Por Curt Prendergast
La Estrella de Tucsón
Autoridades federales tienen en la mira a una organización de narcotráfico que, se reporta, trafica 10,000 libras de marihuana cada mes a través del Condado Cochise.
Dos casos en la Corte de Distrito de los Estados Unidos en Tucsón arrojan luz sobre una década de descarado contrabando transfronterizo por parte de la organización de narcotraficantes Toscano-Siqueiros con base en Agua Prieta, Sonora.
Agentes federales dicen que Leonel “Tiger” Toscano y Martín “Tin Tin” Siqueiros manejan una organización que se especializa en el tráfico llamado “drive-through” (“servicio a bordo”), en el que convoyes de camionetas cargadas con miles de libras de marihuana cruzan la valla fronteriza para dirigirse a Tucsón y otros destinos.
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Los traficantes llevan los carros hasta unas rampas colocadas en la parte superior de la cerca, hacen hoyos en el cerco y conducen por las brechas o por áreas con muy poca o nula valla, indican archivos de la corte.
Después de cruzar la frontera, vigilantes con radios encriptados alertan a los conductores sobre la presencia de agentes de seguridad. Los conductores llevan colgadas del cuello tarjetas laminadas en las que se enlistan los códigos para descifrar los mensajes de los vigilantes, indican los registros.
Agentes federales presentaron cargos por narcotráfico contra nueve hombres en noviembre de 2015 y enero de 2016. Los agentes dicen que eran choferes de la organización Toscano-Siqueiros.
“El grupo drive-through ha estado operando en el área del Sur de Arizona por muchos años con nulas o muy pocas consecuencias”, escribió en documentos de la corte la fiscal federal Christina Vejar.
“El gobierno ve estos casos como una oportunidad no sólo de obstaculizar significativamente sus operaciones (puesto que varios de sus más experimentados choferes y operadores fueron detenidos en esas dos ocasiones) sino de enviar un fuerte mensaje disuasivo a los socios de estos individuos que no han sido aprehendidos”, escribió Vejar.
Los investigadores vinculan a los detenidos a la organización Toscano-Siqueiros basándose en arrestos previos, comentarios de los sospechosos ante los agentes policiales, huellas halladas en autos abandonados de narcotraficantes y el testimonio de un acusado que está cooperando con las autoridades.
Cinco acusados firmaron acuerdos de culpabilidad y serán sentenciados en los próximos meses, muestran los registros de la corte. Otros cuatro se declararon culpables y recibieron sentencias de siete a 10 años de prisión, dependiendo del historial criminal de cada uno.
Cubiertos por la oscuridad
El hallazgo de 8,300 libras de marihuana empezó cuando un sensor en el desierto cerca de Douglas alertó a los agentes de la Patrulla Fronteriza alrededor de las 6:30 a.m., el 2 de noviembre de 2015.
Cuando los agentes llegaron al área, vieron dos pickups y una camioneta tipo SUV con camuflaje. Eran conducidos en fila y con las luces apagadas.
Los vehículos salieron rápido del área. Se separaron y uno de los pickups se salió del camino y fue dirigido hacia la valla. La SUV se regresó a México y se impactó con un pickup de la Patrulla Fronteriza.
La SUV estaba tan cargada de marihuana que uno de los ocupantes tuvo que salir por la ventana mientras se realizaba la persecución.
Los tres vehículos quedaron bloqueados y los agentes arrestaron a César Arvizu Noriega, de 32 años; Alonzo Barrera Aguilar, de 39; Mario López Castillo, de 33; y José López Castillo, de 29.
Se aseguraron 8,300 libras de marihuana entre los tres carros. Una cifra desconocida de marihuana estaba en los otros siete vehículos que, dijo Arvizu Noriega a los agentes, habían brincado la valla fronteriza mediante las rampas un día antes.
El 5 de enero de 2016, agentes de la Patrulla Fronteriza vieron dos pickups circulando en la noche con las luces apagadas cerca de Douglas. Las camionetas tomaron diferentes rumbos cuando los conductores se dieron cuenta de que los agentes se aproximaban.
Después de dos horas de búsqueda, las autoridades encontraron 2,300 libras de marihuana dentro de un Ford F-250 abandonado.
Los agentes siguieron durante cinco horas la pista a los hombres que abandonaron la camioneta hasta que atraparon a Alberto Villalobos Cheno, de 34 años, quien dijo que le iban a pagar 10 mil dólares por llevar la marihuana a Tucsón, y a José Alfredo Serrano Montaño, de 23 años, quien dijo que iba a recibir una porción no determinada de 20 mil dólares.
Un agente disparó a Villalobos durante el arresto, como informó en ese momento el Arizona Daily Star.
Dos días después, los agentes hallaron 3,800 libras de marihuana dentro de una camioneta pickup que tenía el frente enterrado en un arroyo.
Esa noche, agentes arrestaron a Luis Chávez Drew, de 38 años, y a Julio Ceasar Vargas de la Cruz, de 37 años, cuando caminaban hacia la carretera Arizona 80, cerca de Apache.
Un “drive-through” típico
Documentos de la corte reflejan otras 15 operaciones drive-throughs que, juntas, sumaban 35 mil libras de marihuana contrabandeadas por la frontera.
Carlos Archuleta, asistente de agente especial a cargo de las investigaciones de Seguridad Interna (Homeland Security) en Douglas, dijo que no podía hablar sobre los incidentes mencionados en los documentos de la corte, pero habló con el Arizona Daily Star en términos generales sobre las operaciones “drive-through” en el Condado Cochise.
Por lo general, los vehículos que se utilizan son robados en Arizona, llevados a México y modificados con llantas todo terreno y vidrios polarizados, dijo Archuleta. En algunas circunstancias, los vehículos simulan ser carros del gobierno de Estados Unidos, como los que utiliza la Oficina de Administración de Tierras.
Entre los varios métodos utilizados en las operaciones drive-throughs, los traficantes ponen rampas para transportar carros sobre las barreras vehiculares o la valla pedestre en la frontera, dijo.
En otros casos, los traficantes hacen hoyos con sopletes en la cerca fronteriza utilizando cobijas o madera contrachapada para que las autoridades de Estados Unidos no vean los destellos.
Para tener una vía de escape segura, a veces los traficantes hacen otro hoyo en la valla por el que podrían huir de regreso a México si las autoridades de Estados Unidos detectan el primer orificio.
En ciertos casos, un hombre armado vigila el hoyo del lado mexicano de la valla, dijo.
Muchas veces, los contrabandistas que realizan estas operaciones portan armas, agregó Archuleta, pero usualmente las emplean para protegerse de grupos que los asaltan.
El disparo a Villalobos fue el único incidente mencionado en los documentos de la corte en el que un agente o un traficante utilizó un arma de fuego. Archuleta dijo que los conductores generalmente se rinden antes los agentes, en lugar de provocar tiroteos.
Sin embargo, en algunos casos los traficantes usan sus vehículos para chocar los carros de la Patrulla Fronteriza. En el argot del narcotráfico, se les llama “suicideros” o conductores suicidas, dijo Archuleta.

