Qué bueno que el vecino estado de Sonora comienza a despertar de esa pesadilla que ha sido la administración de Guillermo Padrés Elías, quien supuestamente había llegado al poder en 2009 debido al así llamado “voto de castigo”. Entonces, la gota que derramo el vaso – ¡y de qué forma!- fue el incendio de la guardería ABC que mató a 49 niños pequeños.
La gente la tomó contra el único partido que conocía gobernando el estado: el PRI. Implícitamente, lo culpó de la tragedia y lo echó del poder. Claro, poco importó que una de las más poderosas razones para que no haya habido hasta la fecha castigo a los responsables de tal desgracia es que el PAN gobernaba México (una de las propietarias de la guardería es prima de Margarita Zavala de Calderón, esposa del entonces presidente Felipe Calderón y quien hoy por hoy prueba las aguas en búsqueda de posiciones de liderazgo en el partido con miras a ella misma a competir por la Presidencia de la República en 2018.
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Hoy otra vez se habla, posiblemente con mayor insistencia, de un nuevo “voto de castigo”. ¿Y cómo no? Sonora quedó deshecha bajo la desvergüenza, la frivolidad y la falta de oficio de Padrés y sus principales colaboradores. Largo se hará el tiempo para que se acaben de ir. Sin embargo, de ahí a poder entender las expresiones celebratorias y de júbilo porque Claudia Pavlovich llegue a Palacio de Gobierno en Hermosillo, existe una gran distancia.
Comprendemos que realistamente sólo existían dos opciones: el PAN y el PRI; por lo tanto, el que Sonora saliera de Padrés y de su delfín Javier Gándara precisaba que Pavlovich se convirtiera en la Gobernadora. De acuerdo. Pero esas manifestaciones triunfalistas de no pocos sonorenses nos están demostrando que la lección no ha sido aprendida. Ni de lejos.
Vamos a dejar de lado la escandalosa falta de méritos tanto políticos como administrativos de Claudia Pavlovich (a la “grilla” partidista no le podemos llamar méritos políticos en este espacio, disculpe usted) y vamos a centrarnos en una imagen –sí, una fotografía en la prensa.
Si nos ponemos a pensar, ésta debería de decirnos todo o casi todo lo que se puede esperar del próximo gobierno en Sonora: Manlio Fabio Beltrones, uno de los personajes más impresentables del sistema político mexicano, levantándole la mano a Pavlovich en señal de triunfo el día de la elección.
¡Caray! Si eso no preocupa, y mucho, a Sonora, entonces sólo Dios sabe qué pudiera hacerlo.
Bien sabido es que Beltrones, ex gobernador del estado y ocupante en unos unos u otros tiempos de casi todos los puestos relevantes a los que un político mexicano puede aspirar, es el verdadero creador de la candidatura de Pavlovich. El escenario está puesto de una manera típica para que sea el siempre truculento Beltrones quien gobierne al estado a través de un títere. Todo mundo sabe eso.
Dicho de otro modo, no sólo no hay garantías de que las cosas mejoren para el estado, de hecho, hay todos los indicios posibles de que los abusos ahora simplemente vendrán de otro lado, de otros colores, de otro membrete. Es como si Sonora sólo cambiara de dueños.
Hay una pequeña gran diferencia, eso sí. Mientras que Padrés demostró su falta de capacidad tanto administrativa como política desde un principio, Beltrones es un político completo –al menos para los estándares del sistema mexicano-, un tipo que entiende cómo funciona, a la buena y a la mala, un gobierno, y cómo se influye en el resto de los actores sociales para salirse con la suya. Los señalamientos de corrupción en su contra son añejos y son graves; sin embargo, apenas lo han despeinado, ya que conoce cómo y dónde apretar las tuercas necesarias. Eso, precisamente eso, es lo que lo hace más dañino y más peligroso que el balbuceante panismo que llevó a Padres a la gubernatura.
Si de personajes oscuros, macabros se trata, ahí está don Manlio Fabio, no por nada se ha rumorado la posibilidad de que el presidente Peña Nieto lo nombre embajador para poder sacarlo de México y de la jugada presidencial rumbo al 2018.
Como sea, él y sólo él mandará en Sonora en los próximos seis años, asegurando así un eslabón más que necesario en sus todavía altísimas aspiraciones, ya que lo que en realidad quiere es la Presidencia, y claro, pavimentarle el camino a su hija Sylvana, la heredera de su imperio político.
¿Eso es lo que celebra Sonora hoy? ¡Así de malo resultó el PAN en el gobierno!

