Por Ernesto Portillo Jr.
La Estrella De Tucsón
Este año, La Conferencia Internacional del Mariachi de La Frontera tendrá un nombre familiar: Nati Cano.
Pero el festival, en su edición 33, no será el mismo.
Cano, quien fue una figura clave en el desarrollo de esta celebración de larga trayectoria de la música y la cultura, murió el pasado mes de octubre en California. Tenía 81 años.
Su última aparición fue hace cinco años, cuando Los Camperos de Nati Cano se presentaron en Tucsón. La próxima semana, en el festival que se realizará en el Casino del Sol, Los Camperos tocarán sin su tocayo en homenaje a sus muchos años como embajador internacional del mariachi.
“Es un poco agridulce, tengo que decirlo”, dijo John Contreras, miembro de la junta directiva Conferencia Internacional del Mariachi de Tucsón y director del Mariachi Aztlán de Pueblo High School.
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“Los Camperos han armado un espectáculo en honor a Nati. Estamos emocionados por ver qué han preparado Los Camperos”, agregó Contreras.
Además de los Camperos, habra presentación del Mariachi Aztlán de la Universidad Panamericana de Texas, el cual Contreras calificó como el mejor mariachi universitario.
Cano era unos de los meros meros en el mundo del mariachi, tanto en este país como en la cuna de mariachi, Guadalajara, México.
Grabó con Linda Ronstadt en su exitoso álbum “Canciones de Mi Padre” y en 1989 Cano recibió la Beca de la Herencia Nacional (National Heritage Fellowship) de la Donación Nacional para las Artes (National Endowment for the Arts), uno de los más grandes honores otorgados en este país a los artistas.
En Tucsón, Cano era más que un visitante anual de la conferencia del mariachi, que cada año reúne a estudiantes de mariachi de todos los niveles con mariachis profesionales y realiza presentaciones con mariachis y bailarines de folclórico. Cano fue uno de los arquitectos de la conferencia.
“Elevó nuestra conferencia. Nos puso bajo sus alas. Esto se convirtió en su escaparate”, dijo Contreras.
La presencia y participación de Cano no se limitaba a la presentación en el escenario. Probablemente tuvo un mayor impacto entre los cientos de jóvenes mariachis que pasaban tres días aprendiendo y ampliando su conocimiento y técnica musical.
Contreras dijo que Cano tenía una forma especial de conectar con los estudiantes. “Era un don”, agregó.
“Entraba al salón e imponía respeto, incluso si no lo conocías”, dijo Contreras.
Contreras recuerda unos de sus primeros encuentros con Cano.
Fue a principios de los años noventas, Contreras tenía unos 20 años y era estudiante de la conferencia. Cano lo vio en un ensayo y le preguntó por qué estaba en la conferencia.
“Estoy aquí para aprender”, le dijo Contreras a Cano. Entonces el maestro le dijo: “El próximo año quiero verte enseñando”.
“Fue la primera vez que me jaló e intercambiamos algo más que un hola”, dijo Contreras. “Nati me dio montones de confianza”.
Cano creció en Jalisco y fue a una escuela musical en Guadalajara. Su papá y su abuelo eran mariachis.
En 1951, Cano se mudó a Mexicali, Baja California, donde se unió y después dirigió el Mariachi Chapala. Diez años después estaba al frente de Los Camperos en Los Ángeles, con la idea de llevar el mariachi a un público más extenso.
“Quería invadir los auditorios de Estados Unidos”, dijo Cano al Arizona Daily Star en una entrevista previa a su presentación en Tucsón en el 2010, cuando celebró sus 50 años como mariachi.
Logró ese objetivo en 1963, cuando Los Camperos se presentaron en el Carnegie Hall de la Ciudad de Nueva York, unas de las salas de conciertos más famosos en el país.
Ernesto “Neto” Portillo Jr. es editor de La Estrella de Tucsón. Contáctalo en netopjr@tucson.com o al 573-4187. En Twitter: @netopjr.

