Si después de los estrenos de Despicable Me 1 y 2 se desató una fiebre por las famosas figuras amarrillas, al grado de que comenzamos a verlos en posters, peluches, imanes, artículos escolares, juguetes, ropa, accesorios, loncheras, cajitas felices y demás, sólo hay que esperar un poco para ver cómo ese fenómeno se dispara a la máxima potencia luego de que se estrene “Minions” (Kyle Balda y Pierre Coffin, 2015), la esperadísima primera aventura en solitario de los famosos Stuart, Kevin y Bob (voz de Pierre Coffin).
Su fama (muy merecida) se la deben a los buenos y efectivos sketches distribuidos a lo largo de las dos cintas mencionadas arriba, en donde estos curiosos seres crearon su humor característico que, según yo, se lo deben a tres atributos: su total ineptitud para llevar a cabo cualquier tarea, un lenguaje sin sentido que, sin embargo, suena a algo familiar y, por último, las interminables peleas que tienen entre ellos todo el tiempo.
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Nadie se cuestiona en este punto que la cinta será todo un hit veraniego, pero tampoco que serán los aludidos sketches y no la trama general (mucho menos el resto de los personajes, que encajarán con algún patrón ya visto) lo que hará reír y sonreír al público.
La película no lo necesitaba, pero se dio el lujo de incluir varios atractivos interesantes, como las voces de los oscareados Sandra Bullock, Geofrey Rush y Michael Keaton, además de los populares Steve Carell, Steve Coogan, Allison Janney y John Hamm; eso sí, una de las varias cerezas del pastel tiene lugar al inicio, en donde disfrutaremos de una hilarante secuencia de los minions a través de la historia.
La trama es esta: luego de servir a varios villanos famosos, los pupulares minions deciden abandonar su hogar en la Antártica para buscar a un ser malévolo a quien servir; es así como, en un congreso de malvados (VillainCom), encuentran a la primera súper villana del mundo: Scarlett Overkill (Bullock), quien junto con su esposo inventor (Hamm) intentará adueñarse del trono de Inglaterra para hacer de las suyas.
No le cuento más de la trama porque, de todas maneras, al final y al igual que todos en la sala, deseará menos trama de fondo y mucho más de los (extrañamente) fascinantes minions.
Por cierto, mucho mérito tienen estos monos amarillos por conseguir lo que intentaron antes la ardilla de Ice Age y los pingüinos de Madagascar. Hasta la próxima.

