Fortino Mario Alfonso Moreno Reyes (Cantinflas), calificado por el mismísimo Charles Chaplin como el hombre más gracioso del mundo, tuvo una única desventaja para que su triunfo fuera unánime por sobre otras figuras internacionales, algo realmente muy simple: para responder a su humor, para entender de pé a pá su gracia, es indispensable hablar su idioma.
El humor de "El mimo de México" (como también se le conoce) consiste en destruir el lenguaje o, mejor dicho, interrumpirlo, cortarlo y dejarlo a medio camino, pero eso sí, dándole toda la intención con gestos y ademanes. Como ejemplo incluyo el monólogo climático de mi cinta favorita del cómico ("Ahí está el detalle"), pero antes lo pongo en contexto:
Cantinflas ha matado a un perro rabioso llamado "Bobby", apodo que también lleva un chantajista asesinado recientemente. La confusión lleva a nuestro personaje a responder ante un jurado por la muerte del humano, a quien él se refiere (por razones obvias), como "perro", escandalizando a su defensor quien, para que no se hunda más, no lo deja hablar, causando la desesperación de Cantinflas. Así va:
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(Al abogado) "Mira, ya no me defiendas, manito. Señor juez, yo pido la palabra y creo que tengo derecho porque ya es mucho aguantar a este individuo... no quiero que al agarrar la misma, se me quiera tomar, por tomar... que así sea. Este individuo desde un principio se vio la mala intención... señores del jurado… no, no, no quiero tampoco... Por qué… Mire asté… A usté le consta… Yo tengo un… A usté lo conozco muy bien, señor. Yo no quiero tampoco que se me tome y se me subaje en esta forma, porque soy macho en cualquier terreno, ¡y a mí no...! Yo pido que se fusile al señor este, y al otro señor, y a todos, y usted… contra usted no pido nada porque ya me cansé… materialmente…" (fragmento de "Ahí está el detalle", Juan Bustillo Oro, 1940).
Vea cómo se escucharía este mismo monólogo sin el cantinfleo.
"No quiero que al agarrar (la palabra), se me quiera tomar... (por alguien tonto) que así sea. Este individuo, desde un principio se vio la mala intención... (de pasarse de listo)… Señores del jurado, no, no, no quiero tampoco (que piensen que me estoy quejando sin razón) "…Yo soy macho en cualquier terreno y a mí no... (me humilla nadie), etc.
Creo que hay dos Cantinflas; el primero (me refiero al de antes, al de blanco y negro, al lépero, al pelado) representa al gandalla aprovechado, que ve al trabajo como un crimen, que quiere comer sin el sudor de su frente (con sudor la comida sabe mal y es una cochinada, según él) y que conquista a la bella de la historia, aunque sea con engaños.
El segundo (el de a colores) también gracioso pero más decente, moralista y filántropo, y es que, como ya era mucho más popular entre las masas y había incluso logrado la internacionalización, su humor debía dosificar su lenguaje de doble sentido.
En fin, si quiere vivir (o revivir) momentos cantinflescos como el descrito antes, arme su colección ahora que SONY lanza 11 de sus mejores trabajos (todos dirigidos por el genial Miguel M. Delgado), que abarcan su mejor etapa a color y en blanco y negro.
En blanco y negro veremos, estrenándose en DVD, a Cantinflas en "El Gendarme Desconocido" (1941), en donde, apodado el agente 777, utiliza todo tipo de disfraces para atrapar a los criminales. En "Los Tres Mosqueteros" (1942) en una parodia de la consagrada novela de Alejandro Dumas, como Dartag'nan, el líder de los habilidosos mosqueteros. En "El Circo" (1943), recreación de la cinta del mismo nombre de Charles Chaplin, encarnando a un empleado de limpieza que termina entorpeciendo todos los actos del circo. En "¡A Volar Joven!" (1947) como un soldado que se hace arrestar para no casarse con una mujer fea (al final resulta que no lo es tanto), y de paso volver locos a todos en el entrenamiento militar. En "El Mago" (1949) vestido de adivino, causa por la cual es confundido con un príncipe oriental. En "Si yo fuera diputado" (1952), lanzándose como político y luciéndose no sólo por sus ideales, sino por sus discursos; y en "El Señor Fotógrafo" (1953) como un humilde pero valiente fotógrafo que es confundido con el asistente de un importante científico.
A color lo veremos en "El Bolero de Raquel" (1957), en donde un humilde bolero se hace cargo de una pequeña huérfana (la secuencia de baile es memorable). En "El Analfabeto" (1961) es un humilde hombre que no sabe que es heredero de una gran fortuna, pero se enterará cuando aprende a leer. En "El Padrecito" (1964) encarnando a un hombre de dios que se enfrenta a un cruel cacique, y por último en " Su Excelencia" (1967), como el humilde gobernante de una isla ficticia, que da lecciones de democracia a poderosos políticos.
No haga desidia y agregue estos títulos a su colección personal, para que, junto a su familia, ría intensamente y a cada momento con las aventuras de este inolvidable cómico mexicano. Hasta la próxima semana.

