La familia Jácome se relaciona con Tucsón a través de miles de relaciones personales – siendo ésta una de las razones por las que la influencia de la familia perdura una generación después de que la tienda departamental de la familia cerró en el Centro de Tucsón.
En su época, la Tienda Departamental Jácome, en el centro de la ciudad, era el lugar, donde se podía comprar ropa bonita e importaciones únicas. Estrellas de cine, políticos de Arizona y México, familias acomodadas y clientes en general hacían sus compras en la tienda, y el fundador Don Carlos Jácome y su familia les daban la bienvenida a todos desde la puerta de entrada.
Los Jácome fueron creciendo conforme Tucsón pasó de ser un lugar de intercambio comercial en el desierto a una ciudad de casi un millón de habitantes.
En Tucsón, los Jácome siempre estuvieron y de hecho todavía están, muy involucrados con la Iglesia Católica Romana, las artes y los eventos cívicos. Miembros de la familia ayudaron como voluntarios auxiliares en los hospitales de Saint Joseph y Saint Mary (San José y Santa María) y en el Centro Estudiantil Católico Newman localizado en la Universidad de Arizona.
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Hoy, donde la tienda departamental de la familia estuvo operando por tantos años, se encuentra la biblioteca Joel D. Valdez.
La plaza conocida como la Plaza Jácome es el punto de reunión para algunos eventos de la comunidad.
"Mis padres tenían la filosofía que la ciudad no debería de darnos las gracias, pero más bien nosotros deberíamos agradecerle a la ciudad por brindarnos tanto apoyo", comentó Tina Jácome, nieta de Carlos Jácome, quien abrió la primera tienda hace 110 años.
En Tucsón, la historia de la familia comenzó hace más de un siglo cuando el joven Carlos Jácome llegó junto con su madre a una aldea pequeña del territorio de Arizona después del fallecimiento de su padre en Magdalena, Sonora.
Habiendo tomado esa decisión en 1879, Mariana Corella Jácome sembró las semillas de una relación que se extendería en los dos países y ayudarían a fortalecer a Tucsón, el nuevo hogar de la familia. Varias generaciones después los Jácome continúan fortaleciendo esos lazos.
Carlos Corella Jácome nació el 8 de abril de 1870 en Ures, Sonora, hijo de Mariana y Ramón Jácome.
Mariana, quien había enviudado tres veces, decidió dejar México y en 1879 se dirigió a Tucsón con la esperanza de encontrar mejores oportunidades.
Carlos asistió a la escuela primaria en Tucsón pero la dejó después de tres años. Mariana lo necesitaba para que ayudara a mantener a la familia. Obtuvo un trabajo acarreando lodo a una construcción donde se construía un edificio de adobe. Isadore Mayer, de la tienda Mayer y Hermanos, pronto se dio cuenta de Carlos y lo contrató como cajero del negocio. En lugar de lodo, Carlos llevaba el dinero entre los clientes y las cajas. Y fue ahí, viendo el negocio desde adentro donde empezó a aprender el arte y el oficio de la venta.
Después de dos años se fue a trabajar como empleado con L. Zeckendorf y Compañía – el antecesor de su ex – competidor, Almacenes Steinfeld. Ahí trabajó durante 15 años.
Mientras tanto en Ures, Sonora, una mujer auto suficiente llamada Trinidad Germán Montijo decidió dejar su pueblo natal para ir en busca del oro en California. Cuando regresó no era rica, pero regresó con suficiente dinero para empezar de nuevo en un pueblo al que ella visitaba cuando niña, Tucsón. Se llevó a su hija Dionicia Germán, quien llevaba el nombre de su abuela y se fue para El Norte, a los Estados Unidos.
En Tucsón compró el mejor terreno que pudo y pagó con 20 piezas de oro con un valor de $20 dólares cada pieza.
"Estaba afuera del muro del Presidio y enfrente de la calle del panteón", dijo Estela Jácome, viuda de Alex G. Jácome, quien fuera presidente de la tienda departamental durante gran parte del último siglo. "La gente le decía que no era un terreno seguro porque los indios hacían redadas. Pero era lo que podía comprar".
El terreno, ubicado en la Avenida Stone fue una buena inversión. Dionicia se casó con Carlos Jácome y la familia más tarde construyó una casa en ese terreno. El edificio todavía está ahí, hoy en día una oficina con domicilio 271 N. Stone Ave.
Carlos Jácome y Dionicia Germán, las dos ramas de la familia que llegaría a ser los Jácome de Tucsón, habían echado raíces. Carlos y Dionicia empezaron una familia que crecería con cuatro niñas y nueve niños: Anita, Sara, Josephine, Rose, Carlos, hijo, Henry, Ramón, Juan, Frank, Alex, Arthur, Richard y Augustine.
Para 1896, Carlos se había convertido socio de negocios de su buen amigo Loreto Carrillo. Ellos abrieron la tienda de abarrotes La Bonanza en la Calle Congress.
Al cambio del siglo, Carrillo le vendió su parte a Genaro S. Manzo – también oriundo de Ures, Sonora - quien al poco tiempo le vendió su parte a Carlos. Fue el inicio de lo que llegaría a ser Jácome's Stores Inc. (Compañía Mercantil Jácome).
Carlos valoraba mucho el toque personal. Aprendió inglés y Pápago, como se le conocía entonces a los Tohono O'odam, para poder comunicarse con sus clientes, observó su nieta Tina Jácome.
"Don Carlos era un hombre muy caballeroso", comentó Estela. Ella se casó con Alex, el décimo hijo, en 1934 cuando ella tenía 18 años de edad. Su familia, los Valle, quienes llegaron a Tucsón de Argentina por California, eran clientes y amigos de la familia Jácome mucho antes de que ella y Alex se enamoraran.
"Él (Carlos) saludaba a los clientes a la entrada", dijo. "Parecía que les estaba invitando a entrar a su casa. Era alto, un hombre muy guapo de ojos azules".
En las fotografías de Don Carlos se ve con su gran bigote, una característica que su nieto, Alex Jácome Jr., hijo de Estela continúa.
Muchos de sus clientes eran rancheros y mineros, Jácome les fiaba y le pagaban dos veces al año.
"Cuando mi abuelo empezó la tienda se vivían tiempos difíciles", consideró Henry Jácome Jr., hijo, un nieto quien eventualmente se ocupó de la tienda con su primo Alex Jr. "Dejaba que la gente comprara cosas con un simple apretón de mano".
Con frecuencia, sobre todo durante la Gran Depresión, los clientes no podían pagar con dinero lo que compraban. Jácome les fiaba. Don Carlos sabía que cuando las cosas mejoraran, como sucedió, esos clientes serían sus clientes toda la vida – y así fue.
Don Carlos era mucho más que un comerciante. Era el confidente para muchos de sus clientes, quienes buscaban sus consejos en asuntos personales. Estuvo muy activo en la formación de Arizona como miembro del comité, el cual en 1910 redactó la Constitución del estado. Cuando falleció en 1932, las banderas por todo el estado de Arizona volaron a media asta. Los amigos de Don Carlos en ambos lados de la frontera sintieron su muerte.
En 1926, la esposa de Don Carlos, Dionicia, falleció mientras jugaba cartas con sus amigas. La madre de Dionicia, conocida como Doña Trini, se hizo cargo de sus 13 nietos.
Con Doña Trini no se podía jugar, comentó Margot Jácome, quien, en 1934, se casó con el hijo de Carlos y Dionicia, Agustín, apodado Teen.
Tanto Margot como Teen eran estudiantes de la University of Arizona cuando se fugaron a Phoenix.
"Era muy menudita", agregó Margot. "Guardaba todas sus bebidas alcohólicas en su baúl para que los chavos no las agarraran".
En una familia con tantos hijos, Doña Trini tenía su manera especial de estar al pendiente de todos, sobre todo las nuevas novias y novios. "Nunca en realidad aprendió a hablar inglés muy bien, pero era chistosa", sostuvo Estela. "Nunca preguntaba quién eras; preguntaba de quién eras. Eso nos daba nuestro lugar también".
Y en aquel entonces cuando la familia todavía estaba creciendo, los Jácome se mudaron a una casa en la Séptima Avenida, donde los hijos vivían hasta que se casaban.
Los niños vivían en el segundo piso.
"Todos los niños vivían en casa y todos vivían en la "cueva del león", dijo Henry Jr. al recontar las historias que escuchó de su padre y sus tíos. "Todas las camas estaban arriba.
"Cuando hay muchos varones, seguramente van a haber problemas dondequiera que estén", aseguró. El espacio era tan limitado que los muchachos ponían sus pantalones sobre la base de sus camas y luego encima los colchones; para guardar su ropa y mantenerla estirada y planchada para el día siguiente, informó Margot. Los niños se sentían orgullosos de vestir bien y sabían que en ellos se reflejaba el negocio de la familia.
"Eran muy meticulosos", dijo Tina. "Todos se vestían como Beau Brummel, con sombreros y guantes".
Las mujeres Jácome tenían lo suyo también. Las cuatro hermanas se ocupaban de atender a los hermanos y todas tenían "un carácter muy fuerte", exigían mucho, comentó Estela.
"Cuando uno se hacía parte de esta familia, uno tenía que estar disculpándose mucho por no ser buena cocinera", confesó riéndose.
Muchas de las mujeres Jácome trabajaban como voluntarias en organizaciones religiosas y grupos cívicos mientras se ocupaban de sus familias. Una hermana, Sara Jácome Parker, tocó el órgano durante años en la Iglesia Católica de la Sagrada Familia en el Centro de Tucsón y organizaba cantatas familiares. Estaban muy involucradas con la Iglesia y escuelas católicas, en el Centro Católico Estudiantil Newman en la UA, la Sociedad Histórica de Arizona, el Museo Estatal de Arizona y los hospitales locales.
Después del fallecimiento de Don Carlos en 1932, la familia votó por Alex para fungir como presidente, por un lado porque él era el único con una licenciatura universitaria, dijo su sobrino, Henry, Jr.
De niño Alex seguía a su padre Carlos por todos lados tan cerca de él que le apodaron "la Sombra". Pero no tenía planeado seguir a su padre en lo que se refiere al negocio familiar. "Él estaba interesado en el servicio diplomático", comentó su esposa Estela, ahora de 91 años de edad.
Alex se ocupó de esta responsabilidad con seriedad. "Él llevó todo el peso de la familia en sus hombros – la tienda", opinó Alex Jr. "Se puede imaginar la política que se vivía en la tienda, sin hablar de la familia".
Cada uno de los hermanos contribuyó en algo a la tienda. Henry estaba a cargo del departamento de hombres, y Teen del de las mujeres. Richard estaba encargado de la administración de la tienda. Todos los hijos trabajaron en la tienda en alguna época de su vida. Algunos se retiraron del comercio pero continuaron como accionistas en la compañía.
La unión de la familia y los negocios establecieron ciertas reglas básicas. "Una de las reglas era que ningún cuñado o cuñada podía trabajar ahí", informó Alex, Jr. "El tratar con parientes carnales ya de por sí es difícil".
En 1951, la tienda Jácome se mudó a una propiedad más grande en el Centro de la ciudad, en la Avenida Stone y Calle Pennington. La familia se aseguró que la nueva tienda reflejara su comunidad; así que comisionó al artista y torero mexicano Salvador Corona para que pintara un precioso mural enmarcado. La artista Edith Hamlin Dixon Dale creó dos piezas grandes para colgarlas al exterior de la nueva tienda. Tina Jácome donó dichas piezas a la ciudad y ahora cuelgan en el Centro de Convenciones de Tucsón, una en la entrada Oeste y la otra al exterior del teatro Leo Rich.
El cambio de 1951 hizo noticia a nivel nacional porque Harold Steinfeld, quien también era propietario de una tienda departamental en el Centro de la ciudad, construyó la tienda y se las arrendó a los Jácome. Esta idea, la cual era algo muy revolucionaria en ese entonces, de juntar negocios similares era bueno para todos. Y así fue, por un tiempo.
Los Jácome atendían a los tucsonenses, pero también a clientes ricos mexicanos quienes podían viajar a cualquier lugar del mundo para ir de compras. Alex se aseguraba de que fuera fácil para los ciudadanos mexicanos negociar en la tienda departamental. Los clientes podían cambiar los pesos por dólares en cualquier caja al cambio del día y cada uno de los departamentos contaba con por lo menos un empleado bilingüe, asentó.
"Él era el embajador no oficial de Tucsón para México", dijo Alex, Jr. de su padre. Alex padre fue nombrado vicecónsul honorario de México y representó a los Estados Unidos en un conferencia internacional sobre los Indígenas de América realizada en Bolivia.
También representó al Departamento de Estado en una misión comercial en España.
Como su padre, Alex Jácome cultivó los lazos personales y eventualmente se convirtió en la persona que las familias mexicanas le decían a sus hijos que llamaran en caso de que necesitaran algo. "Los llevábamos a sus citas médicas, prestábamos dinero, organizábamos bodas", agregó Estela. "Así continuó. Él se convirtió en el padrino de todos los estudiantes mexicanos de la Universidad de Arizona."
Pero al ir creciendo y extendiéndose Tucsón, el Centro de la ciudad empezó a morir. El conjunto de tiendas del centro, las cuales habían sido algo muy revolucionario en 1951, se empezó a desmoronar. Las tiendas se salieron del centro de la ciudad para irse a centros comerciales nuevos como El Con Mall. Los políticos juraron una y otra vez que ayudarían a revivir el Centro de la ciudad ofreciendo un bonche de planes que nunca se realizaron.
El verdadero principio del final llegó en diciembre de 1979 cuando el Hotel Pioneer se incendió y causó la muerte a más de dos docenas de personas. El Pioneer fue el lugar de reunión la mayor parte del siglo XX en Tucsón. Es a donde fueron Estela Valle y Alex Jácome en su primera cita y en donde se quedaban la mayoría de los clientes mexicanos de Jácome cuando venían a Tucsón.
Herny Jr. y Alex Jr, quienes tomaron las riendas de la tienda de sus padres, comentaron que muchos de los que fallecieron en el incendio eran sus amigos, no solamente clientes. Sus amigos y competencia comercial, Peggy y Harold Steinfeld, quienes vivían en el penthouse del hotel, también fallecieron.
El Hotel Pioneer cerró en 1974. "Jácome nunca más se recuperó", dijo Henry Jr.
En 1980, Alex Jr. y Henry Jr. tomaron la difícil decisión de cerrar el negocio de la familia. El peso se había devaluado enormemente y la pérdida financiera le costaba muchísimo a Jácome. La tienda se medio sostenía, pero con el tiempo los primos decidieron que no tenía sentido luchar por mantenerla abierta. La decisión le pegó duro a la familia.
Hoy en día Tucsón se da cuenta del valor que tiene la conexión comercial con México, dijo Augie García, director de la oficina Puerta Nueva de la ciudad, la cual hasta el pasado enero había sido la Oficina de Comercio Tucsón-México.
Varios de los nietos de los Jácome, entre ellos Tina y Alex Jr. siguen estableciendo relaciones a través de la frontera por medio de la organización Tucsón-México Ciudades Hermanas.
Había gente como los Jácome quienes apreciaban el valor de las relaciones con México, y el nuevo liderazgo en la comunidad no comprendía esta relación", opinó García.
Los estudios demuestran que los esfuerzos hechos para promover a Tucsón como un destino para hacer compras están atrayendo a la clientela mexicana.
García dijo que Tucsón está volviendo a aprender las lecciones que la familia Jácome ya sabía instintivamente: que las relaciones personales toman tiempo y esfuerzo, pero bien valen la pena. Los consumidores mexicanos generan millones de dólares en ingresos al año en el Condado de Pima, informó.
"Esto confirma lo que los Jácome supieron por años", confirmó.
Así como Tucsón se ha extendido, también los Jácome. Miembros de la familia se han dedicado a la enseñanza, organizaciones sin fines de lucro, comercio, deportes, música, bienes raíces, finanzas y servicios públicos. Continúan ofreciendo sus servicios como voluntarios y fortaleciendo a Tucsón.
"Pues así es nada más, el amor a la comunidad", dijo Ruth Jácome, quien se unió al clan cuando se casó con el nieto de Carlos, John Jácome en 1956. Él fue bombero por casi 30 años y hoy en día se dedica a hacer presentaciones de artes y manualidades, inclusive algunas veces en la Plaza Jácome. Ruth organiza el programa de docentes de la Catedral San Agustín en el Centro de la ciudad.
"Creo que esto lo dejó bien grabado Carlos, que esto es lo que se debe de hacer", dijo Ruth. "Y se ha pasado de generación en generación".

