Quiero compartir una historia personal.
Laura y yo somos familia. Su mamá y mi mamá son primas hermanas. Su mamá tuvo cáncer de seno, mi madre de ovarios. Ambas son sobrevivientes.
Han sobrevivido no sólo a la enfermedad sino a la pérdida de innumerables seres queridos a causa de ella, entre ellos dos hermanas de mi tía por otros tipos de cáncer. Recientemente, Maribel, su prima de tan sólo 41 años y a quien le diagnosticaron cáncer de seno a los 35, también falleció.
Hay una malformación genética que provoca que muchos miembros de la familia Ruelas, especialmente mujeres, desarrollen cáncer.
Ahora lo sabemos. Ahora hemos oído hablar del llamado “gen del cáncer de mama”, el BRCA 1 y BRCA 2, y algunas de nosotras nos hemos realizado la prueba para saber si tenemos el mismo gen anómalo.
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De acuerdo a información del sitio breastcancer.org, las mujeres que heredan, de padre o madre, una mutación o alteración anómala en alguno de estos genes tienen un riesgo mayor (hasta del 87 por ciento) de desarrollar cáncer de mama y de ovario.
Los hombres con estas mutaciones también corren riesgo de padecer cáncer de mama, en especial los afectados por el gen BRCA 2, y de próstata.
Mi prima Laura y su mamá, mi tía Paula, se realizaron el estudio hace apenas unos meses para saber si el cáncer que mi tía tuvo hace casi 40 años pudo haber sido genético. Puesto que el resultado en ella fue positivo, Laura y sus tres hermanos tienen el 50 por ciento de probabilidades de poseer el mismo gen, el BRCA 1.
Ello no significa que el cáncer será un hecho ni se puede prever a qué edad se corre el mayor riesgo.
Pero Laura ya no tiene ninguna duda.
Quería estar preparada
De 43 años, Laura se sometió al estudio pensando en la prevención: “Quería de alguna manera estar preparada o hacer algo para que no me saliera”.
Una consejera le planteó cuatro opciones: no hacer nada, revisarse cada seis meses (alternando la mamografía anual con la resonancia magnética, MRI), tomar hormonas durante cinco años (lo que podría traer daños colaterales) o realizarse la mastectomía para prevenir.
A pesar de la historia familiar, Laura confiesa que se sorprendió: “Estuve rezando para que saliera negativa. En ese momento se te viene todo a la mente, ¿y ahora qué hago?, ¿qué sigue?”.
La decisión no es fácil. Ninguna de las medidas preventivas tiene una efectividad del 100 por ciento. La que más se acerca es la más agresiva, extraer las glándulas mamarias. Ajá, como lo que hizo Angelina Jolie.
Pero incluso con la mastectomía, con un grado de efectividad preventiva del 80 al 95 por ciento, no se eliminan todas las células relacionadas con mamas y ovarios y no hay suficientes estudios que nos respondan la gran pregunta: ¿crece la posibilidad de que el cáncer se desarrolle en otro órgano?
Las opciones del medicamento y la revisión especial sólo ofrecen entre 40 y 60 por ciento de efectividad. Para Laura fue suficiente. Ella optó por examinarse cada seis meses.
En la mamografía le salió una manchita que incluso ya había visto su doctor primario un año antes y que había desestimado. Cuando una oncóloga tocó ahí, dolió un poco. Ordenó la resonancia, pero no se pudo determinar con exactitud. Siguieron un ultrasonido y una biopsia, todo para dar con un cáncer que afortunadamente está en etapa inicial pero que es nivel III, el más agresivo. Se denomina “Invasive ductal carcinoma”, es cáncer en los conductos.
Hace una semana, Laura inició en el Centro Médico de la Universidad (UMC) el tratamiento de 16 sesiones de quimioterapia y después vendrá la mastectomía, pues es importante prevenir que no se disperse ni resurja, como le sucedió el año pasado a mi Nanita, madre por adopción de mi mamá y tía de la mamá de Laura. A ella el cáncer de seno le reapareció después de 30 años en la mama que le quedaba.
Laura me cuenta que en un principio se sentía fuerte. Se había preparado para eso. “Pero como se va acercando el tiempo de los tratamientos, sí me da todo, temor, miedo, angustia. ¿Voy a poder seguir trabajando? ¿Me va a servir el tratamiento? ¿Y mis hijos? Los veo que están muy preocupados por mí y también con miedo”, me dijo sobre Fausto, de 21 años, y Roberto, de 9. “Ver así a mis hijos es los más duro”.
Laura está dando la pelea rodeada de toda la familia, en especial de sus padres, sus hermanos y sus cuñadas. Ya ha resentido el efecto de la quimioterapia, de la inyección posterior y de las cortadas por las biopsias. Algunos días ha trabajado desde su casa en Douglas, otros días ha deseado poder trabajar y otros más se ha levantado y manejado hasta el City Hall de Sierra Vista, donde es ejecutiva junior.
Ella recomienda ampliamente a las personas con historia familiar de cáncer realizarse los estudios e informarse.
“No podemos hacer nada sobre el gen que nos toca, pero sí hay cosas que podemos hacer para encontrar el cáncer pronto o tratar de reducir el riesgo. Creo que vale la pena”, dijo.
El cáncer no se vence fácilmente, pero nosotras tampoco.
Como publicó Laura en su muro de Facebook después de la primera quimioterapia: “Round 1, done”.
En mi caso, tras someterme con mi mamá el estudio genético y salir ambas portadoras del BRCA 1, lo que sigue son los exámenes que todas nos debemos hacer. Si todo sale bien, me quedarán un par de pequeñeces por resolver: las conservo y me mantengo alerta o me aplico la Jolie (sirve que levanto el atractivo).
Pero lo más importante ya está decidido.
La batalla es permanente y es de toda la familia, como les sucede a tantas otras familias hispanas, y la enfrentaremos con nuevos hábitos alimenticios, con mayor actividad física y con lo que menos le gusta al cáncer, buen humor.
Liliana López Ruelas es reportera y traductora de La Estrella de Tucsón. Contáctala en llopez@tucson.com.

