Por Natalia Lopera
la estrella de tucsón
De torero a pintor. Esa fue la trayectoria del mexicano Salvador Corona, cuyo arte se exhibirá en el Arizona State Museum.
Corona fue un matador reconocido de 1913 a 1920, pero abandonó el capote luego de que un toro le corneara una pierna gravemente.
Fue entonces que un compañero le regaló un set de pinturas. "Torear también es un arte", le dijo para animarlo el amigo, destacó Corinne Holm Milton, quien también conoció al artista que murió en 1990.
También escribió el libro "Corona: Torero y Artista/Bullfighter & Artist".
Antes de morir, Corona le regaló las espadas para torear, las cuales estarán expuestas junto con más de 50 de sus obras.
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El mexicano hoy día es reconocido por sus representaciones elegantes y coloridas de las clases soberanas en México del siglo 17 y 18, y hasta tiene imitadores.
Plasmaba imágenes de damas con vestidos anchos, carruajes y caballos sobre diferentes superficies como muebles, ropa, platos y artículos de madera.
También hacía murales, como los que aún están en la casa Manning y Bates en el centro de la ciudad. Entre los famosos con su arte, estaba el presidente Franklin D. Roosevelt y la princesa Margaret de Gran Bretaña.
Sin embargo, la mayor parte de sus obras está en manos de residentes del Sur de Arizona, que las han prestado para la exhibición.
Así cómo Corona tenía talento como matador, también estaba dotado con la delicadeza de un pintor.
"Utilizaba un pincel bien delgado, y las pinceladas eran bien pequeñas. Casi ni se veía que moviera la mano, y un hermoso pájaro, o una rosa o flor aparecía, casi como si fuera magia", recordó Frank Patania Jr.
Cuando Patania era adolescente, su papá contrató a Corona, quien tenía unos treinta años, para pintar unos muebles de casa. El papá de Patania también era dueño del almacén Thunderbird Shop, que quedaba al lado del Fox Theatre, donde vendían su arte .
Los colores fuertes característicos de Corona se debían a su técnica. "El señor Corona usaba pintura para carros", aseguró.
Corona tenía un excelente sentido del humor, comentó Patania, y ambos se hablaban en inglés o español a medias. Un día Corona le mostró al joven las cicatrices que pusieron en alto su carrera en la arena. "Él era atrevido e imprudente. Se veían bien horribles", recordó.
Contacta a Natalia Lopera al 807-8029 o al e-mail: nlopera@azstarnet.com

