ALTAR VALLEY — Son los últimos días de junio, las temperaturas han alcanzado los tres dígitos y una vez más las agencias gubernamentales y no gubernamentales se han lanzado a la ardua rutina veraniega de prevención y a los esfuerzos de rescate para salvar las vidas de los inmigrantes ilegales que cruzan el mortal desierto de Arizona.
Desde el año 2000, cuando las muertes en la frontera alcanzaron niveles alarmantes, y sorprendieron a las autoridades, se han hecho grandes esfuerzos para prevenir a la gente sobre los riesgos y rescatar a aquellos quienes intentan de todas maneras cruzar. Pero a pesar de los grandes esfuerzos, el número de cuerpos encontrados cada año revelan una cruda realidad – nada está dando buenos resultados.
Se han recuperado más de mil cadáveres desde el 2000 en el Sector Tucsón de la Patrulla Fronteriza.
El número de víctimas mortales alcanzó 130 cuerpos al año desde el 2002. Las autoridades encontraron nueve cadáveres en los últimos 10 días, siendo ya 105 el total de este año.
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Y lo peor es que quizá todavía haya aún más que no han sido encontrados.
La política de la frontera
"Podemos hacer todas estas cosas pequeñas pero no son más que remiendos", dijo Raquel Rubio-Goldsmith, coordinadora del Instituto Migratorio Binacional de University of Arizona, quien recientemente publicó un estudio sobre las muertes.
"Lo obvio es cambiar nuestra política porque antes de tener este tipo de procesos la gente no se estaba muriendo en grandes cantidades en el desierto", dijo.
Más no todos están de acuerdo.
Al Garza, director ejecutivo de Minuteman Civil Defense Corps, indicó que entiende las razones que llevan a la inmigración ilegal, pero está de lado de las autoridades de la Patrulla Fronteriza quienes insisten que la mejor manera de salvar vidas es tomando el control de la frontera y usar su lema "una frontera resguardada es una frontera segura".
El condenar el orden público y perdonar a los que ingresan ilegalmente y a los gobiernos de sus países es injusto", señaló Garza.
"Si van a quebrantar la ley y van a entrar por la frontera porosa, van a sufrir las consecuencias", insistió Garza. "No veo en qué se le culpa a Estados Unidos".
La Estrategia Fronteriza del Suroeste de la Patrulla Fronteriza, la cual inició en 1994, designó recursos para disminuir la entrada ilegal cerca de San Diego y El Paso con la esperanza que el difícil terreno del desierto de Arizona sirviera como un disuasorio natural.
Mas el desierto no desalentó a los inmigrantes ilegales, solamente hizo que sus intentos fueran más peligrosos. Para 1998, la estrategia había canalizado el tránsito de inmigrantes ilegales a Arizona, tornánFdolo como el sector más concurrido en la frontera Sur.
Hoy en día, el atractivo de los empleos y el dinero continúa siendo mayor que el temor a las dificultades e inclusive a la muerte, coinciden los expertos. En vista de que no hay cambios tangibles que mitigarían las fuerzas que empujan y jalan a la gente hacia el Norte, los que entran ilegalmente continuarán llegando – a pesar de la gran concientización de los peligros.
Los esfuerzos en la frontera
A la puesta del sol sobre las Montañas Baboquivari, el agente de búsqueda y rescate de la Patrulla Fronteriza Paul McKenna conduce lentamente hacia el Oeste en el camino de terracería, buscando huellas de pisadas recientes y en espera de una llamada de ayuda.
Más hacia el Oeste cerca de Arivaca, el voluntario de No Más Muertes, Matt Mittelstadt hace un llamado en español: "Somos amigos de la iglesia, tenemos agua y comida" conforme el grupo hace su ronda nocturna en un camino conocido por los inmigrantes, dejando galones de agua a su paso.
Por todo el valle, los banderines azules que señalan la ubicación de los tanques de agua de Humane Borders ondean con el viento y las antorchas del rescate de la Patrulla Fronteriza se pueden ver entre los cactus y los arbustos.
A unas cuantas yardas al Sur de la línea internacional en una tienda de campaña llena de inmigrantes, Miguel Martínez Zamarripa, un comandante del Grupo Beta en Sásabe ofrece agua y les recuerda a los inmigrantes que su agencia cuenta con oficinas a lo largo de la frontera por si los atrapan y deportan o por si se enfrentan con problemas. No se preocupa por decirles de los riesgos que están tomando – la mayoría ya han oído hablar de esto de sus amistades y familiares, o en las noticias en la televisión así como de los anuncios publicitarios al servicio de la comunidad en México.
"Tenemos un dicho en México que reza, 'no se experimenta en cabeza ajena'; por eso no es lo mismo escucharlo que vivirlo uno mismo", explicó Alejandro Ramos Cardoso, vocero del Consulado Mexicano en Tucsón, el cual patrocina una campaña todos los veranos. "Mucha de la gente piensa que eso no les pasará a ellos".
¿Vale la pena?
En su primer intento fallido para entrar al país, Vicente Morales López, de 16 años de edad y sus dos hermanos mayores pasaron junto a 70 tumbas adornadas con cruces y velas.
Fue un recordatorio escalofriante de los peligros que él ya sabía, mas no lo disuadieron y ni siquiera alteró su estado mental. Durante las largas noches y calurosos días, Morales López estaba pensando en lo rápido que su padrastro había hecho suficiente dinero en los Estados Unidos para terminar el techo de la casa de su madre en el pueblo de Presidio, en el estado de Veracruz.
"Nunca habíamos podido construir la casa, pero en su lugar, él se fue a los Estados Unidos y sí lo pudo hacer", explicó Morales López. "Eso te inspira más a irte". Morales quien estuvo en Altar el mes pasado preparándose para por segunda vez intentar entrar al País con sus hermanos, personifica la mentalidad de muchos de los que entran ilegalmente – al tanto de los riesgos pero con la confianza de que serán uno en un millón de los que sí lo logran, no uno en 100 que mueren.
"Si empiezo a pensar en que una víbora me va a morder o que algo me va a pasar, es mejor no venir", expresó Tomás García, de 52 años de edad de Ciudad Obregón. "Vengo con la mentalidad de que voy a trabajar. Así, no me da miedo".
Miguel Moreno Leiva y José Muñoz Ruiz ya han arriesgado sus vidas varias veces durante los 25 días de viaje a bordo de trenes para trasladarse al norte por Guatemala y México desde su natal Santa Bárbara, Honduras. Su próximo camino a través del desierto representa un riesgo más el cual están dispuestos a enfrentar.
Sus amigos que han cruzado les han dicho sobre las muertes y lo volvieron a escuchar durante las conferencias en el refugio católico para inmigrantes en Altar donde se quedaron a mediados de mayo, pero afirmaron que estaban decididos a intentarlo de todas maneras.
"Los sufrimientos que uno pasa en Honduras hace que uno tome estas decisiones", indicó Moreno Leiva, de 40 años y padre de ocho. "A veces uno no puede obtener nada para la familia, los hijos tienen que pasar hambres y uno no sabe qué hacer. La misma desesperación hace que uno tome estas decisiones".
Previniendo muertes
En México, se hace el esfuerzo de advertir y prevenir mientras que al Norte de la frontera la energía se enfoca en rescatar y recuperar.
Cualquiera que sea el papel que juegan aquellas personas que están involucradas, saben que su trabajo es tan sólo un grano de arena para un problema mucho más grande.
"Si yo puedo salvar una vida, vale la pena", afirmó McKenna, el agente de búsqueda y rescate de la Patrulla Fronteriza, en referencia a lo que dicen quienes se dedican a los esfuerzos de rescate durante el verano.
Una noche el mes pasado, al estar trabajando al Este de Sásabe, McKenna pudo hacer eso. Le adminstró tratamiento a una joven de 17 años de edad oriunda del estado de Hidalgo, quien se había desmayado dos veces cuando cruzó el desierto sin comida y con tan sólo una pastilla de efreda, cafeína y aspirina, para aguantar.
McKenna le administró una intravenosa y la transportó a la carretera donde una ambulancia del Sur de Tucsón la recogió para llevarla a un hospital de Tucsón. Su estado no era tan severo como el de otros, pero sin atención médica, quizá no se hubiera recuperado, indicó McKenna.
"Definitivamente ella no hubiera podido seguir", dijo McKenna. "Si hubiera continuado, probablemente ella hubiera sido una víctima más en el desierto".
La organización con sede en Tucsón, Humane Borders, cuenta con 87 estaciones de agua en el desierto en ambos lados de la frontera, cuyos voluntarios las verifican y llenan durante todo el año con la esperanza de salvar vidas.
No Más Muertes, también de Tucsón, cuenta con dos campamentos en el desierto cerca de Arivaca y tiene tratos formales con el gobierno mexicano para ofrecer asistencia médica a aquellos que entran ilegalmente y son deportados en Nogales y Agua Prieta.
El Consulado Mexicano en Tucsón desplegó su campaña de prevención por quinto año consecutivo en junio con tres anuncios en radio y televisión los cuales además salieron al aire en México. "No dejes tu vida en el desierto", así se dicen los cartelones que las autoridades pusieron en México.
"Nuestro trabajo no es detener el flujo de inmigrantes de México pero sí informarle a nuestra gente que se protejan", dijo Ramos Cardoso. "Creo que al informarles, también los estamos protegiendo".
Otra forma en la que México piensa salvar vidas es por medio del Grupo Beta. En varias ocasiones, Martínez Zamarripa y otros agentes manejan por cerca de una hora y media a lo largo de caminos de terracería llenos de baches a un campamento temporal a 300 yardas de la frontera con Estados Unidos conocido como Rancho Los Cochis.
El mes pasado a mediodía, Martínez Zamarripa entró a la tienda de campaña con casi 50 personas, incluyendo una mujer con un infante en sus brazos. Él les ofreció agua, ayuda y les recordó que si los deportaban, el Grupo Beta cuenta con oficinas a lo largo de la frontera donde pueden hacer llamadas telefónicas y comprar boletos de autobuses con descuentos para regresar a casa. No hizo el esfuerzo para convencerlos de que no cruzaran.
"Están a tan sólo un paso para cruzar y su esperanza es cruzar", afirmó Martínez Zamarripa.
"Es muy difícil para mí convencerlos. Tratamos de convencerlos, luchamos por una buena causa, pero no obtenemos una respuesta positiva a ese respecto".

