MÉXICO, DF.- Quince años, siete meses, dos días y un montón de extraños preguntando qué se siente jugar en Primera División.
"Es mucha presión, pero los nervios se te van quitando conforme avanza el partido", res-pondió Víctor Mañón, delantero del Pachuca que debutó recientemente en el Máximo Circuito, una vez convertido en el jugador más joven en la historia del fútbol mexicano.
Así, con ideas concisas, más por nervios que por estrategia mediática después de un "coacheo express" de parte de la gente de prensa del club, Mañón iba librando su primer escollo frente a la prensa.
Pero las ansias que se fueron en el pasto regresaron con los micrófonos y la atención sobre él. El chamaco giraba la cabeza, sin encontrar precisamente de dónde salían los cuestionamientos sobre su sentir. Mientras, frotaba sus muslos con las manos, cada vez más preguntas, cada vez más fuerte.
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Tal vez sin reparar en el simbolismo, el "Ojitos" Meza escogió el inmueble de la Ciudad de los Deportes para debutar a Mañón. El Azul es un estadio con especial significado para el Pachuca, gracias a que ahí consiguieron su primer título de Liga igual que el juego pasado: contra Cruz Azul y de último minuto.
Y así como Meza lo mandó al terreno como el centro delantero que es, igual lo protegió en el pasillo de los vestidores mientras todos lo abrumaban entre felicitaciones y consejos de alquiler.
"Ándale métete, te van a marear, órale", le sugería Meza cuando ya iba de regreso.
Hace un par de meses, mientras hacía la pretemporada con el primer equipo, a Mañón sólo le preocupaba que le pusieran otro apodo que no fuera el "Teletubby", por su parecido con unas botargas que salen en la tele.
A partir de hoy, sus problemas son otros, y serán un poquito más complicados que driblar un sobrenombre.

