SAN DIEGO – No puedo creer que estoy escribiendo esto, pero, después de todo, Donald Trump quizás sea positivo para el debate de la inmigración.
Trump supone un refrescante cambio comparado con miembros de ambos partidos que tienen demasiado miedo de decir la verdad sobre los trabajos realizados por inmigrantes ilegales. Además Trump no permite que su oposición a la inmigración ilegal interfiera con su apoyo a la inmigración legal.
Cuando unos 17 candidatos se reunieron el jueves para un debate presidenciales del Partido Republicano—el principal evento, “El Debate de Donald Trump”, y el match secundario en “la mesa de los niños”—seguramente oiremos hablar mucho de las opiniones de Trump sobre la inmigración.
Sin embargo, esas opiniones se están volviendo cada vez más matizadas.
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En una reciente entrevista con Dana Bash, de CNN, Trump dijo que, aunque se opone a la inmigración ilegal, piensa que la inmigración legal es positiva para la economía y el país.
De hecho, cuando habla de los beneficios de los trabajadores extranjeros es más elocuente que muchos demócratas. Bernie Sanders recientemente irritó a la comunidad pro inmigrante cuando, durante una entrevista con Vox.com, el senador de Vermont criticó las fronteras abiertas.
“Haría que todos en Estados Unidos fuéramos más pobres,” dijo Sanders. “Se eliminaría el concepto de nación estado, y pienso que no hay ningún país en el mundo que crea eso. ... Hay una obligación en mi opinión para hacer todo lo que podamos para ayudar a los pobres. Lo que le encantaría a la derecha de este país es una política de fronteras abiertas. Traigan a todo tipo de gente, que trabajen por 2 o 3 dólares por hora, eso sería fabuloso para ellos. No creo en eso.”
Cuando un demócrata dice ese tipo de cosa, debe dar que pensar a los miembros de la comunidad de la reforma migratoria. Este debate es más complicado de lo que parece.
“Debemos traer a grandes individuos a este país,” dijo durante su entrevista en CNN. “Y yo quiero traer—me encanta la idea de la inmigración. Pero debe ser inmigración legal.”
El candidato a la cabeza de los republicanos estaba empezando a entrar en calor.
“Ahora, mucha de esta gente nos está ayudando,” dijo Trump. “Ya sea cosechando uvas o ya sea en puestos de trabajo. Y a veces es puestos de trabajo—para ser justos, amo a mi país—pero a veces se trata de trabajos que un ciudadano de nuestro país no desea realizar. Quiero decir, hay muchos trabajos que mucha gente no quiere hacer.”
Eso es lo que solíamos llamar: verdad. La dura verdad. Pero verdad, de todas formas. El tipo de verdad que no oiremos de otros candidatos presidenciales de ninguno de los partidos, que temen una reacción negativa.
En cuanto a los inmigrantes ilegales, Trump dijo que desea “sacarlos, y después traerlos de vuelta y permitir que sean legales. Pero deben estar aquí legalmente.”
El multimillonario expresó incluso simpatía por los jóvenes indocumentados traídos de niños por sus padres—un grupo del que se sabe que Hillary Clinton escapa, desde que la emboscaron durante la campaña.
“Los Soñadores”, dijo Trump. “Es una situación difícil. Haremos algo. Y una de las cosas que vamos a hacer es acelerar. Cuando alguien es estupendo, lo queremos aquí. Pero tienen que estar [aquí] legalmente.”
Caramba. ¿Qué viene después? “¿Soñadores por Trump?”
Algunos dirán que la posición referente a la inmigración del magnate de los bienes raíces está evolucionando, o que está moderando su tono, o que está tratando de aparecer menos sensacionalista y más serio.
Pero quizás algo más esté ocurriendo aquí. Trump podría estar simplemente yendo más allá de sus frases incendiarias—sobre cómo Estados Unidos es “un basurero” para México, sobre cómo nuestro vecino está “enviando gente que tiene muchos problemas” entre ellos delincuentes y violadores, sobre cómo quiere “construir una gran, gran muralla” y pasarle la cuenta a México, y sobre cómo “vierten tremendas enfermedades infecciosas por la frontera.”
Y ahora Trump está tratando de completar la respuesta. No se está protegiendo, haciendo demagogia ni cambiando de chaqueta. Los de derecha se irritaron con sus comentarios sobre los trabajadores estadounidenses. Trump ni se inmutó—como tampoco lo hizo cuando los de izquierda lo criticaron por sus comentarios sobre México. No importa quién lo ataque, Trump se mantiene en sus trece.
Si uno está a favor de la inmigración legal, es suficientemente honesto para no aprobar la ilegal, y está cansado de que los políticos, que le dicen lo que quiere oír y después no cumplen, lo vendan, ¿no es éste el tipo de firmeza que desea en un dirigente?
Qué mundo loco—aquél en que uno puede ser pro-inmigrante y también pro-Trump.
La dirección electrónica de Rubén Navarrette es ruben@rubennavarrette.com.
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