La debacle peñanietista inició en septiembre del año pasado, cuando parecía que el todavía joven gobierno ya “había agarrado su paso”. Se desató así en México una verdadera tormenta de crítica, en muchos casos desmedida y mal enfocada, y también -y eso es lo más grave- profundamente ignorante tanto de la historia como del momento actual de México.
Y no, no es que la actual administración no sea acreedora al castigo de la “comentocracia” mexicana, el gran problema reside en las razones para tal castigo y, por supuesto, en la forma en que se da, o sea, en su calidad argumentativa.
Las expresiones a nivel popular, redes sociales por ejemplo, gritan que Enrique Peña Nieto es un perfecto bruto, así como casi el padre, el “inventor” de la corrupción en México. Ello pareciera, por la estridencia con que se plantea, una verdad inamovible; sin embargo, no lo es. Es sólo una fantasía que permite el desahogo temporal de la frustración social mexicana pero que ignora olímpicamente los principales referentes históricos necesarios para hacer ese tipo de juicios.
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Y de nuevo, no se trata de que EPN no sea corrupto (calidad que ya se le conocía de sobra al momento de ser elegido Presidente, pero que hoy día, de la más ridícula de las maneras, pareciera que sorprende). Tampoco se trata de que no sea un individuo poco ilustrado y desconocedor de muchas realidades de este mundo (con Felipe Calderón, un hombre ciertamente preparado y para nada ignorante, los resultados no fueron muy halagüeños tampoco). No hay cómo ayudar a EPN, sólo un gobierno efectivo y así reconocido al final de su mandato lo hubiese hecho.
Parece que hoy día eso está más lejos que nunca por su enorme incapacidad en el manejo de crisis. No precisamente por represor, asesino o algo parecido. Vaya, ni siquiera por su corrupción, esa sí innegable pero aún difícil de estimar en toda su extensión, y en todo caso jamás algo nuevo en México. Al contrario.
¿Presidentes Ignorantes? ¿Será EPN más ignorante que el insufrible e inepto Vicente Fox (2000-2006), por ejemplo, o que Luis Echeverría (1970-1976), en cuyo nombre se inventaban las más graciosas “charras” en el México de principios de los setentas? Que entonces no hayan existido las “redes sociales” es otra cosa.
¿Fue de gran servicio a México un hombre en verdad culto, ilustrado y “sabelotodo” como el súper corrupto José López Portillo (1976-1982)? Entre Echeverría y él destrozaron la economía mexicana en lo que se conoce como la “docena trágica”.
¿Será EPN más corrupto que los visionarios Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) o Miguel Alemán Valdez (1946-1952), los cuales robaron al gusto? ¿O que la terrible dupla de retrógradas izquierdistas de Echeverría-López Portillo que hicieron lo propio?
¿Será EPN un represor? ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Se puede comparar con Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) y su mano de hierro que no tuvo contemplación alguna para aplastar a la disidencia? ¿O con el amordazamiento a la prensa por parte de Echeverría?
¿Será EPN un presidente más gris que el propio “hombre gris” Miguel de la Madrid (1982-1988)?
Se critican los viajes de EPN al extranjero por frecuentes e innecesarios. Tal vez, aunque todavía no cae en la categoría de Adolfo López Mateos (1958-1964), a quien se le llegó a apodar “López Paseos” precisamente por el despilfarro en sus interminables y no muy productivas giras internacionales.
Eso sólo dándole una revisada somera a las últimas cinco o seis décadas nada más, y que corresponden al México postrevolucionario, pero también podríamos ir más hacia atrás.
La carga tanto histórica como personal con que intenta gobernar EPN no es poca cosa. Sin embargo, es el Presidente de México y llegó al puesto tan democráticamente cómo fue posible en su momento. La verdad es que si él fracasa, México fracasa. Juzgar su trabajo y criticarlo es una manera de ayudarlo, siempre y cuando lo hagamos de una manera inteligente y, sobre todo, informada.
Oportunidades y motivos sobraban aun antes de los problemas con los que cerró el año, con más razón hoy que está claro que no supo manejar las crisis hasta cierto punto reales, hasta cierto punto artificiales y provocadas por sus opositores.
No nos confundamos, esto no es una defensa de EPN, un hombre producto no del PRI nada más sino del nefasto sistema político mexicano en su conjunto, que no es lo mismo. Este es un pequeño, modesto e incipiente ejercicio de perspectiva y de memoria, de proporciones, de referentes y de búsqueda de madurez al observar la realidad. Si usted busca diatriba e insultos “sin ton ni son”, se equivocó de espacio.

