Un niño de 9 años de edad, a punto de ingresar a la que será su séptima escuela, guarda su ropa y todas sus pertenencias en una bolsa de basura. Duerme en el piso, junto a otros dos niños.
Una mamá renuncia a su trabajo porque pagar una guardería para sus hijos es un lujo que no puede darse.
Dos jovencitos y su familia se mudan a una deteriorada casa rodante modelo 1977, luego de que los servicios de limpieza que prestaba su padre se vinieran abajo víctimas de la recesión económica.
La pobreza en Tucsón es invisible para muchos, a pesar de que es cada vez mayor.
Y son nuestros niños quienes más sufren.
Uno de cada tres niños o jóvenes menores de 18 años dentro de los límites de Tucsón vive en pobreza. A nivel estatal la tasa es uno de cada cuatro. A nivel nacional es uno de cada cinco.
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La pobreza se disparó en todo el país a raíz de la recesión, pero el impacto fue más profundo aquí.
Mientras el gobierno recortaba la asistencia en efectivo, los subsidios con fondos federales y los de ayuda para el cuidado de los niños, la red de seguridad social que una vez arropó a las familias de Arizona se crispó.
En Tucsón la situación se agravó por nuestro mercado de trabajo, el cual es dominado por una industria del servicio que paga salarios apenas suficientes para subsistir y en muchas ocasiones brinda sólo empleos de medio tiempo. Comparado con los promedios estatales y nacionales, también tenemos un porcentaje más alto de familias encabezadas por padres solteros, situación que los vuelve más vulnerables económicamente.
Más de la mitad de los niños nacidos en Arizona en este año son hijos de madres que califican para recibir Medicaid, el programa gubernamental de cuidado de salud diseñado para los más pobres en el estado.
Como región, hemos tomado decisiones políticas con las que hemos dejado ir oportunidades económicas.
Nuestra proximidad con Phoenix anula nuestras posibilidades frente a compañías que intentar reubicarse en Arizona. Phoenix tiene una vida nocturna más boyante, mayor riqueza artística, mejor infraestructura, equipos deportivos profesionales, una fuerza laboral más calificada y un aeropuerto más grande.
El porcentaje de niños que cumplen los requisitos para recibir comida gratis o a precio reducido en el Distrito Escolar Unificado de Tucsón (TUSD) pasó del 57 por ciento en el 2006 al 71 por ciento actual, muy por encima del promedio estatal de 59 por ciento. En algunas escuelas consideradas de bajo ingreso, el 60 por ciento del estudiantado es transitorio, ya sea porque ingresan tarde o porque abandonan el curso antes de que concluya el ciclo escolar.
Una enorme red federal del Seguro Social y del Medicare ayuda a los adultos mayores. Pero con la excepción de las estampillas para comida, en los estados la ayuda es principalmente para el cuidado de los niños, y esa ayuda se está reduciendo, particularmente en Arizona. No sólo es el estado que recibe menos fondos federales para ayudar a sus residentes más necesitados, sino que se están desviando fondos que iban directamente a la pobreza.
Crecer en la pobreza debilita las posibilidades de éxito de los niños cuando sean adultos. Añada a eso una vida caótica y las probabilidades empeoran para muchos. Una vivienda inestable, la asistencia irregular a la escuela y el acceso limitado a alimentos nutritivos y a la atención médica incrementan las posibilidades de que estos niños se conviertan en adultos desempleados, poco saludables y que enfrenten problemas con la ley, en pocas palabras, que se conviertan en una carga para los contribuyentes.
El problema es complejo, y solucionarlo requiere que todos trabajemos unidos. En muchos sentidos, nosotros mismos elegimos este destino mediante una serie de oportunidades desaprovechadas, dice el ex alcalde George Miller.
Miller dice que la falta de cooperación de la comunidad ha obstruido consistentemente el éxito económico de Tucsón. En un caso reciente, los dimes y diretes y los conflictos internos de la ciudad provocaron que la Universidad del Gran Cañón decidiera buscar por otro lado dónde ubicar su nuevo campus -y con él mil nuevos empleos-, el cual habría representado para el ayuntamiento la recuperación del dinero que ha perdido con el Campo de Golf El Rio Trina Álvarez.
"Parece que siempre hay un grupo de gente en Tucsón que quiere detener cualquier crecimiento relacionado con los negocios", dice Miller. "Y entonces acabamos con una ciudad de sueldos bajos... Vamos para atrás en lugar de avanzar".
Caos
La pobreza no es intrínsecamente negativa para los niños. Hay muchas familias pobres que viven en hogares modestos pero estables, guiados por padres que brindan a sus hijos estructura y una sensación de seguridad.
Pero también hay muchos niños que además de ser pobres viven en medio del caos. Guardan sus pertenencias en fundas para almohadas, siempre listos para la siguiente mudanza. Viven sólo con uno de sus padres, el cual posiblemente llevará a casa a una pareja tras otra. Probablemente sean testigos de drogadicción o sufran el abandono.
Los niños pobres son siete veces más susceptibles de sufrir abuso o abandono, y están dos veces más expuestos a experimentar crímenes violentos, incluyendo la muerte, según afirma la Alianza de Acción por la Infancia (Children's Action Alliance), con base en Phoenix.
Los hombres viviendo en pobreza tienen dos veces más probabilidades de ser arrestados, y las mujeres pobres tienen seis veces más probabilidades de tener un hijo fuera del matrimonio antes de los 21 años.
La Academia Norteamericana de Pediatría considera a la pobreza una de las mayores amenazas para la salud infantil.
Hay traumas severos y crónicos, como los ocasionados por vivir con un padre alcohólico o por presenciar violencia doméstica, que causan estrés tóxico en los niños. El estrés puede dañar cerebros jóvenes, dice John Medina, biólogo molecular del estado de Washington que estudia el desarrollo del cerebro.
Explica que cuando el trauma pone a un niño a volar, a pelear o lo deja sufriendo pánico, a ese niño le resulta fisiológicamente imposible aprender.
"El factor que mejor puede predecir el éxito académico", dice Medina, "es la estabilidad emocional en el hogar".
Una nueva forma de pobreza
Cuando el presidente Lyndon B. Johnson libró su Guerra contra la Pobreza en la década de los sesentas, muchos de los caminos a la prosperidad estaban bloqueados para las mujeres y las minorías.
Las leyes cambiaron eso. Pero emergió una nueva forma de pobreza.
"En los sesentas ellos lograron justicia legal. Nosotros necesitamos justicia económica", dice el alcalde de Tucsón, Jonathan Rothschild.
La pobreza es un rompecabezas, y sus piezas incluyen fuerzas económicas y sociales como el colapso de la industria de la vivienda, el declive del núcleo familiar y los movimientos en la escala de valor sobre la cual las empresas remuneran a sus empleados. En 1965, un director general en Estados Unidos ganaba 20 veces más que un trabajador raso. Esa brecha en el 2012 era de 273 tantos.
En Arizona, más de seis mil niños de familias trabajadoras de bajos ingresos están en la lista de espera para recibir ayuda con los gastos por su cuidado, los cuales a veces son tan altos como el pago de una renta. La lista de espera para la asistencia federal en vivienda es de 10 mil personas, y sería más larga de no ser porque está congelada.
La más reciente Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense de la Oficina del Censo de Estados Unidos, con datos del 2011, ubica a Tucsón como la sexta ciudad más pobre del país entre las áreas metropolitanas. Líderes y expertos locales se han apresurado a descalificar ese resultado, diciendo que la metodología es pobre y que la clasificación ignora las diversidades económicas de cada área. Pero todos estos argumentos se olvidan de una visión global.
"El ranking podría estar ligeramente distorsionado, pero ese no es el punto", dice el administrador del Condado Pima, Chuck Huckelberry. "El punto es: ¿por qué tenemos pobreza?".
Las reporteras Patty Machelor, Carli Brosseau y Emily Bregel contribuyeron a este reportaje.
Contacta a Stephanie Innes en sinnes@azstarnet.com o al 573-4134.
A 9-year-old boy, about to attend his seventh school, keeps his clothes and belongings in a garbage bag. He sleeps on the floor alongside two other children.
A mom quits work because she can't afford her infant's daycare. Two young boys and their family move into a rusty 1977 RV after their father's janitorial service falls victim to the recession.
Poverty in Tucson is invisible to many, yet it is increasing.
And our children sufferthe most.
One in three kids 18 years and younger inside our city limits lives in poverty. Statewide, the rate is one in four. Nationwide, it's one in five.
The recession spiked poverty nationwide, but the surge went deeper here.
As the government cut cash assistance, federal grant money and child support subsidies, the safety net that once caught Arizona families frayed.
The situation in Tucson was aggravated by our job market, which is dominated by a service industry that pays barely livable wages and often offers only part-time jobs. Compared with the U.S. and state averages, we also have a higher percentage of single-parent households, which are more likely to be strapped for money.
More than half of the babies born in Arizona this year have mothers who qualify for Medicaid, the government health-care program for the poorest Arizonans.
As a region we've made political decisions to bypass economic opportunities.
Our proximity to Phoenix impedes our chances with companies looking to relocate to Arizona. Phoenix has a more thriving nightlife, wealthier arts scene, better infrastructure, professional sports teams, more skilled labor and a larger airport.
The percentage of children who qualify for free or reduced-price lunch in the Tucson Unified School District jumped from 57 percent in 2006 to the current 71 percent, well above the state average of 59 percent. In some low-income schools, 60 percent of the student body is transient, either leaving or enrolling after the first day of the academic year.
A large federal safety net of Social Security and Medicare helps senior citizens. But with the exception of food stamps, it's mainly up to states to take care of children - and that support is falling short, particularly in Arizona. Not only is the state getting less federal money to help needy residents, but it's diverting funds away from directly addressing poverty.
Growing up poor dims kids' chances of success as adults. Add chaotic living conditions to the mix and the odds for some get even worse. Unstable housing, spotty school attendance and limited access to nutritious food and medical care increase the chances kids will grow up to be unemployed, unhealthy and in trouble with the law - in short, the responsibility of taxpayers.
The problem is complex, and solving it will take all of us working together. In many ways, we chose this destiny through a series of missed opportunities, says former Mayor George Miller.
Miller says a lack of community cooperation has consistently hindered Tucson's economic success. In one recent example, the city's waffling and infighting made Grand Canyon University decide to look elsewhere for a place to put its new campus - and 1,000 new jobs - that would have replaced the city's money-losing Trina Alvarez El Rio Golf Course.
"There always seems to be a group of people in Tucson who want to stop any growth regarding business," MIller says. "Then we end up with a city of low wages... We go backwards instead of forward."
Chaos
Poverty is not inherently bad for children. Plenty of poor families live in modest but stable homes led by parents who give their kids structure and a sense of security.
But far too many children living in poverty also live in chaos. They keep their belongings in a pillowcase, always ready for the next move. They live with one parent, who may bring home partner after partner. They might witness drug abuse or endure neglect.
Poor children are nearly seven times more likely to suffer abuse and neglect, and two times more likely to experience violent crimes, including death, the Phoenix-based Children's Action Alliance says.
Poor males are twice as likely to be arrested, and poor females are six times as likely to bear a child out of wedlock before the age of 21.
The American Academy of Pediatrics now calls poverty one of the greatest threats to children's health.
Severe and chronic trauma, such as living with an alcoholic parent or witnessing domestic violence, causes toxic stress in children. Stress can damage young brains, says John Medina, a molecular biologist in Washington state who studies brain development.
He says when trauma launches kids into flight, fight or fright mode, it is physiologically impossible for them to learn.
"The single greatest predictor of academic success," Medina says, "is emotional stability in the home."
New type of poverty
When President Lyndon B. Johnson fought his War on Poverty in the 1960s, many of the roads to prosperity were blocked for women and minorities.
Laws changed that. But a new kind of poverty has emerged.
"In the '60s they got legal justice. We need economic justice," says Tucson Mayor Jonathan Rothschild.
Poverty is a puzzle, and its pieces include 21st-century economic and societal forces like the collapse of the housing market, the decline of nuclear families and a shifting ethos in how businesses compensate employees. In 1965 CEOs in the U.S. made 20 times more than rank-and-file workers. The gap in 2012 was 273-to-one.
In Arizona, more than 6,000 children in low-income working families are on a waiting list for help with child-care costs that often are as high as rent payments. A waiting list for federal housing assistance is 10,000 names long - and would be longer except that it's frozen.
The U.S Census Bureau's last American Community Survey, based on 2011 data, ranked Tucson as the nation's sixth-poorest major metropolitan area. Local leaders and pundits have been quick to poke holes in that claim, saying the methodology was flawed and the rankings ignore the economic diversity of an area. But the arguments miss the big picture.
"The ranking might be a little distorted, but that is beside the point," Pima County Administrator Chuck Huckelberry says. "The point is, why do we have poverty?"
Las reporteras Patty Machelor, Carli Brosseau y Emily Bregel contribuyeron a este reportaje.
Contacta a Stephanie Innes en sinnes@azstarnet.com o al 573-4134.
Datos del reportaje
Esta investigación fue impulsada por un informe de la Oficina del Censo de Estados Unidos que indica que Tucsón, con más de 1 de cada 5 personas viviendo en la pobreza, ocupa el sexto lugar en pobreza entre las áreas metropolitanas importantes de la nación.
Los críticos dicen que el informe, basado en la Encuesta de la Comunidad Americana del 2011, es errónea, ya que no tiene en cuenta la demografía única de Tucsón.
Pero el enfocarnos en los datos de diversas maneras nos revela una verdad coherente e indiscutible: Demasiados tucsonenses son pobres, y los niños están en la peor situación.
En el Arizona Daily Star, cada día de la semana anterior se examinó una de las causas de la pobreza y las posibles soluciones.
En esta edición: ¿Por qué tenemos pobreza? Las mayores exigencias económicas han derivado en que menos personas pobres estén recibiendo asistencia social.
próxima semana: Tucsón es un pueblo pobre, pero la pobreza se puede superar. Historias de algunas personas que han superado este mal.
23 de Agosto: Sembrando las semillas para combatir la pobreza: fomentar la lectura es un gran paso, afirma el Alcalde de Tucsón.
Retrato de la Pobreza
• Arizona es uno de los estados más pobres, no sólo de acuerdo a la medición tradicional de la pobreza que realiza el Censo de EU, sino también considerando los pagos del gobierno y el costo de vida.
• Alrededor de 23 mil niños en el Condado Pima tiene a uno de sus padres en prisión o en libertad condicional.
• Más de la mitad de los niños de Tucsón -el 52 por ciento- vive en familias encabezadas sólo por uno de los padres, muy por encima del promedio nacional de 35 por ciento.
• Los salarios en Tucsón están por debajo del promedio nacional, pero el costo de vida en la ciudad no es proporcionalmete inferior.
• La cifra de residentes del Condado Pima que reciben estampillas para comida se ha duplicado en los últimos seis años.
• El área metropolitana de Tucsón incluye dos reservas indígenas, la cuales tienen altas tasas de desempleo.
• Tanto la ciudad como el condado reciben entre una cuarta parte a una tercera parte menos en fondos federales destinados a ayudar a las familias más necesitadas de lo que recibían en el año 2001.
• Casi 20 mil niños han dejado de beneficiarse de los subsidios estatales para su cuidado desde el 2009.
• La recesión económica hizo que la vivienda a precios accesibles fuese más difícil de conseguir, ya que los embargos hipotecarios dispararon la demanda de apartamentos.
• Más de un tercio de los nuevos empleos en Tucsón desde el 2009 han sido trabajos temporales.
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