando aparece la figura de Alex Murphy quien, al resultar gravemente herido en la línea del deber, es recuperado por OmniCorp, organización que no pierde la oportunidad para convertirlo en su prototipo de agente de la ley, mitad robot, mitad humano.
Pero como era de esperarse, es precisamente el elemento que buscaba encontrar la poderosa compañía lo que podría volverse en su contra. Y es que, aunque para ellos Murphy es la posibilidad de hacer un negocio muy lucrativo, olvidan que dentro de la máquina hay un ser humano.
Completan el elenco Samuel L. Jackson, Jay Baruchel, Michael Keaton y Gary Oldman.

