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Investigar, correr y volar: el camino de Omar Sotelo a Harvard

Investigar, correr y volar: el camino de Omar Sotelo a Harvard

Es corredor de Tucson High y miembro de la tribu Pascua Yaqui

Omar Sotelo, quien pasó tres años en el equipo de campo traviesa de Tucson High School, es el primer miembro de su familia en asistir a una escuela de la Ivy League.

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Omar Sotelo asistió a su primera feria universitaria cuando iba en 4to grado de primaria.

Ir a las ferias se convirtió en un evento anual en el que su mamá, Diane, observaba cómo los reclutadores le preguntaban a su pequeño hijo si estaba allí con un hermano mayor.

“No, estoy aquí por mí. ¿Qué me puedes decir de tu escuela?”, preguntaba Sotelo a los reclutadores sin inmutarse, escuchando atentamente mientras sopesaba sus opciones para el futuro.

Muchos años y mucho trabajo duro después, Omar Sotelo redujo su búsqueda de universidades a algunas de las mejores del país. En enero, aplicó para Harvard, Penn, Duke, Vanderbilt, la Universidad del Sur de California y la Universidad de Arizona.

Después de enviar las solicitudes, el estudiante de último año de Tucson High, de 17 años y quien tiene raíces en el pueblo de Cumpas, Sonora, hizo lo que más ama: se fue a correr. Y puso las solicitudes pendientes en el fondo de su mente.

“Te sientes libre, como un pájaro”

Sotelo, un miembro senior y con tres años en el equipo de campo traviesa de los Badgers, ha estado corriendo desde que era un niño de kínder en Drachman Montessori K-8.

Omar Sotelo, estudiante de último año de Tucson High, dice que correr “en cierto modo te aclara la mente y no estás haciendo muchas otras cosas además de correr. Te sientes libre, como un pájaro”.

Compitió en campo traviesa -o cross country- desde su primer año de prepa hasta su tercer año. También corrió en pista en su segundo y tercer año en Tucson High, compitiendo en la milla y los 800 metros, antes de que el COVID-19 lo sacara del juego.

Sotelo tiene dos hermanos menores en casa y unos padres que son trabajadores esenciales en el sector público. La familia de Sotelo no creía que volver a los deportes fuera seguro. Así que dejó de competir en su último año.

“Fue un poco extraño, ya que generalmente es una gran parte de mi vida de agosto a noviembre”, dijo Sotelo. “Pero sigo corriendo por mi cuenta”.

Eso es exactamente lo que hizo, mientras esperaba noticias de Harvard y el resto de las universidades.

“Me gusta que te aclara la mente y que no estás haciendo muchas otras cosas además de correr. Te sientes libre, como un pájaro”, dijo Sotelo sobre correr. “Mucha gente se siente así con el arte”.

El correr es algo que se da en la familia de Omar Sotelo, su padre y tocayo es su entrenador. El hermano de Omar, de 11 años, y su hermana de 9, corren a campo traviesa en la primaria Drachman. Sin sus temporadas habituales de pista y campo traviesa, y sin poder participar en los muchos clubes y actividades extracurriculares que solía realizar, Sotelo pasó los meses entre la fecha límite para solicitar el ingreso a la universidad de enero, y las fechas de aceptación de abril aprendiendo en línea y corriendo por su cuenta.

El mes pasado, Sotelo recibió noticias de Harvard. Fue admitido.

Su oportunidad

Sotelo se mostró tranquilo y sereno durante sus dos entrevistas con Harvard, y le contó al panel sobre su amor por las carreras a campo traviesa y la ciencia.

Miembro de la tribu Pascua Yaqui, Sotelo también compartió historias de sus tres años en el Consejo Juvenil de Imágenes Tribales y el Proyecto Conjunto de Educación Científica, su participación con Futuros Líderes de Negocios de Estados Unidos (Future Business Leaders of America) y los veranos que pasó como consejero junior en el Campamento Fusion del Centro de ciencias Flandrau.

Sotelo también pasó un tiempo considerable como voluntario antes de la pandemia. Su último trabajo voluntario, y quizás su favorito, involucró un trabajo en persona de una semana con la Fundación de Investigación, Ciencia y Tecnología del Sur de Arizona (Southern Arizona Research, Science and Engineering Foundation).

Entusiasta de la ciencia, también participó en el concurso anual de SARSEF, participando en un proyecto sobre sequías.

Incluso con todos sus logros, Harvard parecía fuera de su alcance. Un récord de 57,000 estudiantes solicitaron ingreso a Harvard este año, y solo alrededor del 5% fueron aceptados.

“Supongo que se podría decir que es un sueño, pero siempre ha sido un sueño que parecía fuera de lugar”, dijo Sotelo. “Siempre pensé que me encantaría ir a Harvard, pero también pensé que nunca sucedería”.

Diane Sotelo dijo que su hijo consideró no postularse, sabiendo que las probabilidades eran escasas.

“Le dije: ‘Si no lo haces, pasarás el resto de tu vida lamentando no saber si eres lo suficientemente bueno para Harvard’”, dijo. “Para mí, nunca tuve la oportunidad de ir a ningún otro lado. Era ir a la UA o no ir a ningún lado”.

Omar “afable”

Después de su primera feria universitaria, Diane y Omar, en edad escolar, se pusieron a trabajar investigando diferentes escuelas. Diane Sotelo es la primera en su familia en graduar de una universidad (lo que se conoce como universitaria de primera generación); recuerda haber tenido que resolverlo todo por su cuenta cuando llegó el momento de presentar la solicitud a la escuela.

“Cuando (Omar) nació, me dije: ‘Yo no voy a hacer que él lo resuelva por su cuenta’”, comentó.

Ella y su hijo se volvieron expertos en navegar por el proceso de solicitud y admisión universitaria, enseñando juntos una clase en la “Universidad para Padres” de TUSD sobre 10 cosas que necesitas saber sobre la búsqueda de universidades.

Durante la pandemia, la familia Sotelo observó cómo los miembros de la tribu Pascua Yaqui se cuidaban unos a otros, dejando cajas de comida a los adultos mayores y visitándose unos a otros. Esto se relacionaba con las preocupaciones de Omar Sotelo acerca de que las comunidades nativoamericanas están desatendidas y no tienen los recursos que necesitan, incluido el acceso a agua y aire limpios.

“Mucho de lo que (Omar) está haciendo ahora es escuchar. Tiene esa mentalidad de que ‘Las cosas no están del todo bien ahora, ¿y cómo lo cambiamos?’", dijo Diane Sotelo. “Tengo muchas esperanzas en la próxima generación. Mucho de esto se trata simplemente de ver el mundo como es, y no como les decimos que lo vean”.

Durante ese tiempo, Sotelo también asumió un papel de liderazgo con los Badgers, ejecutando rutinas de entrenamiento para niños más pequeños.

“Es realmente afable y un gran compañero de equipo. Realmente apoya a otras personas del equipo. Él es la primera persona en decir: ‘Buen trabajo’”, dijo la entrenadora de campo traviesa de mujeres de Tucson High, Bridget Barber. “Omar trabaja muy duro. Sea lo que sea en lo que esté involucrado, es diligente”.

El entrenador de campo traviesa de niños de Tucson High, Santiago Galaz, dijo que el compromiso de Sotelo con el deporte se extiende más allá de la competencia y hasta la práctica.

Una tarde, mientras corría contra uno de los mejores corredores del equipo en un parque cercano, Sotelo tomó una curva tan rápido que chocó contra un árbol.

“Se rompió la cabeza y tuvo un corte bastante grande”, dijo Galaz.

De camino a ver al preparador físico, Galaz llamó al papá de Sotelo para avisarle que su hijo había resultado herido.

“Le dije que Omar se había cortado la cabeza porque había chocado contra un árbol”, dijo Galaz. “Y luego tuve que dejar de hablar porque él se estaba riendo de la situación”.

Sotelo terminó necesitando puntos de sutura, pero primero el entrenador tuvo que quitar un trozo de corteza del árbol pegado en la herida. Después de eso, Galaz comenzó a llamar a Sotelo “Groot”, diciendo que era parte del árbol.

“Incluso en la práctica lo daba todo. En las carreras, lo daba todo”, dijo Galaz. “Dondequiera que estén sus esfuerzos, sea cual sea la profesión en la que se convierta, el dará el 100%”.

Galaz dijo que extrañaba tener a Sotelo en el equipo, ya que se llevaba bien con todos y sirvió de modelo a seguir para los corredores más jóvenes.

“Si piensas en alguien a quien quieres más que al chico más rápido, quieres al chico que sea dedicado y que tenga mucho valor”, dijo Galaz. “Eso explica realmente lo que es Omar. Es dedicado y el valor que tiene, la tenacidad para seguir avante, es increíble”.

Si bien no será miembro del equipo Crimson de pista y campo, Sotelo cree que le gustaría unirse al legendario Harvard Running Club una vez que se establezca.

Sotelo no ha pasado mucho tiempo en la costa Este, salvo algunos viajes a Nueva York.

“Realmente no tengo ninguna experiencia en correr en el frío”, dijo Sotelo.

Pero como en todo lo demás en su vida, Sotelo está preparado para el desafío.

Contacta a la reportera Caitlin

Schmidt en cschmidt@tucson.com o 573-4191

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