De la misma forma que es odioso el muy común uso de la “carta racial” (race card) como argumento para justificar ciertas posturas izquierdistas o liberales, también es absurdo y repugnante el clamor de muchos en el sentido de que el racismo no existe más en Estados Unidos.
La confusión de muchos es grande entre la existencia de un marco jurídico y en gran medida político que, en efecto, garantiza la igualdad ante la ley a todas las razas, y el hecho –no aceptado- de que todavía siguen vivas culturas xenofóbicas, racistas y prejuiciosas, aun en individuos que fungen como autoridades.
Ni está bien que a cualquier problema social le busquemos el lado racial para tramposamente manipular la discusión, ni tampoco es bueno que el racismo como actitud de no pocos estadounidenses sea negado.
No podemos estar seguros de que éste –el racismo- sea la causa de que otro joven afroamericano –Michael Brown- haya sido muerto a tiros por un policía el pasado 9 de agosto (después de todo, constantemente estamos leyendo en los medios acerca de estas “gracias” de los cuerpos de policía en todo el país en contra de individuos de todas las razas), pero de que las circunstancias del hecho y, sobre todo, el manejo del proceso posterior por parte de las autoridades en Ferguson, Missouri, dan mucho en qué pensar, eso que ni qué.
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La tramposa, pestilente, habría que decir, liberación de un video en donde aparentemente el corpulento Brown roba sin tapujos un paquete de cigarros y empuja a placer a un indefenso encargado de la tienda en donde ocurría el hecho, seis días después de su muerte, sólo contamina la investigación y, por ende, la administración de justicia. Ello, sobre todo, porque en el colmo del absurdo, el mismo Jefe de la Policía de Ferguson declaraba que el contacto entre el oficial Wilson (cuya identidad fue revelada el mismo día de la liberación del video) y el joven Brown no tuvo nada que ver con el hurto en la tienda, que, de hecho, Wilson no conocía del asunto.
¡Vaya! ¡El tufo a intento de “asesinato de carácter” en contra de Brown es inescapable! La otra posibilidad es incompetencia infinita en el manejo de al menos sus relaciones públicas por parte de las autoridades locales, cosa difícil de creer.
La gente de la región está indignada, y con toda razón. Todo el país, de hecho, tendría que estarlo, ello aunque resulte certera la insinuación oficial de que Brown era un vago y un ladrón. Serlo, no le da derecho ni razón a la policía para tirotearlo en medio de la calle, menos aun si quien disparó ni enterado estaba del robo que se supone acababa de suceder. Menos todavía si Brown estaba desarmado y con sus manos en el aire, cosa sobre la cual se dice hay testigos.
La realidad, aunque ésta no se quiera admitir por muchos, es que dentro de esa tendencia a asemejarse a un “Estado policial” en que Estados Unidos ha venido envolviéndose en los últimos lustros, se encuentra esa propensión de los cuerpos de seguridad pública a disparar primero y averiguar después. Los excesos en el uso de la fuerza en donde la policía, armada hasta los dientes y luciendo más bien como un ejército, se presenta incluso en residencias particulares y acaba abatiendo a tiros a individuos solitarios, en muchos casos con problemas mentales, se han venido sucediendo cada vez con más frecuencia.
No nos hagamos tontos, las razas negra y café incitan todavía mayores excesos por parte de la autoridad.
El que diga que el racismo, aun el institucionalizado, está muerto en Estados Unidos, sólo está metiendo la cabeza en la tierra como el avestruz. Las leyes son una cosa, las calles son otra.
Al momento de redactar esto parecía que por más “toques de queda” que se impusieran, la situación sería difícil de contener, aclarando que detener los saqueos y los actos vandálicos sigue siendo un deber de la autoridad. El punto es, ¿por qué se tiene que llegar a eso?
La única respuesta que se nos ocurre es que, al parecer, no todos en posición de autoridad entienden que no se puede ejecutar a miembros de minorías en las calles y tratar de manipular las investigaciones sin esperar fuertes reacciones sociales por las comunidades. Si éste u otros acontecimientos no caen dentro de ese caso, la misma actuación llena de suficiencia de las autoridades hace que así parezca.
Uno más…¿Cuántos seguirán?

