MÉXICO, DF.- De un simple agricultor a todo un estratega militar; de un rebelde inconforme a Jefe de la famosa División del Norte; de Doroteo Arango a Francisco Villa, conocido también como "El Centauro del Norte".
Ese es Pancho Villa, uno de los principales y más discutidos caudillos de la Revolución Mexicana, cuyas batallas se escribieron en las páginas de la historia mundial; su vida, obra y muerte son parte de la memoria colectiva que lo mantienen vivo, y cuentan, cada vez con detalles más sorprendentes, parte de sus hazañas como guerrillero.
Francisco Villa era más alto que el mexicano promedio. Media 1.76 metros; tenía los ojos cafés profundos, de hecho, hay quienes dicen que era casi imposible sostenerle la mirada. Era fotogénico, tenía los dientes manchados, solía autografiar las fotos a sus seguidores, casi siempre usaba sombrero y no sabía posar ante la cámara.
People are also reading…
Villa, héroe, villano o simplemente un hombre ubicado en el lugar y tiempo indicado, es una leyenda que sin duda ha inspirado a muchos escritores a plasmar sus batallas y los conflictos militares que protagonizó.
Pero, ¿en qué momento nació el mito de Pancho Villa?, ¿en qué parte de la historia Villa se convirtió en un personaje inmortal?
El investigador Miguel Ángel Berumen ofrece la respuesta en su libro "Pancho Villa. La Construcción del Mito".
El ex director del Departamento de Cine de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez se adentra en la vida de Pancho Villa y encuentra el punto exacto del nacimiento del mito.
"La pregunta central que yo traté de contestar es cómo y cuándo se construyó el mito de Pancho Villa, cuándo fue perseguido por primera vez el mito y cuál fue el papel que jugaron las imágenes fotográficas y cinematográficas, así como la tradición oral en ese proceso", explica, "de eso trata el ensayo, y se complementa con un artículo que habla de las fotografías más famosas de Pancho Villa, porque el resto del libro está construido a partir de las imágenes."
Pese a que el revolucionario fue asesinado hace ya 83 años, no hay duda de que el mito es más poderoso que el personaje histórico, dice el escritor.
Francisco Villa es uno de los pocos personajes de quien su mito nace cuando él no ha muerto, destacó Miguel Ángel Berumen, es uno de los personajes que tiene que lidiar con su propia imagen.
"Nos centramos en tres meses, que es septiembre de 1913 hasta enero de 1914", señaló, "lo que pasó en estas fechas fue la conformación de la División del Norte, la primera toma de Torreón y la toma de Ojinaga el 10 de enero de 1914, porque Villa toma después todo el Estado de Chihuahua".
Y Chihuahua juega un papel clave en la vida militar de Francisco Villa debido a que Estados Unidos tenía invertido en él más dinero que en cualquier otra parte del mundo, en minas, en aserraderos, en seguros, y además por ahí se transportaban la mayoría de las inversiones que tenía el resto del País.
A pesar de que una de las teorías sostiene que Francisco Villa construyó su propio mito, ya que no hay que olvidar que "El Centauro del Norte" protagonizó uno de los primeros 'reality show' al firmar un contrato con la Mutual Film Corporation para que filmara dos películas de lo que hacía en los campamentos y las batallas que enfrentaba, Miguel Ángel Berumen descarta esta posibilidad.
"Se puede decir que Villa fue la primera estrella del cine mexicano, pero no se puede decir Villa o los medios estaban construyendo su mito", afirma, "yo creo que ese puede ser el punto de partida porque Villa ya venía con una gran carrera militar, y era una carrera que había iniciado en Torreón, con la primera toma y la fundación de la División del Norte, con la toma de Ciudad Juárez, la batalla de Tierra Blanca y la ocupación de Chihuahua, todo esto a finales de 1913".
El mito
No cabe duda de que la tradición oral y el cine contribuyeron a la difusión y engrandecimiento del mito de Villa.
"Pancho Villa, el más osado y poderoso mexicano que produjo esta era, cuyo nombre y hechos vivirán por siglos venideros después de que se haya ido", declaró la estadounidense Alberta Claire, quien lo entrevistó y fotografió en plena Revolución.
Y tenía razón, ya pasó casi un siglo y Villa sigue presente, su huella va más allá de los libros de historia; aunque el estigma de bandido lo acompañó siempre, sus hazañas nunca han estado en entredicho.
Por su perfil de líder y su capacidad militar, se le consideró el Napoleón mexicano o se le llegó a comparar con grandes generales estadounidenses, pero él prefería ser visto sólo como un soldado en lucha por la justicia y por los derechos del pueblo.
"Villa es antropológicamente, zoológicamente, digno de que uno vaya a conocerlo", expresa el doctor y escritor regiomontano Encarnación Brondo Whitt sobre el Centauro del Norte.
Pero no sólo fue un gran estratega militar, también conoció el poder de los medios, tanto de la prensa escrita como del naciente cine.
Periodistas e intelectuales, como el estadounidense John Reed o el mexicano Martín Luis Guzmán, lo acompañaron en sus andanzas y fueron testigos de su lucha; además, firmó contrato con Hollywood para filmar sus batallas.
"Villa, formidable impulso ciego, capaz de los extremos peores, aunque justiciero, y sólo iluminado por el tenue rayo de luz que se colocaba en el alma a través de un resquicio moral casi imperceptible", escribió sobre él Guzmán.
Mientras que Reed describió sus movimientos como los de un lobo.
"Es un hombre aterrador, ninguno de sus hombres se atreve a cuestionar sus órdenes", señaló el autor estadounidense.
Otra de las leyendas que lo acompañan es la de haber sido una especie de Robin Hood mexicano, que despojaba a los ricos para favorecer a los pobres.
"Sabemos por el autor que Pancho Villa era un hombre sobrio, no bebía ni fumaba y tenía tres grandes pasiones: las armas, las mujeres y los gallos", comenta el doctor en Comunicación Carlos Recio Dávila.
"Villa era un hombre que tenía mucho respeto por la educación y lo que ella representaba", señaló, "era un hombre fuera de lo común y que parecía haberse adelantado en muchos sentidos a sus contemporáneos".
Sin embargo, la creencia más reciente, y tal vez la más excéntrica, es aquella que le atribuye características de santo.
Desde los años noventas, en algunos estados del Norte, como Chihuahua, Coahuila y Durango, comenzó a circular el mito de que Villa también hacía milagros.
Lociones, inciensos, veladoras, cuadros, oraciones y aguas espirituales con su imagen se venden en las tiendas herbolarias para conseguir los favores del General, como lo llaman los seguidores.
Según la creencia popular, la devoción tiene sus orígenes en los años 40, cuando en Ciudad Juárez algunos paisanos se encomendaban a Villa para evadir a la Migra en su paso a Estados Unidos, pero hoy sus devotos creen que desde el más allá elimina enfermedades, concede milagros, arregla problemas familiares y, por si algo le faltara al mito de Pancho Villa, hasta cura males de amor.

