Nada me da más congoja cuando pienso en la situación política actual de Agua Prieta que recordar que lo mismo pensaba hace tres años, y hace seis, y hace 12 años.
En el 2003 ya se hablaba de un hombre aferrándose al poder, de su dudosa reputación, del continuismo en la alcaldía a través de su esposa y de su forma de “ganarse” a la gente. Aún se vivía en México la euforia porque el PRI había perdido la Presidencia después de 71 años, aunque ya había cierto desencanto por Fox.
Y en ese contexto de alternancia en gran parte del país, recuerdo que entrevisté al candidato David Figueroa e inicié mi nota diciendo que Agua Prieta parecía suspendida en el tiempo. Que allá los aires de la alternancia y del voto de castigo al PRI no habían llegado.
Por eso me parece tan importante lo que suceda ahora y en el futuro inmediato de la ciudad, porque no se trata de que gane el PAN, ni siquiera de que vuelva a perder Vicente Terán (ya perdió en el 2003), se trata de que la historia no se siga repitiendo.
People are also reading…
Se trata de demandar un mejor gobierno, pero también de madurar como sociedad.
Hace un par de meses conocí a Iván Bernal en una entrevista. Me pareció sincero, valiente y preparado. Vi a un hombre con vocación de servicio. Aunque me quedé desde ese primer día con la sensación de que sus aspiraciones no estaban bien sustentadas legalmente, porque el único tema en el que era un poco evasivo era el relacionado a los tiempos de su sacerdocio.
Esa sensación se afianzó en mí cuando vi un video en Facebook en donde Bernal desayunaba con reporteros después de que el PRI y sus partidos paleros habían impugnado su candidatura. La gran pregunta –que Iván nunca respondió en ese desayuno- era si realmente había sido sacerdote.
¿Cómo? Todos sabíamos que sí, lo que algunos ignorábamos es que cuando se inició como sacerdote las autoridades de la Iglesia Católica no lo registraron ante la Secretaría de Gobernación, aunque sí fue reconocido internamente. Los sacramentos que él impartió tuvieron validez.
Desconozco si el PAN e Iván Bernal se percataron de eso desde el principio y era su alegato; no sé si realmente confiaban en que podría ser candidato o si lanzarlo fue una estrategia para despertar conciencias. Si fue estrategia, se las aplaudo. De pie.
Se las aplaudo porque era necesaria para trazar la posibilidad de la derrota de Terán. Le reconozco a Iván la valentía por la decisión de vida que tomó, por alejarse de su zona de confort e involucrarse en una lucha de la que, lo dijo él mismo, podía salir sin Juan y sin las gallinas. La celebro porque lograron que mucha gente saliera de su casa y razonara su voto.
Si no fue estrategia, qué lamentable actuación del PAN y sus equipos jurídicos, porque visto como lo planteó el Tribunal federal parece muy claro que había que acreditar cinco años de separación de la Iglesia.
El PRI, mañoso y colmilludo como es y amenazado como se sintió, no dejaría pasar la oportunidad de tumbar con legalismos al líder legítimo de mucha gente.
Gran parte de la campaña panista se centró en evitar que Vicente Terán sea alcalde por tercera ocasión, en impedir que él y su esposa hilen nueve años en el poder municipal -15 en total- sin tomarse siquiera la molestia de responder a las múltiples y delicadas acusaciones de desvíos de recursos, de negocios ilegales, de compra de votos y de conciencias.
Sí, de acuerdo. Pero que no sea ese el fin último.
Es importante no centrar esta batalla únicamente en el triunfo material de los candidatos de la fórmula por el cambio, ni considerar que su arribo al gobierno será la panacea. No dejarlos solos ni darles un cheque en blanco.
Démosles a ellos un voto de confianza y a los Terán un voto de castigo. Y démonos todos un voto de exigencia.
Tomemos la oportunidad -y Agua Prieta ya dio pasos en ese sentido- de ser mejores ciudadanos, más informados, más conscientes. Que el 8 de junio no nos sintamos ni totalmente satisfechos ni derrotados.
Quienes viven en Agua Prieta deben exigir un buen gobierno, que incluya entre sus funcionarios (los empleados de todos los habitantes) a las personas más capaces de desarrollar los mejores programas de crecimiento económico, social y cultural, de desarrollo humano, que haya tenido el pueblo.
Vigilemos, pidamos, participemos, para que nuestra propia historia no nos vuelva a sorprender.
Porque, pensándolo bien, ¿qué les costaría a los Terán reaparecerse en su versión reloaded en el 2018?
Liliana López Ruelas es colaboradora de La Estrella de Tucsón, originaria de Agua Prieta, Sonora. Contáctala en llopez@tucson.com.

