Irónicamente, su mismo extremismo ideológico, su fanatismo de derecha, fue lo que se atravesó al intento del Partido Republicano por acabar con el Obamacare.
Qué bien que así haya sucedido, pero debe quedar claro que si un número suficiente de republicanos no estuvieron de acuerdo con la posibilidad de dejar sin cobertura de salud a unos 24 millones de individuos en este país, la razón es que la visión de muchos de ellos era provocar un daño aún más grande. Es así que sencillamente dejaron en el mayor de los ridículos a sus líderes.
El golpe fue brutal tanto para el presidente Donald Trump como para Paul Ryan, líder republicano en la cámara. En el primer caso, el compromiso ideológico con la medida no era mayor, Trump en realidad no tiene compromiso ideológico con nada, pero sí ha presumido hasta el cansancio que él es capaz de llevar a cabo tratos con quien sea, y en el tema que sea.
People are also reading…
La verdad al respecto de la infinita incompetencia para gobernar de Trump se evidenció en forma diáfana. Sus amenazas políticas contra los miembros rebeldes en el Congreso no sirvieron de mucho, tampoco su palabrería hueca con la que más bien se aproxima a ese prototipo –no siempre justo- con el que se pinta a los vendedores de autos usados.
Lo peor del caso, es que cada vez que se le escuchó hablar al respecto de la necesidad de derogar el Obamacare, quedaba más en evidencia el hecho de que no tiene la menor idea sobre el tema y que sólo estaba tratando de frívolamente “cumplir” una promesa de campaña acerca de la cual ni de lejos comprende sus alcances directos o indirectos.
El impacto en Ryan fue tal vez mayor. El discípulo de Ayn Rand llegó a ese puesto de máximo líder en la Cámara de Representantes precedido por una fama de experto en políticas públicas conservadoras, o sea, como alguien capaz de justificar y vender cualquier posición económica radical que se oponga a compromisos sociales por parte del gobierno.
Además, como alguien que podría unificar a un Partido Republicano que continúa en su propia crisis de identidad, la cual tuvo uno de sus momentos más álgidos cuando su antecesor, John Boehner, renunció al Congreso hace aproximadamente año y medio, harto de lidiar precisamente con este tipo de situaciones.
Ni una cosa ni la otra. Mientras que en el caso de Trump este enorme fiasco no nos dice absolutamente nada nuevo, en el de Ryan, un mito comienza a desmoronarse. De entrada, la opción de Ryan no dejaba contento a nadie, absolutamente; era una propuesta con una aprobación nacional de tan sólo el 17 por ciento, que en realidad de haber pasado en ambas cámaras (cosa hartamente difícil), hubiera metido en serios problemas electorales a los republicanos para el 2018.
Claro, es importante recordar que la misión mínima de Ryan no era necesariamente convertir su propuesta en ley, sino cubrirse la espalda sacándola en una pieza de la Cámara de Representantes. Después se podría haber culpado a quien y a lo que sea.
En el tema de liderazgo no le va mejor a Ryan, quien como pastor republicano sencillamente reprobó su primera gran prueba ante un Freedom Caucus envalentonado que sin el menor empacho sencillamente lo presenta como un pusilánime simulador, incapaz de realmente atreverse a echar abajo el Obamacare de una vez y por todas. Claro, también hubo un puñado de republicanos moderados, los cuales jamás estuvieron convencidos de que lo mejor para nadie, incluidos ellos mismos, fuese dejar a tanta gente sin cobertura de salud.
Parece ser que siete u ocho años de preparación para acabar con el ACA no fueron suficientes para Ryan. Tampoco que su partido cuente con mayoría en ambas cámaras, o el hecho de que el Presidente no sólo sea republicano sino, además, un individuo totalmente desconectado de los temas nacionales fundamentales. Esto último vuelve a Trump lo suficientemente manipulable como para arrancarle su adhesión a legislaciones tan llenas de deficiencias e impopulares, como la del Vocero de la Cámara.
Ahora Trump y Ryan dicen que el Obamacare por lo pronto permanece y que van por otras cosas “grandes y maravillosas”, entre ellas una reforma fiscal amplia. Difícil. En gran medida el acabar con el Obamacare era prerrequisito para la gran reducción de impuestos con la que los republicanos sueñan.
Creo que vendrán fricciones entre Trump y Ryan muy pronto. Lo sucedido le resta valor a las máscaras que portan ambos al mirarse uno al otro. Si el asunto relativo a Rusia continúa complicándosele a Trump con la velocidad con que lo está haciendo, vamos a ver qué juego escoge Ryan seguir jugando.

