Hace unos días, unos buenos amigos, exitosos empresarios hispanos, se quejaban amargamente de Hillary Clinton y se lamentaban de cómo la candidatura de Donald Trump no llegaría lejos, facilitándole así las cosas a la ex primera dama en su camino a la Casa Blanca. Cuando un servidor, en forma resumida opinó que tal posibilidad (el triunfo de Clinton) sería resultado no sólo de la candidatura de Trump sino en realidad de la locura y la torpeza política republicana de por lo menos los últimos ocho años.
Con los ojos desorbitados me cuestionaron “cuáles eran” esos desaciertos republicanos que antecedían al demente Trump.
Como suele suceder en estos casos, el intercambio no fue en la forma suficientemente ordenada como para poder expresar una respuesta completa. Como me quedé con el “gusanito”, a continuación hoy expongo cuáles son los pecados capitales republicanos que tienen al partido no sólo lejísimos de la Casa Blanca, sino literalmente luchando por su vida. Como van:
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-La entelequia referente a los impuestos. Es muy claro que las alzas a los impuestos no son precisamente un incentivo para la economía; sin embargo, la forma absurda en que los republicanos han manejado este tema no tiene reales fundamentos en ninguna escuela económica, sino solo en trasnochada ideología. En algún momento, y para alguien, hay impuestos que tienen que subir; la discusión sobre ello debe ser robusta, pero oponerse en automático y sin una mentalidad abierta es demagogia pura.
-La oposición torpe –y súper ineficiente- al Obamacare. Ciertamente, la reforma a la ley de salud está lejísimos de ser perfecta y no atiende aspectos muy necesarios en la cobertura de servicios de salud. Sin embargo, millones de personas que no tenían acceso a servicios hoy sí lo tienen, y ello es mejor que nada. Los republicanos se oponen, pero su pecado es no ofrecer alternativas viables. Con un tema así, el “no y no” jamás llegará lejos.
-La falta de reconocimiento pleno de que la inequidad en el ingreso es un problema mayúsculo en Estados Unidos, por ya no hablar de las reducidas oportunidades de movilidad social ascendente. No es necesario estar de acuerdo con el locuaz extremismo de izquierda “a la Bernie Sanders” para hacer de este tema una bandera política fundamental como preludio a la acción en el ejercicio de gobierno.
-El comenzar a coquetear desde antes de Trump con oponerse al comercio internacional y a los pactos comerciales de Estados Unidos con otras naciones. Si bien es cierto que esto es reciente, pues los republicanos siempre han presumido de ser el partido del comercio y los negocios, así como proponente de la competencia global, en su bipolaridad política del último lustro comenzaron a especular con la causa proteccionista.
-Política exterior partidista rayana en la traición y de hecho desleal con la administración Obama. Aquella dichosa “carta” de los senadores republicanos a las autoridades iraníes, así como la “invitación” a Bejamin Netanyahu, primer ministro Israelí, a hablar en la Cámara de Representantes cuando la tensión entre la administración Obama y el gobierno israelí era más que evidente, pinta de cuerpo entero el desboque republicano e ilustra cómo su “patriotismo” es al menos bastante cuestionable.
-La falta de reconocimiento de que si bien el racismo institucional y legal está extinto, muchos aspectos culturales discriminadores y abusivos contra minorías raciales y étnicas continúan bien vivos en ciertos sectores sociales, incluidas no pocas corporaciones y agencias de la ley. El frecuente abuso policial, si bien no generalizado, contra la comunidad afroamericana es una realidad que se pretende tapar negándola. La negativa a una reforma migratoria justa queda comprendida aquí también.
-La general falta de respeto al presidente Obama, a quien, si bien hay tanto que criticarle, el atacarlo en la forma y el tono en el que lo han hecho los republicanos todos estos años pareciera en no pocos casos tener que ver más con el color de su piel. Si no es así siempre, el problema está en actuar como si así lo fuese.
Ejemplos hay muchos, pero por falta de espacio no los enumero hoy aquí. Los republicanos jamás entendieron que la circunstancia reclamaba otro enfoque de su parte en su lucha política. Si bien George W. Bush sufrió de algo parecido de parte de los liberales y del Partido Demócrata, las circunstancias entonces no hacían pensar en nada más que falta de civilidad política. El Partido Republicano no pudo con el reto que la historia le planteó.
Ahí está. Por eso, y otras cositas más, claro, es que los republicanos se encuentran donde se encuentran, de cara a una catástrofe política y electoral de proporciones bíblicas (para decirlo en su jerga).
Trump es la cereza en el pastel de todo ello, es la consecuencia, el síntoma, no la causa o enfermedad.

