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Agencia Reforma México
Los milagros que los fieles aseguran que la Virgen les ha concedido, componen una de las razón principales por las que anualmente más de 12 millones de personas la visitan en el santuario de la Basílica de Guadalupe.
Solicitar su intercesión para recuperar su salud o la de un ser querido, encontrar trabajo, resolver todo tipo de problemas y encomendar el bienestar de los hijos son sólo algunos de los favores que los devotos piden con fervor a la guadalupana.
Aunque también acuden al Tepeyac para agradecer y pagar las mandas que ofrecieron como recompensa por su protección y bondades.
La fe en la Virgen morena se ha transmitido de generación en generación, por eso hoy millones de personas, desde niños hasta ancianos, se reúnen para venerarla. Miles festejarán su día en la Basílica, otros lo harán en la iglesia más cercana a su hogar, y hay quienes, como tradición, organizarán un fiesta familiar para conmemorar la fecha.
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Aunque no existe un registro que compruebe los milagros que la madre de México ha realizado a lo largo de los años, los hechos hablan por sí solos, asegura Monseñor Enrique Salazar, director del Centro de Estudios Guadalupanos.
“No tenemos un control sobre los milagros que se realizan diariamente; sin embargo, nos enteramos por los familiares o amigos de la persona favorecida sobre el bien hecho por la Santísima. Para nosotros está más que demostrado que si le imploramos, ella nos concede el milagro o el favor que le pedimos”, dice.
Genaro Alamilla, Obispo Emérito de Papantla, explica que los principales milagros que la Virgen de Guadalupe concede a los creyentes tienen que ver con sus apariciones, la sanación de los enfermos, la protección y el otorgamiento de trabajo.
Hay cosas que la ciencia médica no puede explicar, pero como “la fe mueve montañas”, los enfermos y sus familiares suelen refugiarse en la Virgen para pedir su intersección.
Las apariciones son otra forma de manifestaciones milagrosas. Su figura plasmada inexplicablemente en papel, troncos, mosaico y vidrio no son considerados por los fieles como actos de coincidencia o caprichos de la naturaleza, sino como auténticas revelaciones.
Alamilla explica que sus apariciones dan testimonio de su grandeza, y con ellas el pueblo retoma la fe.
También un milagro de los más solicitados es el empleo, ya que en época de crisis se acentúa más el problema. Además la falta de trabajo trae problemas de otra índole como depresión, pobreza, inestabilidad familiar e incluso suicidio.
Si no hay fe no hay milagro, explican los religiosos, por eso la gente debe tener la libertad de acercarse a la Virgen y pedirle su ayuda, así como ofrecer algo a cambio de los favores recibidos.
Hay quienes prometen cosas, otros forman parte de peregrinaciones, unos más deciden entrar de rodillas a la Basílica e incluso hay quienes se golpean para recordar el sufrimiento de Jesucristo.
Esto obedece a la devoción que cada quien tiene y a la singular forma de pretender agradar a la Virgen, dice Alamilla.

