Por Perla Trevizo
La Estrella De Tucsón
SONOYTA, Sonora.- Anabel Cortez ahora tiene miedo de dejar a sus niños solos en casa.
Después de las balaceras fatales entre grupos rivales del crimen organizado que iniciaron el 30 de abril, Cortez tomó a sus hijos y huyó de su comunidad rural, que está afuera de esta ciudad fronteriza.
Ahora que la violencia ha cesado está de regreso en su casa, pero no por gusto.
“¿A dónde más voy a ir?”, cuestiona la mamá de tres niños, estudiantes de primaria y secundaria.
Sonoyta y las comunidades rurales al Este, todas parte del municipio Plutarco Elías Calles, han sido campos de batalla de grupos de cárteles rivales que se disputan el control de un valioso territorio en términos de tráfico de personas y drogas hacia Estados Unidos.
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Sonoyta hace frontera con Lukeville, un cruce utilizado con frecuencia por los viajantes de Arizona que van hacia Puerto Peñasco.
Cortez, de 34 años, estaba entre los cientos de personas que huyeron del Desierto de Sonora, a menos de 10 millas al este de Sonoyta, luego de que brotara la violencia el mes pasado.
Algunos hablan de 28 hombres armados y dos civiles inocentes muertos en el área de Sonoyta entre el 30 de abril y el 5 de mayo. La Policía Estatal Investigadora de Sonora reportó a seis personas muertas el 1 de mayo y cinco más el día 4 de mayo. La gente de ahí dice que los mismos delincuentes empezaron a alertarlos sobre los tiroteos que estaban por ocurrir y a pedirles que se fueran.
La disputa casi paralizó a la ciudad.
Muchos padres de familia dejaron de enviar a sus hijos a la escuela. El ayuntamiento canceló todas las actividades culturales y deportivas, incluyendo la tradicional Fiesta de las Flores, una feria anual que es uno de los principales eventos de Sonoyta.
“No queríamos poner en peligro a la gente en caso de algún incidente violento y que quedáramos en medio del fuego cruzado”, dijo Carlos Arvizu, secretario del ayuntamiento de Sonoyta. “Fue una medida preventiva”.
El alcalde, Julio César Ramírez Vásquez, no está dando entrevistas, dijeron en su despacho, luego de que uno de los grupos lo amenazara por hablar públicamente del tema.
En lo que va del año, la policía estatal de Sonora ha reportado 38 homicidios tan sólo en el área de Sonoyta –con una población de aproximadamente 18 mil personas- y cinco heridos. Mayo fue el mes más mortífero, con 15 muertes y un herido, indican los reportes de la policía de Sonora analizados por el Arizona Daily Star.
Y esas son sólo las cifras oficiales. De acuerdo a otras versiones, fueron 22 muertos –incluyendo seis cuerpos calcinados- y al menos un puñado de heridos en ese mes. También ha habido tiroteos entre la policía estatal y hombres armados que han dejado al menos otros 14 muertos.
La gente del pueblo habla de muchos más que están desaparecidos.
En Caborca, ciudad vecina, otras 14 personas han muerto y 11 han resultado heridas, entre ellas cuatro policías estatales.
Más recientemente, más de 10 inmigrantes centroamericanos fueron rescatados cerca de un rancho en las afueras de la ciudad, cerca de la frontera con Estados Unidos. La policía estatal reportó tres muertos, incluyendo a dos hombres hallados dentro de vehículos incendiados y una mujer con heridas de bala.
“Por lo que podemos decir, los migrantes estaban usando una de las rutas para la droga”, dijo Erica Curry, vocera en Phoenix de la Administración del Control de Drogas. “Creemos que fueron atacados porque los traficantes de drogas no quieren ese tipo de atención”.
Después, el 8 de junio, un abogado y ex policía municipal fue asesinado afuera del Circle K de Sonoyta.
PELEA POR EL CONTROL
La violencia reciente del otro lado de la frontera se debe a la lucha entre grupos del cártel de Sinaloa, conocidos como Los Memos y Los Salazar.
La violencia en el área de Sonoyta empezó a escalar en enero con el intento de Los Memos de tomar control de la plaza de Sonoyta y de todas las rutas del narcotráfico. Es la batalla más intensa desde principios del 2009, cuando se encontraron 12 cuerpos desmembrados en un carro abandonado en la carretera entre Caborca y Sonoyta, con un narcomensaje que decía que el Cártel de Sinaloa había tomado la plaza.
La última ronda inició en marzo, dijo Curry. La policía estatal de Sonora reportó 10 muertes en el área de Sonoyta en ese mes, incluyendo a un soldado que patrullaba un área rural cuando él y su compañero –quien sobrevivió- fueron atacados.
El Cártel de Sinaloa se ha descentralizado en los últimos años, llevando a esporádicas y violentas luchas de poder entre jefes de diferentes plazas en el norte de Sonora, dijo Tristan Reed, analista de seguridad de la empresa de inteligencia global Stratfor, con sede en Austin.
El 6 de septiembre de 2012, la policía mexicana arrestó a Adelmo Niebla González, presumiblemente líder de Los Memos y a cargo de llevar armas a México y de transportar mariguana, metanfetaminas y cocaína de Sonora al Condado Maricopa. El Memo adquirió poder con la ayuda de Joaquín “El Chapo” Guzmán, cabeza del Cártel de Sinaloa que fue arrestado en febrero del 2014. Él y sus dos guaruras escaparon de una cárcel de Sinaloa en el 2014 a través de un túnel que fue cavado desde el interior de la prisión.
Unos meses después del arresto de Niebla, en noviembre del 2012 soldados mexicanos arrestaron a Jesús Alfredo Salazar Ramírez, líder de Los Salazar, en el estado de México. Se dice que Salazar, quien llegó al poder después de que su papá fuera aprehendido en el 2011, era responsable de cultivar, transportar y contrabandear mariguana desde Sonora y el oeste de Chihuahua hacia Estados Unidos. También era un importante lugarteniente de El Chapo Guzmán.
En 2013, Puerto Peñasco fue escenario de una batalla que duró varias horas entre gatilleros del cártel de drogas y la policía federal mexicana, la cual afirmó haber asesinado a Gonzalo Inzunza, el máximo lugarteniente del Cártel de Sinaloa, también conocido como “El Macho Prieto”. El cuerpo nunca fue recuperado.
Sonora siempre ha sido un lugar clave para los traficantes. Hacia el Sur y el Este, donde colinda con Sinaloa y Chihuahua –y en algunas partes dentro de Sonora también- es un productor significativo de drogas, incluyendo opio, mariguana y metanfetaminas. Al Norte, la frontera es más porosa que en otras partes y mucho más desolada.
De este lado de la frontera de Sonoyta está el Monumento Nacional Organ Pipe Cactus, de más de 133 mil hectráreas (330 mil acres) de terreno público, y más al Este está la Nación Tohono O’Odham, una reserva casi del tamaño de Connecticut.
Del lado mexicano, todo es agricultura, ganado y comunidades rurales escasamente pobladas.
LA RUTA DE LAS DROGAS
Se cree que la mayoría de los cargamentos de droga llegan a Puerto Peñasco. De ahí toman al Este hacia Agua Prieta, Sonoyta, San Luis Río Colorado o Nogales, o son llevados a pie hacia el Norte a través del desierto.
El corredor del Oeste del Sector Tucsón de la Patrulla Fronteriza ha sido el más transitado en años. Más del 60 por ciento de la mariguana incautada en el sector se ha encontrado en esta área.
Autoridades federales mexicanas han destruido e incautado miles de kilos de mariguana y han hecho muchos decomisos grandes de metanfetaminas, principalmente halladas dentro de camiones con remolque de Tijuana a Mexicali.
“Drogas y personas son transportadas de México a Estados Unidos, mientras las armas y el dinero vienen de Estados Unidos a México”, dijo el procurador general de Sonora, Carlos Navarro Sugich, quien supervisa a la Policía Estatal Investigadora.
Las complejidades del área la convierten esencialmente en un paraíso para los cárteles, dijo Navarro. Sonoyta tiene únicamente unos 20 oficiales de policía, pero incluyendo a otros niveles de gobierno, más de 100 elementos patrullan el área actualmente.
Sonoyta ha visto en este año más del doble de los homicidios que el año pasado: 38 en lo que va del 2015 frente a 16 en el mismo periodo del 2014, dijo. El número de homicidios en todo el estado sí se redujo en el mismo periodo de tiempo, de 275 a 200.
LA VIDA SIGUE
Un día de mayo empezó una balacera y Cortez les dijo a sus tres hijos que se tiraran al piso. Ellos se agarraban de sus piernas y le rogaban que se tirara al suelo con ellos, pero ella seguía viendo.
“No se levanten”, les ordenó mientras espiaba por la ventana de la recámara. “Tengo que estar segura de que no vienen para acá”.
En cuanto terminó la balacera agarró un cambio de ropa de cada niño y se fue a casa de su hermana en Sonoyta.
Estuvo ahí por casi dos semanas. No quería abusar del recibimiento que le dieron, dijo, pero ya no quería vivir más en el Desierto de Sonora.
Si tiene que salir de la casa y no puede llevar consigo a los niños, les dice que se encierren y que no le abran la puerta a nadie.

